HTML: un proyecto que desafía al futuro    

Por Lucas González . Fotos: María Singla

En su primer disco, Marina Saporiti condensa su pasión por las artes visuales y la música.

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Marina Saporiti no puede ver el futuro, pero se lo imagina. Cual pitonisa, proyecta. Sabe que este año sacará otro álbum. Es una certeza, no un deseo. Lo cuenta y el rostro se le ilumina. Las palabras transmiten el entusiasmo hacia el resto del cuerpo, que responde con gestos y expresiones de felicidad, los mismos que entregó hace instantes en la sesión de fotos. “Va a estar buenísimo”, augura la persona detrás de HTML, el inclasificable proyecto que debutó discográficamente con 17 (2017), la pieza que completa un rompecabezas que excede ampliamente los márgenes de la música.

Coproducido artísticamente junto a Julián Ares, de Nidos, la obra implicó todo un año entero de trabajo, de edición, armado y grabación. “Está bueno que el productor no quiera pisar al artista ni imponer su propia visión. Tiene que escuchar y meterse en el lenguaje que habla el músico -opina-. Me imagino un proceso similar para el próximo. Sin ser una obsesiva, me gusta mucho sumergirme y me ceba meterme en esa peli”.

Además de su amigo Ares, el quien también se involucró aunque en menor medida, fue su hermano, Alejandro, conocido en la escena por su álter ego Bröder. “Participó en varias sesiones. Capaz grababa una viola o tiraba un arreglo. Pero más que nada estuvo en Vocales, cuenta Marina.  51737892_393982714745287_8779740642898083840_nLa canción en cuestión surgió a partir de un “ruidito”. Había algo en una composición que no cuajaba, que pedía ser removido y tratado a parte. “Tomamos eso, lo pusimos en otro proyecto y en dos segundos la teníamos”, explica sobre el track más disruptivo de los seis que integran su ópera prima. “Es distinta, no tiene nada que ver con el resto. Me gusta que tenga ese aire. Es más la indie, la más popera. Igual, en vivo es más rockera”.

Lo llamativo, en este caso, no se queda sólo en la gestación de la placa. La historia de esta piba multifacética es tan o más atractiva que lo que produjo.Nunca me animé siquiera a cantarle a mis seres queridos”, relata ella y se describe como “alta cagona”. Pero todo se disparó cuatro años atrás, cuando volvió de un viaje que le cambió la cabeza.

Su incursión en el mundo del arte, rememora, estuvo más vinculado a una faceta audiovisual. Gracias a esto, configuró un universo de imágenes y videos en su computadora, archivos que la linkeaban hacia algo que todavía no estaba. Un trip que nadie había encarado. Por eso tuvo que ponerle sonido, tachar la inquietud y completar la secuencia.

Antes laburaba para otros grupos generando una identidad. Pero ahora se reúne todo en mi. De pronto, para bien o para mal, empecé a hablar sólo un idioma, que era el mío”, aclara al respecto. Y así, pasó de cero a cien. De la nada a escribir sus primeras canciones, muchas de las cuales o casi todas terminaron en 17, un disco atravesado en parte por Gorillaz, Radiohead y Hot Chips, pero también por “mi hermano y mis amigos. Las cosas vienen de distintos lados, cada uno agarra una partecita y las combina de formas distintas”. Lejos de cualquier tipo de cassette, opina: “No hace falta ser un gran compositor ni saber de música para que la cosa funcione”.

Amparada por esa misma sinceridad, explica que siempre disfrutó de sus temas, ya que no tenía la pretensión de pegarla ni de copar las tiendas digitales. “Todos son muy genuinos“, sostiene. Desde su óptica, cuestiones como la música no deberían ser categorizadas. El verdadero sentido, reflexiona, pasa por si te interpela o no. Y afirma que a lo suyo lo sintetizaron como rock, rock alternativo y hasta techno dub. Pero ella simplifica sin demasiada estridencia ni rodeos, dice que es algo oscuro.

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De igual forma, cuenta que el aspecto lírico es algo distinto, más reflexivo y hasta luminoso por momentos. “No es tanto una una historia concreta, una verdad absoluta o la alta data de la vida. En realidad, va por un lado más sensorial, para que cada uno le ponga el significado que quiera. Tiro oraciones cortitas, que se me vienen a la cabeza en ese momento, y pum”. La letra, al igual que en el caso de Juana Molina, otra de sus referentes, ocupa un lugar más secundario en la composición.

Como jamás tuve una banda ni formé parte de ninguna, fue re difícil armar un mensaje contundente en lo visual y lo sonoro”, recuerda Saporiti, que en 2018 concretó su primera presentación en vivo. “Se convirtió en el año más grande de mi vida. Por primera vez me puse un objetivo muy fuerte y claro en la cabeza, que es muy global, porque involucra muchas cosas. Crecí un montón. Aprendí a los bifes en todos los rubros, pero me encantó”, asegura y revela que “es lo que más me gusta. Me despierto con un hambre de arte que impulsa todos los días,  pensando lo visual hasta el montaje del escenario, baile, coreo, ropa. Todo”. El futuro no está escrito, cierto, pero sí se podría arriesgar que el de HTML no está dentro de ninguno de los géneros conocidos.

 

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