Incendios: la universalidad de la búsqueda de la identidad

Por Romina Araceli Burgos

La obra escrita por el autor libanés Wajdi Mouawad fue reestrenada en el Complejo Teatral por el director brasileño Aderbal Freire Filho en el marco de la temporada de Teatro Internacional puesto al frente por el Teatro El Galpón, Uruguay.  

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Fotos: Alejandro Persichetti

Incendios es un relato desgarrador con tintes de tragedia griega, tejido a través de tres historias con continuos saltos en el tiempo. Habla sobre el horror de la guerra y los exterminios causados por el fanatismo religioso de cualquier tipo, pero también habla de la importancia de la palabra a la hora de cumplir una inquebrantable promesa de amor.

El texto de Wajdi Mouawad está marcado por situaciones devastadoras: guerras, exilio, pérdidas e injusticias. Incendios es uno de sus títulos más célebres, con decenas de premios, elogiadas producciones alrededor del mundo y un film dirigido por el canadiense Denis Villenueve, nominada al Oscar como mejor película extranjera. La puesta porteña en el Teatro San Martín se encuentra a cargo del director Aderbal Freire Filho.

Nawal, al morir, les deja a sus dos hijos mellizos una misión que cumplir; en la lectura del testamento, dos cartas marcan el inicio de la historia. Una le es entregada a Jeanne, quien a su vez debe entregársela al verdadero destinatario: un hermano mayor perdido hace muchos años cuando su madre era joven. La otra carta cae en las manos de Simón, quien también debe entregarla a quien le pertenece: su padre.

El escenario de la sala Martín Coronado, con una acústica penetrante, luce casi vacío, a excepción de una bicicleta antigua apoyada sobre el suelo, solitaria. En ese momento nadie podría haber imaginado todo lo que sucedería en ese suelo, todos los lugares, climas y momentos que esas tablas podrían sostener.

En el momento en que esas cartas son entregadas a los mellizos, la obra marca el inicio de un camino de búsqueda de la verdad. Una verdad que lleva a los personajes a preguntarse inevitablemente por su verdadera identidad. “¿Quién soy? ¿De donde vengo verdaderamente?” son algunas de las preguntas que invaden a Jeanne y la impulsan a reconstruir la vida de su madre desde su juventud rastreando su pasado, a las personas que la acompañaron y a quienes se cruzó por el camino. La búsqueda implica un viaje con un solo boleto, pero con dos destinos unidos: la tierra natal de su madre en otro continente y un viaje al pasado.

La búsqueda de la identidad  es algo que resulta familiar para los argentinos, si bien se trata de un asunto que va más allá de toda nacionalidad o tierra y que cae como una maldición en la historia de los pueblos. Nawal relata, con dulzura y firmeza al mismo tiempo, cómo le fue arrebatado aquello que le pertenecía y el sometimiento de mujeres sin derechos, condenadas a repetir la misma historia una y otra vez.  Mientras Nawal lo cuenta, de manera casi imperceptible, al espectador lo invade una sensación de reclamar justicia, de querer saber la verdad.

Los hermanos muestran dos caras de una misma moneda; la aceptación y la negación. Jeanne decide ir tras la verdad, asumiendo que no será nada fácil y que el viaje estará teñido de dolor. Simón, en cambio, se refugia en pretextos, en reclamos hacia su madre y se resiste a ir tras su hermana por el mismo camino, hasta que no tiene otra opción. A Simón se le presentan otras piedras en el camino, distintas a las de Jeanne: él tiene una carta destinada a su padre, alguien que no es Nawal. El descubrimiento de la verdad es sin duda el momento más espeluznante e impresionante de toda la obra. En un mismo escenario conviven distintas épocas y continentes.

El tiempo juega entre las puertas corredizas que hacen pasajes constantes entre el pasado y el presente y las luces son las vías de comunicación entre escena y escena y entre una ciudad a otra. “¿Qué es el escenario sino un cuadrado invadido por la imaginación?  Incendios va de un lugar al otro, de un espacio abierto a uno cerrado, de una cultura a otra. Y se desplaza con la misma libertad en el tiempo, en escenas que van y vuelven a lo largo de cincuenta años. Escenas que a veces se mezclan y dialogan“, dijo el director.

Uno de los momentos más conmovedores de la propuesta es el instante en el que la abuela de Nawal se acerca a su nieta y le pide por favor, casi en tono de súplica, que aprenda a escribir. La anciana quería con toda desesperanza que existiera una mujer en la aldea que pueda grabar en la piedra de su tumba su nombre: Nazira. Con los ojitos jóvenes, postrada sobre las rodillas de su abuela, Nawal le hace la promesa, jurando volver con su hijo en brazos y con el puño firme para inmortalizar su nombre. Mientras, la abuela no deja de repetir una y otra vez: “Aprende a escribir, no seas como nosotros, aprende a ser libre, aprende a pensar”

¿Qué es la Historia más que un relato contado de generación en generación? ¿Quiénes son los que la cuentan? ¿existe un destino escrito? Si bien esta crónica está marcada por mucha violencia, es la búsqueda de la paz la que marca los caminos. Una historia que no debe repetirse jamás, que lucha para pertenecer en la memoria y ser utilizada como arma de amor, como un instrumento de justicia entre pueblos, verdugos y víctimas.

Ficha Técnica:

INSTITUCIÓN TEATRAL EL GALPÓN 
Uruguay
Autor: Wajdi Mouawad

Traducción:  Laura Pouso

Elenco: Elizabeth Vignoli Mossián, Héctor Guido, Silvia García, Anael Bazterrica,  Estefanía Acosta, Solange Tenreiro, Federico Guerra, Claudio Lachowicz, Pablo Pípolo, Sebastián Silvera

Gestión y coordinación logística: (EL GALPÓN) Pierino Zorzini

Música:  Tato Taborda

Iluminación: Luiz Paulo Nenem

Vestuario: Antonio Medeiros

Escenografía:  Fernando Mello Da Costa

Dirección: Aderbal Freire-Filho

En colaboración con el Instituto Nacional de Artes Escénicas de Uruguay (INAE)

*Del miércoles 13 al sábado 16 de junio, 20 hs. Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530, CABA.

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