Damián López “El libro es una posibilidad de que la obra trascienda la corporalidad del autor”

Por Marinés Scelta

Reflexiones de un editor rosarino que desde San Juan dirige Elandamio, una apuesta federal y militante por la poesía de calidad.

libros de elandamio

Un andamio, ya sabemos, es un armazón portátil de tablas o planchas y tubos que se levanta provisionalmente, adosado siempre a algo, para sostenerse, que permite alcanzar lugares altos y así, poder trabajar en una construcción o reparación. Algo de esto debe haber imaginado Damián López entre lo autoral y la inalcanzable edición. Algo así es lo que ha conseguido.

López nació en Rosario, pero vive en San Juan. Es licenciado en Letras, pero suele dedicarse a la docencia. Es escritor, pero su nombre se asocia directamente con la edición. Desde hace algo más de una década es el responsable de Elandamio, la editorial que ha publicado a los poetas locales y de la región.

***

¿Cómo surge la editorial y por qué hablamos de “Elandamio”?

La editorial surge como una respuesta a una imposibilidad económica. En 2007, mi esposa tenía un libro para publicar, yo estaba más o menos por el mismo camino, pero en nuestra realidad familiar (recién casados, un hijo de 6 meses) no cabía el gasto que representaba la publicación de un libro. San Juan ofrecía pocas alternativas editoriales (todas pagadas por el autor) y los canales de comunicación con editoriales de Buenos Aires no eran tan fluidos como ahora. Con los concursos nunca me llevé muy bien, así que nos iban quedando pocas opciones. En ese momento tomamos contacto con dos poetas sanjuaninos que se autoeditaban: Victor Nobre y Pepe Campus. Ellos nos enseñaron, desinteresadamente, las técnicas que empleaban para fabricar sus libros, y nosotros las incorporamos y adaptamos a nuestros recursos y posibilidades. A partir de ese momento empezamos a trabajar, repensando el libro como soporte y buscando el mejor formato. En marzo de 2007 salió Fantasmas en el espejo de Adriana Luna y en noviembre, ya con otro formato,  mi libro La otra cara de la almohada. A partir de ahí, me quedó el gusto por la fabricación de libros, así que me puse en contacto con escritores amigos que andaban en la misma situación: obras muy buenas que no circulaban por razones estrictamente monetarias. En ese proceso se formó uno de los pilares fundamentales de la editorial: la gratuidad hacia el autor. También nació el nombre: el libro no puede ser considerado un “certificado de escritor”, algo a lo que sólo pueden acceder los que lo pueden pagar. El libro es una posibilidad de que la obra trascienda la corporalidad del autor, una herramienta necesaria, no un objetivo: el libro no es el edificio, el libro es el andamio. damián lópez

¿Cuántas obras llevan publicadas hasta ahora y qué te parece que las agrupa?

Desde 2007 a 2016 (la etapa artesanal) publiqué unos 30 títulos de poesía, narrativa y humor gráfico. El crecimiento de la editorial tuvo sus consecuencias: trabajar en todos los aspectos de la producción (cortar cartón, pintarlo, dejarlo secar, imprimir los interiores, cortarlos, encuadernarlos) requería un espacio físico que yo no tenía y que interfería con la vida familiar. Al mismo tiempo, el trabajo rentado (como editor en la Universidad Nacional de San Juan, docente universitario y coordinador de talleres) fue creciendo y mejorando. No había forma de sostener un volumen de producción lo suficientemente alto como para distribuir los libros: estaba siendo muy injusto con los autores que me habían confiado su obra. Entonces, en 2016, tuve que tomar una decisión: dejar de editar o buscar una nueva forma. Gracias a mi nueva realidad laboral pude empezar a destinar fondos fijos a la publicación, y gracias a toda la experiencia adquirida en la UNSJ (en cuestiones de diseño y contacto con imprentas) elandamio ahora tiene una nueva forma: los libros se imprimen en Buenos Aires, con un concepto visual claro, un formato fijo, en tiradas de 100 ejemplares con reimpresiones programadas, cuando son necesarias. En este nuevo formato, los libros se agrupan en series de 10 títulos, y son exclusivamente de poesía. El concepto que agrupa las obras está tomado de la Lección Inaugural, de Roland Barthes: la literatura es la única posibilidad que tenemos de subvertir las estructuras hegemónicas del lenguaje. Esa es la imagen más democrática de literatura que conozco, la que me permite reunir estéticas diversas, que tienen un punto de encuentro en su preocupación por el lenguaje.

¿Cuáles son los títulos publicados en 2018? ¿Existe frecuencia de publicación?

El primer impulso (Fernanda Maciorowski, Puerto Madryn), Un ojo aplastado (Lorenzo Gomez Oviedo, San Juan), El amanecer de los muertos (Eugenia di Paola, San Juan), Poemas (Carlos Guido Escudero, San Juan), El Gran Capitán (Valeria Zurano, Buenos Aires) y La Esperatriz (Débora Benacot, Mendoza). La primera mitad del año está generalmente abocada al contacto con los autores, al ir y venir de la obra, buscando que alcance su mejor versión (trato de leer concienzudamente, y de que los autores entiendan que parte del trabajo de editor es ser un lector crítico de la obra) y al diseño de los libros.

¿Cuál dirías que es el sello distintivo de la editorial?

Casi siempre, los que ven los libros destacan la coherencia de la propuesta visual, y los que los leen, valoran mucho su contenido, la calidad de las obras y su diversidad estética. Pero eso es algo que yo puedo ver en muchas editoriales.

Creo que, si pudiera elegirlo, quisiera que lo distintivo de la editorial fuera la apuesta por la construcción de un catálogo de autores que tienen una obra muy trabajada, autores que son conscientes de su oficio, de la materia prima con la que están trabajando, pero que no circulan por otros circuitos, a veces solamente porque no viven en los grandes centros urbanos y editoriales del país (Bahía Blanca, Buenos Aires, Rosario y Córdoba).
Y ese compromiso tiene dos caras, porque genera mucha alegría en los autores, que encuentran en la editorial un espacio que los contiene pero que los interpela, y en muchos lectores, que se encuentran con propuestas distintas, con autores muy cuidadosos de su voz poética. Pero también es una obligación de salir a militar cada libro, cada venta, porque no hay un autor “estrella” que atraiga, un “lugar seguro” como pueden tener muchas otras editoriales. Ya sea en el rescate de voces un poco caídas del mapa, como la de Carlos Guido Escudero o Victor Hugo Cúneo, o con autores que publican su primera obra, la idea es la misma: poner a disposición de los lectores poesía de alta calidad pero que tal vez no encontrarían en otros espacios.

libro-de-damián-lópez-e1548070572372.jpg¿Cómo encontramos a elandamio?

En cuanto la editorial tomó un poco de forma y tuvo un catálogo un poco más suculento, apareció la inquietud, con otra gente, de traer a San Juan el formato FLIA: así nació la Feria Guón, que después mutó en la Mansa Feria del Libro y la Cultura Independiente, que tuvo 6 ediciones entre 2010 y 2017, y que en 2018 no se hizo porque los organizadores (el músico, actor y escritor Fabricio Montilla y yo) estamos muy abocados a nuestros proyectos personales. Con la Mansa logramos traer a San Juan a La Coop, un grupo de editoriales que, de otra forma, nunca se hubieran conocido acá.

Participé en varias ediciones de la Feria del Libro de Mendoza, y en otros espacios donde fui invitado. También he visitado escuelas y doy talleres de encuadernación y montaje de pequeñas editoriales. Como soy egresado de Letras y docente de Comunicación, soy un defensor de la necesidad de discursos críticos y espacios de debate para el campo literario y editorial, planteo la necesidad de vincular Cultura y Educación, de enseñar literatura local en los niveles Medio y Superior. Participo donde me dejan, y donde la realidad familiar me lo permite, pero es una militancia permanente, desde el profesionalismo con el que trato de construir cada libro de la editorial, hasta todo lo que digo en redes sociales y cualquier espacio de encuentro al que voy. Ahora, básicamente, estoy llevando adelante el ciclo Todas las voces son una en el fuego, presentaciones de los libros de Elandamio con artistas sonoros invitados y lecturas de poesía de autores amigos.

¿Qué desafíos te parece que tiene la edición en San Juan y en Argentina?

Como materialidad, los costos se nos están disparando casi a diario, como parte de una crisis económica generalizada. Sostener un proyecto editorial cuando los precios suben semana a semana es un desafío, porque la gente piensa mucho antes de comprar, incluso los lectores más frecuentes, los que ya tienen incorporada la inversión, sobre todo cuando se trata de un libro de poesía de un autor desconocido.

En San Juan la lógica es la misma, pero con el agravante demográfico: simplemente somos muchos menos. Y creo que hay otro tema: nosotros luchamos contra gigantes. No solo las corporaciones, que apoyan con un aparato mediático enorme una escritura banalizada y de evasión, sino contra un Estado que apunta a construir una ciudadanía cada vez más despegada del arte, del pensamiento crítico, de un espíritu cuestionador. En ese contexto económico y político, vender libros de poesía, de esa poesía que te desarma, que te pone de frente a tu propia humanidad, es casi una locura, una utopía. Pero aquí estamos, porque esta es nuestra forma de resistir.

¿Cuál es la importancia hoy del libro papel frente a los avances tecnológicos?

Para mí, el libro es un artefacto perfecto. Me lo demuestra el hecho de que no ha necesitado cambiar en dos milenios, y si lo ha hecho ha sido por la avaricia de los capitalistas. El libro, el paso del rollo continuo a la página, está en la raíz misma de nuestra manera de construir el conocimiento y el discurso. Por eso siento que, en cierto sentido, hay avances que son una regresión, como el scroll en las páginas web. En ese sentido, a la tecnología no le queda otra que seguir emulando al libro. Por supuesto que hay beneficios, pero no sé hasta qué punto. Es cierto que yo tengo una cuestión fetiche con el libro en papel, pero no es una cuestión sin fundamentos, de puro porfiado: el libro sigue funcionando. Es la vitalidad de lo analógico, la clara evidencia de que no todo es mejor virtualizado.

¿Cómo ves el panorama literario en San Juan y la región? ¿En qué se diferencia de otras provincias? ¿En qué se diferencia de Buenos Aires?

Creo que, como en casi todo el país, la cosa oscila entre la esperanza y el desaliento.
Por un lado, hay un gran culto al sentimentalismo genérico, a ese lirismo vacío y “desde el alma” donde se piensa poco y nada en el lenguaje, y por eso se cae en cuanto lugar común existe. El problema no sería ese, sino su combinación con una necesidad compulsiva de autoproclamarse “poeta”: unas ganas enormes de portar una chapa. Entonces se arman grupos en Facebook, en la vida real, en cafés, gente que se lee y se aplaude, y mide la calidad de una obra supuestamente literaria por su impacto emocional. También hay gente que apuesta a otras cosas, que intenta trascender esa lógica del lenguaje como herramienta transparente de una sentimentalidad exacerbada, para empezar a dialogar con ese dispositivo del que intenta servirse, pero al que apenas puede ganarle algunos rounds. Con esa gente trato de vincularme, y a muchos he tenido la enorme alegría de publicarlos.

Lo que para mí es lo más preocupante es la ausencia casi absoluta de un discurso crítico que pueda proponer vectores de lectura, que intente sistematizar una mirada sobre el campo: no hay reseñas de libros, no hay un periodismo cultural serio, no hay nadie que visibilice la problemática de la falta de vínculos formales de la literatura con los ámbitos educativos, que deja librado a la voluntad de directivos y a la disponibilidad de escritores (que es casi siempre inversamente proporcional a la calidad de su escritura). Un estudiante de Letras puede recibirse sin haber leído un solo verso de poesía sanjuanina, sin saber quiénes fueron Adrián Campillay, Leonardo García Pareja o Andrés de Cara.
Yo intento sostener un espacio virtual, la revista Champa, donde voy volcando lecturas, inquietudes, intenciones de conversar con otros. Es muy difícil lograr adhesión: hay todavía una alta dosis de misticismo alrededor de la poesía.

Honestamente, no me atrevería a decir en qué difiere de otras provincias, aunque por noticias de amigos, creo que es un paradigma que se repite. Y respecto de Buenos Aires, creo que hay una diferencia de contacto: en Buenos Aires hay muchas cosas más cerca: editoriales, encuentros, lecturas, autores. No creo que eso sea en sí mismo un beneficio, porque es muy fácil convertirse en un snob cosmopolita en pose de artista ¿y en qué difiere la pose de artista de vanguardia de la de espíritu sensible? No te niego que ayuda mucho a abrir la cabeza, y que también funciona como un certificado de gente cool acá en el interior: yo tengo la oportunidad de leer cosas que muchos sanjuaninos no ¿Qué voy a hacer? ¿Sacar chapa y hacerme el banana? ¿O intentar socializarlo en la manera que me sea posible?

En definitiva, Buenos Aires es un horizonte en el cual no estoy demasiado interesado. Obvio que me gustaría que mis libros se vendan allá, pero Buenos Aires mira casi exclusivamente a Buenos Aires: sacudir los brazos llamando la atención termina siendo un reconocimiento de su hegemonía. Y yo quiero buena poesía en todas partes, buenos lectores de poesía en todas partes.

 

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