El tigre en la casa: un continente de gatos

Por Cecilia Cechetto

A casi cien años de su edición original, editorial Sigilo publicó la primera traducción de la historia cultural del gato recopilada por Carl Van Vechten. Al intento del autor de reivindicar su fascinación por los felinos, se suman las bellas ilustraciones de Krysthopher Woods para desentrañar los misterios de un compañero doméstico inmemorial.

ETC1

De la música al teatro, pasando por el ocultismo, las leyes y la poesía, Carl Van Vechten (1880-1964) incursiona en una descripción minuciosa de las mil y una ocurrencias y apariciones del gato en la historia occidental. Como multifacético personaje hijo de su época, Van Vechten fue periodista, crítico de música y literatura, fotógrafo y mecenas de varios artistas. Fue durante los “años locos” de la década del ‘20 cuando, instalado en Nueva York, devino promotor de la “Harlem Renaissance”. Este movimiento significó el surgimiento del blues y la poesía afroamericanos, a quienes el escritor le dedicó su novela El paraíso de los negros, generando polémicas por su título original (Nigger Heaven). Allí también describió con lujo de detalles los días y las noches en los efervescentes cabarets del Harlem. Estuvo casado durante toda su vida con la actriz Fania Marinoff, quien soportó sus costumbres libertinas de dandy diletante y el secreto a voces de su homosexualidad. El departamento de la pareja en la West Fifty-fifth street era bien conocido por las fiestas interminables que se saltaban las prohibiciones de la ley seca y la segregación racial. B5En sus escritos no escatimó quejas sobre la censura de la época y se refirió a ella como “las onerosas obligaciones que impone en estos tiempos Estados Unidos, el país donde un perro sólo puede salir atado a una correa o un bozal y donde a un hombre no se le permite alzar una copa a menos que contenga agua o limonada”. A partir de la década del ‘30, fotografió a las grandes luminarias culturales del mundo: por su lente pasaron Salvador Dalí, Frida Kahlo, Marlon Brando, Orson Wells, Marc Chagall, Truman Capote y la lista sigue, interminable, sumando cerca de diez mil retratos que también capturaron el mejor perfil de las grandes estrellas del jazz. La pintora surrealista argentina Leonor Fini, de quien se dijo que en el SXVII hubiera ardido en la hoguera junto a sus más de 20 gatos, también aceptó ser capturada por la Leica del escritor. En el mismo registro casi inabarcable de producción literaria-informativa sobre los objetos de su obsesión, se encuentra su libro El tigre en la casa donde narra cómo se fueron entretejiendo los lazos de amistad entre la especie gatuna y los seres humanos.

Acá no hay gato encerrado

Con plena conciencia de su fanatismo por los pequeños tigres, Van Vechten comienza su libro sin vueltas y titula Contra el prejuicio popular. De esta manera ensaya una descripción de lo que ya por aquella época parecía ser el boca-river entre los amantes de los perros versus los adoradores de los gatos; y resume ambas idiosincrasias decretando que “los gatos son anarquistas y los perros socialistas”. Con una capacidad de síntesis que le permite reunir y organizar cientos, tal vez miles, de datos, historias, anécdotas y opiniones, el autor propone un extenso paseo no apto para ailurofóbicos.

Como se confesó Wes Anderson, cuya última película Isla de Perros tiene el argumento principal de un complot contra los cánidos. Bien distinta es la historia, descrita en uno de los capítulos por Van Vechten, de las reales y crueles persecuciones sufridas por los felinos: “si los enemigos de los gatos se contentaran con odiarlos nadie tendría ninguna queja, pero al pobre micho se lo ha perseguido tan violentamente como a los cristianos en la antigua Roma o a los judíos en la moderna Polonia”. B6Entre conjuros mágicos, etimologías felinas y la descripción del gatés como idioma digno de atención, el autor desarrolla una oda al gato y a su lugar proletario, mártir y semi-dios en el devenir de los siglos. Establece, por ejemplo, que “el gato es un oriental y todos los gatos son orientales” y que la palabra china “mao” -literalmente “gato”- es por fonética el nombre más lógico para un felino.

Yo adivino el ronroneo

Escribir semejante recopilación le llevó al autor catorce meses. Todo un récord en una época que no contaba con ninguna red social más que la telegrafía. El mismo tiempo que le llevó a su gata Feathers dejar de ser “una bolita parecida a un crisantemo”, crecer y ser madre. De todos modos, Van Vechten intuye que su empresa no iba a poder abarcar las aventuras gatunas por venir en el siglo que recién comenzaba: “Hay tantas historias populares sobre gatos que algún joven emprendedor del futuro podría llenar un gran libro sólo con ellas”.

Krystopher Woods

Cuando el ilustrador Krysthopher Woods entró en contacto con un ejemplar de la obra quedó maravillado e inmediatamente disparó su inspiración: “Si bien en mi trabajo suelo explorar o hacer guiños al mundo felino, es muy distinto cuando te toca ilustrar un texto como el de Van Vechten. Me hizo pensar a los gatos desde otro punto de vista y eso logró abrir más el panorama al que estaba acostumbrado.

¿Te acercaste de alguna manera especial al mundo del autor para poder traducirlo en imágenes?

Pienso que la ilustración aporta mucho desde su carácter de traducción visual. Un dibujo muy simple acompañando a un texto puede llevar al lector hacia distintos lugares emocionales. Para El tigre en la casa traté de respetar el texto de Van Vechten sin que eso me impidiera jugar con las imágenes. Para mi fue como entablar una conversación sobre gatos con el autor, como si él aún estuviese vivo. Su mirada y la mía dialogando constantemente entre letras y grafito.

Boceto Tapa 1

En uno de sus cuentos, la escritora argentina Hebe Uhart señala que “La intuición de la unidad del cosmos que Schopenhauer atribuye al santo y al genio, el gato la tiene sin ninguna necesidad de ascetismo ni de vencerse a sí mismo”. Van Vechten coincide en que a los artistas algo siempre se les escapa a la hora de representar al gato: si apuntan a la gracia y a la sedosidad suelen perderse la fuerza del animal y, por otro lado, el ojo felino encarna la dificultad de captar al mismo tiempo su inocencia y su misterio. Woods reconoce que, luego de dibujarlos cientos de veces, le resulta fácil pero, a su vez, sus representaciones están lejos de ser fieles y tampoco intentan serlo: “cuando terminaba de trabajar en el libro adopté un nuevo gatito atigrado a quien bauticé Carl Van Vechten. Ahora está bastante crecido y es súper independiente. Son raras las ocasiones en que me busca para algo que no sea comida, pero de vez en cuando me acompaña cuando trabajo. Creo que le caigo mejor cuando estoy dibujando”.

El tigre en la casa de Carl Van Vechten e ilustrado por Krystopher Woods.

Editorial Sigilo, 2017

328 páginas.

Anuncios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s