Santiago Esteves: “Hay una doble potencia en la posibilidad de utilizar algo que está pasando en la realidad para construir ficción”

Por Dani Salinas

Se estrenó en salas La educación del Rey, ópera prima del director mendocino, galardonada en el Festival de San Sebastián.

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La historia cuenta la iniciación en la delincuencia de Reynaldo (Matías Encinas). Junto a su hermano Josué (Martín Arrojo) conocen por accidente a Carlos Vargas (Germán De Silva), un ex guardia de camiones de caudales. El policial se gestiona desde la mirada de Rey, y recorre el intento de Carlos de darle otro ejemplo de vida y la necesidad de brindarle herramientas para enfrentar su presente.

Ambientada completamente en Mendoza, el paisaje envuelve a la trama y la modifica: “había un territorio suburbano que linda con la montaña, en el cual se establece una relación muy interesante de centro y de periferia. Tenía muchos elementos que me resultan visualmente muy ricos a la hora de armar el relato”.

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Has dicho en otras entrevistas que te influenció Karate Kid en cuanto a la relación maestro-alumno que genera Carlos con Rey. ¿Cómo se llegó a eso? ¿Había una intención en mostrar este tipo de vínculos?

Las películas no tienen los mismos objetivos, la relación entre Carlos y Rey es muy fuerte. Karate Kid era una película que tenía muy olvidada, creo que para mi generación fue un boomUna vez que filmamos la miniserie, que fue lo que primero hicimos antes de la película, muchos de los que veían las escenas sueltas nos decían “ah, es como el señor Miyagi”. A mí me causaba gracia, qué referencia tan fuerte para algo que no tiene nada que ver.  Una de las primeras cosas que hice después fue volver a ver Karate Kid y lo que me reveló es que está toda contada muy desde el punto de vista de DanielSan, el maestro entraba muy tarde al relato, así que la empecé a reescribir como película. Nuestra historia empezaba con Carlos Vargas, y en algún punto entraba el otro. Sentía que para que la película tuviera un nervio y una tensión más fuerte teníamos que apoyarnos en el chico. Es el personaje que está fresco y que es como una incógnita para la película. Fue una referencia tardía a Karate KidPasa que nuestro modelo era un poco menos Pop en un principio. Mi co-guionista, Juan Manuel Bordón, vino con un borrador de la historia hace un montón, como en el 2014. Era una idea muy atractiva; algo con resonancias míticas y al mismo tiempo actuales. Hay una doble potencia ahí escondida, la de la posibilidad de utilizar algo de lo que está pasando en la realidad pero para construir ficción pura. 

Desde el comienzo la película establece la realidad de Reynaldo, su vida entre la adolescencia y la adultez. Se establece desde entrada la propuesta, en vez de presentarte al protagonista o dar una larga introducción.

En ese sentido, a mí me gusta mucho el cine que avanza de esa forma; más que establecer una situación, te mete en algo sin pedirte mucho permiso. Por ese lado confiaba mucho en el punto de vista de Rey, sentía que te ayuda un poco a entrar en un territorio desconocido, lo mismo que yo quería que le pasara al que mirara la película. De repente estás en un lugar que todo puede salir en cualquier dirección. Fue bastante consciente la elección del punto de vista.

¿Cómo fue el tratamiento del guión? Escribir para televisión es muy diferente a escribir para cine, más con las subtramas que se van generando ¿tuviste que dejar mucho de lado?

Primero escribimos una serie de muchos capítulos de una hora. Después del concurso  (Concurso de ficción federal de la Televisión Digital Abierta), hicimos ocho capítulos de media hora. Había como una idea de arco muy largo que tuvimos que ir acortando. Creo que lo que tenía la serie de interesante era la posibilidad de explorar los distintos puntos de vista, que hacían que uno entrara más en contacto con el mundo en el que se estaba instalando, obligaba a contar detalles de las distintas historias que estaban dentro. Mi modelo en ese sentido era The Wire, que utiliza la construcción de muchos puntos de vista para lograr  contar lo que quiere contar, no hay nada superfluo.

A la hora de hacer una película, muchos de esos matices tuvieron que volar. Si en la película había un corazón era entre las escenas de Carlos y Rey,  pusimos todo en eso. Se perdieron algunas cosas en el camino y se ganaron otras. Las que se ganaron creo que tienen que ver con algo que yo buscaba, como una especie de precisión del relato, de eficacia, que te pusiera siempre la tensión por delante de lo que ibas creyendo que iba a pasar.

El lenguaje es esencial a la hora de narrar una historia como esta y que sea verosímil. 

Hay una frase que se dicen unos personajes de una película de Woody Allen, que es algo así como que lo más importante de todo es que las personas hablen de un modo que la gente se pueda vincular con eso que están diciendo y creer en la verdad de eso que dicen. Muchas veces antes de filmar esta película me he encontrado con productores que me decían “si no tenés un gran presupuesto y estrellas no podes  hacer este género”. Pero la historia del cine está llena de contra-ejemplos. En general no se toma el trabajo sobre los resortes reales del género, que pasan por otro lado.

MV5BYjlhMGRlMDYtNTZlNS00ODcyLTk4ZGQtNTUxNDhiZTE5MWIyXkEyXkFqcGdeQXVyNzgyODY2NDk@._V1_UY268_CR2,0,182,268_AL_En cuanto a los protagonistas, también hace falta hablar de villanos: El Gato Ibañez (Jorge Prado) y el Comisario Ábalos (Marcelo Lacerna)

Fue de las cosas que más me gustaron, en un punto teníamos como  una idea de relato partido en dos y que cada parte tuviera un villano diferente. En la primera mitad, el malo es Marcelo Lacerna, un gran actor mendocino, un personaje brutal que hace el mal porque se le va la mano. Y teníamos la idea de que ese fuera reemplazado por uno mucho más peligroso. El personaje de Jorge Prado, no hace el mal por que sí, sino que hace el mal cuando lo necesita, es mucho más frío.  Y que Rey fuera el responsable en la creación del segundo antagonista. Jorge logra dentro de su personaje tener matices, la capacidad de actuar de distintas maneras según de con qué personaje se encuentra.

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