¿Por qué no podemos morir sin antes haber leído la Divina Comedia?

Por Olga M. Durand

Un ensayo introductorio al clásico de Dante Alighieri, que busca volcar la historia por fuera de los márgenes de la Academia.

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Detalle Dante en el exilio (circa 1860). Óleo atribuido a Domenico Peterlini.

¿Cuánto sabe el público lector sobre la obra cumbre de Dante Alighieri? ¿Y cuánto el público en general? Obra de tres instancias bien diferenciadas entre sí, pero interconectadas, la Divina Comedia ha inspirado cientos de pinturas, estudios literarios e históricos, incluso a terminologías relacionadas con la misma: cuando hablamos de lo “dantesco” de un suceso o cosa sabemos, de antemano, hace alusión al espanto y al horror relatados por Dante en primera persona por el paso a su propio Infierno literario. Pero ¿qué hay del resto? ¿El Purgatorio y el Paraíso no son también expresiones dantescas? La incertidumbre, lo sublime; el amor idealizado de una mujer inalcanzable. La pureza del alma reflejada en una concepción teológica, pero al mismo tiempo filosófica. El anhelo incesable por la idea de Dios.

De su autor se sabe bastante, aunque siempre podría ser un poco más. Es acertado afirmar que, tanto la Divina Comedia como, por ejemplo, la Vida Nueva, son expresiones también autobiográficas en las que Dante plasmó gran parte de su vida. Nacido en Florencia, actual Italia, alrededor del 1265, Durante di Alighiero degli Alighieri -su nombre completo, con el cual fue bautizado-, además de haber sido uno de los poetas más importantes de la historia y de haber reflejado el paso literario desde el pensamiento cultural medieval al renacentista -expresado fehacientemente en las artes y la literatura-, fue protagonista de las luchas facciosas de la misma. Estuvo inmerso en la escena política de la época y,  primero fue partidario de los güelfos –

Dyce, William, 1806-1864; Beatrice
Beatrice (1859), por William Dyce

defensores del Papa- por su propio origen familiar, pero luego terminaría por pasarse al bando de los llamados gibelinos -partidarios del Emperador-, producto de las contradicciones que los primeros manifestaban. Incluso cuando los papistas lograron acceder al poder, aquellos conocidos como negros -Dante formaba parte originalmente de otra ala política, la de los blancos-, el poeta estuvo condenado a un vida marcada por el exilio y la persecución política.

Además, no se puede escapar de lo que sería luego la columna vertebral de la obra del autor: su amor por la florentina Beatriz Portinari, a quien conoció a sus escasos nueve años, teniendo ella tan sólo ocho. Este suceso jamás fue olvidado por Dante, que volvió a ver a Beatriz años después, ya casada, y próxima a su joven muerte. De esta forma, “el Poeta Supremo” se encargó de inmortalizar, de diversas maneras, a la persona de Beatriz en sus producciones literarias.

Inferno: un cambio de paradigma

Dentro del cristianismo, la concepción del Infierno ha ido variando a lo largo de la Historia. Las interpretaciones bíblicas y los debates hacia el interior de la Iglesia han sido vastos. Tradicionalmente, existe una visión que dice el Infierno representa aquel lugar donde, se cree, el alma de los pecadores es condenada eternamente. No obstante, esta idea preconcebida no es algo dado desde los orígenes. Para el siglo III, aún dentro de la Antigüedad Clásica, muchos teólogos del cristianismo sostenían una idea de redención posible, a través de la cual las almas pasarían por el Infierno como forma de condena circunstancial, para luego ser finalmente liberadas. Siglos después, dicha concepción sería proclamada como una herejía por parte de la Iglesia. Agustín de Hipona, conocido como San Agustín, fue uno de los primeros en delimitar, a finales del siglo IV y principios del V, a la concepción más clásica del Infierno, descripta anteriormente: un lugar donde las almas, separadas del cuerpo, son condenadas a penas eternas.

Dentro del catolicismo, religión profesada por Dante, han existido choques respecto a qué teología del Infierno es correcto sostener. Con el advenimiento de la Edad Media, la imagen del Infierno agustiniana sería reafirmada con mayor vehemencia, como forma de escarmiento social y de reproducir un temor que impacte directamente en las conciencias, tanto individual como colectivamente. Este debate religioso, sin embargo, perdura hasta la actualidad y sigue generando controversias.

En la Divina Comedia, el poeta comienza su recorrido espiritual por este mismo lugar: el Infierno. En esta primera instancia, el autor nos ofrece una visión definida de la idea medievalista del Infierno. Estéticamente, el Infierno para Dante es una especie de embudo conformado por diferentes círculos, donde acontecen diversos tipos de penas y donde se encuentran diferentes personajes históricos y allegados del propio autor. ¿Qué reconocidos personajes históricos, como se hizo mención anteriormente, podemos encontrar en el Infierno? Entre ellos, por ejemplo, Cleopatra, condenada por Dante por una supuesta promiscuidad, indebida para una mujer bajo los parámetros de su época. Por ello no duda en llamarla “Cleopatra, la lasciva”. También refiere al mismísimo Julio César, símbolo de la tiranía y el despotismo para el poeta.

Infierno por Botticelli
El Infierno (Ca.1480–1495). por Sandro Botticelli

La Divina Comedia no sólo es una obra atravesada por la cuestión espiritual en términos teológicos y filosóficos, sino que también está caracterizada por un alto componente moral que el autor expresa por medio de la elección de ciertas figuras de la Historia. Por otro lado, esta cuestión moral también se ve reflejada en El Infierno pintado por Sandro Botticelli (1480- 1495), a través de la reiterada presencia de banqueros florentinos conocidos por el propio Dante, como forma de condena a la usura, o el hecho de que muchas parejas de amantes se encuentren cumpliendo penas eternas por haber sido adúlteras en vida. Esto es, además, una muestra del acérrimo catolicismo profesado por el poeta, pese a haber sido perseguido por el propio Papa.

Si bien en el Infierno también se encuentran muchos integrantes y referentes de las instituciones eclesiásticas, no existe aún una condena generalizada a la Iglesia, sino a ciertas personas que la componen. Fue recién décadas más tarde en la literatura italiana, cuando un proclamado sentimiento anticlerical terminó por marcar la transición hacia el pensamiento renacentista de la mano de Giovanni Bocaccio en su obra cumbre, el Decamerón, también conocida como Príncipe Galeoto.

No obstante, a pesar de ser el Infierno para Dante un lugar inhóspito, donde las almas condenadas al lamento eterno arden en llamas o nadan en ríos de excremento, no todas las personas que se encuentran allí son propias del rechazo y generan desagrado en el propio autor. Pese a estar plagado de opositores políticos y de hombres y mujeres de “moral dudosa”, Dante “envía” al Infierno, incluso, a muchas personas sumamente admiradas por él. Esto es el resultado directo de una mentalidad religiosa imposible de ser separada de la producción literaria y que la atraviesa en su totalidad. Evidencia de esto es también un detalle fundamental de este recorrido: Dante elige al poeta latino Publio Virgilio Marón para que sea su guía. Sin embargo, al llegar al Purgatorio, Virgilio despide a Dante para regresar a lo profundo del Infierno. ¿Por qué, pese a ser el poeta latino un referente literario que Dante admira y aprecia, éste no puede acompañarlo en su trayecto por el Purgatorio y el Paraíso? En primer lugar, porque Virgilio era, en términos cristianos, un pagano, no había sido bautizado y, por ende, no tenía permitido acceder a “territorio de Dios”. La elección de Virgilio como guía y protector en el Infierno no es aleatoria sino, por el contrario, sumamente deliberada. Como se dijo anteriormente, Dante admiraba al poeta
latino y conocía su obra. Jorge Luis Borges, en un estudio preliminar sobre Dante y la Divina Comedia, comenta sobre la separación de éste y Virgilio una vez llegados al Purgatorio: “(…) Surge Beatriz y desaparece Virgilio porque Virgilio es la razón y Beatriz la fe”. Es una interpretación más que interesante para repensar la cuestión  planteada.

Conozco el fuego del amor pasado: el amor cortés hacia Beatriz

El denominado “amor cortés” es, en rigor, una concepción que hace alusión directa a la manifestación sentimental limitada al ámbito nobiliario durante la Edad Media. Muchos historiadores medievalistas -como George Duby- han estudiado los propósitos y finalidades del concepto decimonónico, muchos de ellos afirmando que es la denominación correcta para referirse a un mecanismo de mera reproducción social de la nobleza, donde los caballeros intentaban “conquistar” a una dama noble por medio de ciertas acciones propias de la galantería.

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Dante y Beatriz (1884) por Henry Holiday

Sin embargo, existe la concepción, más bien filosófica y en sentido abstracto, que pone a la teoría del “amor cortés” en un lugar idealizado, platónico y místico del amor. Es esta última concepción aplica para entender la cuestión del amor por Beatriz como pilar fundamental de la obra de Dante. En un principio, se estableció que,  tanto la Divina Comedia como la Vida Nueva, tienen tintes autobiográficos como complemento esencial de lo literario. En el caso de la primera, esto se encuentra plasmado en las tres instancias que la componen. En este caso, es interesante cómo se ve reflejado en el caso del reencuentro de Dante con Beatriz, una vez llegado al Purgatorio. En el apartado anterior, se hizo mención de la despedida del autor con su guía, Virgilio, para dar paso a su amada. Dicho reencuentro entre almas es descripto por el poeta en el canto número XXX del Purgatorio:

 

Y cuando a mi visión llegó la intensa
virtud, que incluso en mi inocente infancia
abrió en mi corazón la herida inmensa.

Me volví hacia la izquierda con premura,
como lo hace el pequeño hacia su madre
cuando triste se siente o con pavura.

Y le dije a Marón: «No me ha quedado
ni una gota de sangre que no tiemble,
conozco el fuego del amor pasado».

No sólo es posible interpretar a este reencuentro como la concreción abstracta de un amor imposible en vida para Dante, sino también la idea, retomando la afirmación de Borges, de Beatriz como la fe personificada, la virtud por la cual el poeta podría así llegar al mismísimo Dios todopoderoso que anhelaba alcanzar su propia alma literaria. Cabe recordar que Alighieri mantuvo un amor contemplativo hacia aquella niña de ocho años que, años más tarde, con sólo 25 años, moriría dejando en él un vacío irreparable. Su muerte sería relatada trágicamente en la Vida Nueva. Así, podemos dilucidar cómo los escritos del autor se conectan entre sí a través de una línea continua o patrón común. Quizás aquellos dos sucesos claves de esta historia de amor llevaron a Dante a idealizar a la persona de Beatriz a tal punto como se nos presenta en la Divina Comedia.

Domenico Morelli
Dante y Virgilio en el Purgatorio, por Domenico Morelli.

Haciendo hincapié en la idea general que Dante sostiene sobre el amor y sobre la mujer, particularmente, se nota que la obra fue escrita en una etapa de transición de concepciones propiamente medievalistas hacia otras propias del pensamiento renacentista, que impactó de lleno en la literatura del periodo. En consecuencia, el amor no está aquí relacionado con el deseo carnal, es decir, sexual y es puesto en un plano de abstracción platónica que trasciende lo terrenal. En cuanto a la idea de la mujer expresada en el personaje de Beatriz, ésta no deja de ser la de un alma pura e inalcanzable, despojada de pecados, que es objeto de deseo, pero en sentido esencialmente espiritual. Faltarían aquí algunas décadas más para que entren en escena ideas del amor cargadas de erotismo y estrechamente conectadas con las relaciones sexo-afectivas, como también encontramos en aquellas historias que conforman el Decamerón de Bocaccio. La mujer, en este último caso, es ahora propia del deseo sexual de terceros. Los vínculos amorosos entre hombres y mujeres pasan, de esta manera, a un plano terrenal y palpable, materializados generalmente por medio de la relación sexual.

¿Una Comedia para pocos?

Muchos especialistas y críticos literarios evocaN a la Divina Comedia como una obra clave para la literatura universal que, sin embargo, se encuentra limitada a lectores casi eruditos, con cierto nivel de conocimiento previo, producto de la complejidad que ésta presenta. Si bien esto último es real, no hay nada que un estudio introductorio propicio, una traducción pertinente y unas cuantas notas al pie para zanjar dudas, no puedan ayudar a resolver. El estudio introductorio proporcionado por el estudio preliminar de Andrés F. Maldonado nos propone una primera aproximación a la biografía de Dante y una serie de notas a lo largo de la obra que son harto importantes de tener en cuenta para entender de mejor manera la vida y obra de Dante, claro, porque ambas van en paralelo. A modo de advertencia: es, entre otras cosas, un camino de ida dentro del universo literario del cual ningún mortal, si surge la posibilidad, debería privarse.

Dante, condensado en la figura de il Sommo Poeta fue, además, una figura política, un partisano, en términos, valga la redundancia, políticos; en términos actuales, un médico y farmacéutico, así como también un lingüista, tal como demuestra en su ensayo De Vulgari Eloquentia, en el que realiza un estudio exhaustivo de la lengua vernácula, a saber: el latín. Dante conocía con suma destreza la obra de autores latinos como Virgilio. Hombre de vastísima cultura y de conocimientos interminables, fue un estudioso de referentes religiosos como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, así como también del pensador de la Antigua Grecia, Aristóteles.

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Monumento a Dante en Florencia

No dejó de ser un autodidacta hasta el día de su muerte, aun atravesando una durísima realidad en el exilio gran parte de su vida. Como pensador que plasmó importantes ideas teóricas en sus producciones literarias, Dante fue un rupturista y, al mismo tiempo, un referente de época: abriéndole paso a autores que comenzarían a escribir, gracias a él, en italiano, como es el caso tanto de Bocaccio como Petrarca, otros de los principales referentes de la literatura italiana. En términos de Antonio Gramsci -aplicado en un sentido alternativo al proceso histórico-, en la obra de Dante vemos cómo “lo viejo” no termina de morir, mientras que “lo nuevo” no acaba de nacer. ¡Vaya que fue de vital importancia el significativo aporte literario del poeta florentino! Punto de partida y fuente de inspiración para sus sucesores.

Originalmente, la obra compuesta por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso fue titulada por el autor sólo como Comedia. Años después, se le adjudicaría el carácter de Divina, como forma de anticipar lo épico de su desenlace. Ojalá esto represente un disparador posible para tentar a aquellas personas que, por indiferencia, por desconocimiento o por “miedo”, aún no se han introducido al universo dantesco que se encuentra expresado en una de las obras más importantes y reveladoras de la literatura universal de todos los tiempos. En las palabras del mismísimo Karl Marx en El Dieciocho brumario de Luis Bonaparte, éste expresaba tan contundente frase “(…) Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa (…)”: como farsa, o también como comedia, según la traducción. Qué maravilloso sería que toda comedia fuese como la de Dante la cual, a partir de diferentes y diversos sucesos – algunos trágicos, otros de una belleza arrolladora- experimentados por su persona en vida, pudo obtener tan sublime resultado.

Entonces, ¿Por qué no podemos morir sin antes haber conocido y leído a Dante Alighieri? Un placer en vida que debemos “expropiarle” a muchos eruditos propios del ámbito de la literatura y de la Academia. Sólo es cuestión de animarse a cometer semejante osadía.

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