El precio de los cuerpos en Animal

Por María Singla

La  película de Armando Bo protagonizada por Guillermo Francella desnuda una escala mercantil de valores que se impone sobre las intenciones de corrección política de la típica clase media argentina.

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¿Qué nivel de decisión tenemos realmente sobre nuestros cuerpos? La última película de Armando Bo, protagonizada por Guillermo Francella, Carla Peterson, Mercedes de Santis y Federico Salles, pone el foco de lleno en el concepto de “meritocracia” y se cuestiona de manera sutil hasta qué punto trabajar duro es suficiente para tener una buena calidad de vida.

Antonio Dacoud (Guillermo Francella), un gerente de producción en un frigorífico que aparenta haber hecho todo bien en la vida – tiene una hermosa familia y una gran casa en el mejor barrio de Mar del Plata – necesita un riñón para seguir viviendo. Luego de más de dos años en la lista de espera decide salir, por primera vez, del rol de ciudadano ejemplar que parece habérselo engullido. El protagonista ha dicidido hipotecar la seguridad de sus hijos en un rapto de egoismo  y cada movimiento por fuera de lo que se espera de él lo llena de culpa, pero, ¿para qué quiere un muerto una familia feliz?

Antonio se topa, entonces, con Elías Montero (Federico Salles), un indigente que propone venderle un riñón a cambio de una casa. Dos personajes provenientes de dos mundos paralelos conectan a partir de una necesidad específica y de un fenómeno que ya no es emergente pero apenas alcanza popularidad: internet. S1NyRjNJ7_720x0__1La historia transcurre en algún momento de la década pasada, cuando las redes sociales no habían alcanzado el nivel de ubicuidad que tienen hoy. El paso del tiempo desde los 2000 hasta el presente parece ser sutil, hasta que aparece en el monitor de Antonio el blogspot más básico de todos, que reza “vendo riñón por una casa” e impacta. El anuncio es sencillo, no llama la atención. No hay video, ni fotos. No hay ni un rostro ni una voz; en los albores de la internet doméstica el efecto de cercanía que existe ahora no era tal. El tiempo ha humanizado la virtualidad y Antonio se ve obligado a confiar en un texto casi apócrifo, lleno de incertidumbre. 

A partir del primer encuentro, los hombres comienzan una negociación constante. ¿Qué opciones tiene Elías realmente, ahora que su novia (Mercedes de Santis) está embarazada? ¿Qué está dispuesto a sacrificar Antonio para seguir viviendo? Una tensión pasivo-agresiva cruza toda la película: ¿uno es realmente libre para tomar cualquier decisión? ¿Todos somos igual de libres? Antonio, que nació con las herramientas para moverse dentro de la corrección política, reacciona sorprendido ante las exigencias de Elías y Lucy, su novia. No entiende como alguien que sobrevivió siempre desde los márgenes pueda ponerle un precio más alto a su vida que el dinero que pactaron. 1_sq1VAQ03RDRYYrI2Q5ThIwEl padre ejemplar de clase media no sabe cómo estar del otro lado del ejercicio del poder. Al final de cuentas, lo que entra en conflicto no son dos hombres: son dos idiosincrasias diferentes.

El sistema que regula la asignación de órganos está preparado para igualar al pobre y al burgués, para que las reglas del mercado no se impongan sobre las personas. Sin embargo, los cuerpos se compran y se venden y no todos tienen el mismo precio. El debate está instalado entre las feministas hace ya mucho tiempo: el ejercicio de la prostitución y la subrogación de vientres están en la mira. ¿Por qué el cuerpo de algunas mujeres es susceptible a ser mercancía y otros no?GAficheAnimal_ArmandoBo18_film_web El poder económico y de clase se ejerce sobre los más vulnerables -casi siempre mujeres- , que cotizan según la utilidad de sus partes.

Lo mismo sucede con el tráfico de órganos. Antonio puede aceptar que su hijo – que también es compatible – no quiera someterse a la operación, pero Elías es otro cantar, porque atrás del buen ciudadano, el que se esforzó para “ganarse” todo lo que tiene, hay una escala de valores: ni el indigente, ni la prostituta travesti a la que acude buscando segundas opciones valen más que su vida.

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