La fiesta del coleccionismo en una nueva edición del arteBA

Por María Singla. Fotos: Zani Golzman

Desde el 23 de mayo hasta el domingo, la feria más grande del país presenta el panorama más completo de la escena contemporánea de las artes visuales

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El predio de La Rural abre sus puertas a la comunidad artística un nuevo año. La feria de galerías más importante de Argentina – y un faro para toda Latinoamérica – vuelve a congregar a los artistas, consumidores, críticos, curadores y gestores de espacios culturales en un evento en el que la producción artística se asume como mercancía. Su génesis se ve afectada y enmarcada dentro de un sistema de mercado más o menos agresivo en cada caso, alejándose de una versión más romántica y bohemia de la praxis creativa. Los diferentes actores de una escena cada vez más específica, discursivamente hablando, convergen en arteBA y marcan la agenda del panorama artístico del país. Además de los sectores dedicados al desarrollo de las diferentes galerías y curadores, la feria cuenta con un foro de discusión en el que, durante cinco días, distintos paneles reflexionan sobre el rol del arte contemporáneo y el coleccionismo. Los niños también están invitados y cuentan con un espacio dedicado a ellos exclusivamente.

Los consagrados

La sección principal de la feria reúne a las galerías consagradas del circuito. Bajo la curaduría de la crítica de artes Ana María Battistozzi y los galeristas Orly Benzacar, Eduardo Brandão (San Pablo), y Sabine Schmidt (Berlín), 29 espacios argentinos (todos porteños salvo la galería Diego Obligado de Rosario) y 23 internacionales reúnen a las figuras fundamentales de la actualidad artística.

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Junto a Battistozzi, los curadores Patrick Charpenel (México/ Estados Unidos) y João Fernandes (España) seleccionaron una serie de “rescates” de artistas contemporáneos ya consagrados en una serie de cabinets, stands específicos que se desprenden de los espacios de las galerías e impulsan la investigación y difusión del trabajo de estos creadores insignia. La galería Maman, por ejemplo, exhibe una muestra sobre desarrollo de la teoría del color de Raúl Loza, uno de los mayores exponentes de la generación del ‘40. Aldo de Sousa, por otro lado, reivindica en su cabinet a la obra de abstracción geométrica de Jorge Lezama, entre otras 17 propuestas.

Otro de los desprendimientos de la sección principal de la feria son las diez galerías jóvenes seleccionadas para ocupar el espacio Stage. Con menos de cinco años de antigüedad cada uno, estos espacios buscan consagrarse como el ámbito legitimador de las nuevas generaciones de artistas plásticos.

Barrio joven

Dentro del recorrido alternativo de la feria se encuentra el territorio de las nuevas generaciones y proyectos emergentes, curado por Miguel Ángel López (Perú) y Santiago Villanueva. Más de quince espacios de todo el país, Perú, Colombia, Puerto Rico Chile y Brasil presentan obras en su mayoría interdisciplinares, que han sido creadas en contextos más fronterizos dentro del territorio de mercado artístico. Los expositores, además de impulsar a creadores jóvenes, nuevos exponentes de la contemporaneidad, presentan modelos de gestión alternativa y proponen nuevos caminos de revitalización de la escena.

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El Premio en Obra, un reconocimiento otorgado desde hace diez años, destacó la obra de Nina Kovensky, emplazada por la galería cordobesa El Gran Vidrio y la de Fátima Pecci Carou, bajo la gestión de la porteña Piedras. Cada una recibirá un premio de 80 mil pesos, un fondo recaudado a través de donaciones anónimas de coleccionistas.

U-Turn Project

Si bien arteBA es una feria que expresa la idiosincrasia porteña, la ciudad -y también sus artistas-  se nutre del diálogo con otros territorios y propuestas. La curadora mexicana Magalí Arriola hizo una selección de obras de exposiciones de unas 14 galerías de todo el mundo y propuso generar a partir de ellas un recorrido revestido de una pátina extra de significación, un “camino sin retorno”, que descontextualiza la obra de su ciudad y su espacio particular y la ensambla en una geografía global y una narrativa curatorial específica.

Solo show

Otro de los protagonistas curatoriales de la feria fue el proyecto Solo Show, en el que el venezolano José Luis Blondet seleccionó nueve artistas latinoamericanos (esta vez no incluyó argentinos) para organizar una muestra en torno al libro de Aldo Pellegrini Para contribuir a la confusión general, de 1965. En él el autor santafesino compiló una serie de ensayos y artículos en los que proponía enarbolar el caos como respuesta al orden.

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Blondet, entonces, generó una muestra a partir del concepto de confusión general, del caos como herramienta de resistencia. Y no cualquier caos: una versión regional, confusión puramente latina.

Puesta en acción

La novedad de este año fue sin duda el Performance box, un espacio dedicado a transitar la interdisciplinariedad, que se consolida cada vez más en la escena artística contemporánea. Curada por Rodrigo Alonso, la nueva propuesta es proyectar videos de performances e intervenciones de movimiento pensadas para ser grabadas, además de piezas en vivo. El espacio, que surgió originalmente de la Bienal de Performance BP.17, cuenta con los trabajos de 10 artistas, que son representados o proyectados varias veces durante los cinco días en los que dura la feria.

Apropiación de  los espacios

Bajo la curaduría de Alejandra Aguada y por primera vez, el programa Zoom propone conjugar piezas de Tomás Saraceno y de Gyula Kosice en la geografía misma de arteBA. Preparadas para conquistar lo espacial, las intervenciones site specific se vuelcan sobre las tres dimensiones y se expanden.

Choque discursivo

El último de los espacios propuestos por arteBA es la Isla de Ediciones, en donde el discurso visual choca y converge con lo puramente visual.  A través de una selección de editoriales especializadas en arte, la feria reivindica las reflexiones propias del texto escrito y el aparato legitimador que implica.

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Un ejemplo de esto es la muestra Fugas en papel, que exhibe en el el extremo de la feria, casi del otro lado de sus fronteras, tapas de fanzines históricos, creados desde 1973 hasta la actualidad. El fanzine, como medio de comunicación de la resistencia a los cánones sociales, sexuales e intelectuales, se desarrolló en una periferia lejana a las grandes instituciones del arte argentinas y del resto del mundo, que ahora lo cooptan y lo incluyen dentro de su circuito abiertamente mercantilista.

arteBA es una visita ineludible para aquellos interesados en conocer en profundidad el arte del momento, sobre todo si se piensa en términos de coleccionismo. Sin embargo, no es una geografía apta para neófitos.

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