Valles: “los discos son fotos del momento”

Por Dante Fernández Fotos: Eloy Rodríguez Tale

La banda porteña propone un sonido ecléctico, compuesto de cuatro guitarras. Ya se  encuentra publicado el single Sara, un adelanto de su segundo disco Trance de los suburbios

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Como varios ríos que confluyen en un particular accidente geográfico, cada uno trayendo consigo un bagaje de historias, elementos, personalidades y longevidades diversas. Valles va en pos del mar, guiados por la música que les marca el camino siempre unos pasos delante de ellos. Definido por Pablo Sánchez Rial (bajo y coros) como una “orquesta de guitarras”, el grupo se formó cuando él, Pipa Mclean (guitarra y voz) y Leandro Boné (guitarra y voz) poco antes de producir y grabar primer disco homónimo de la banda en 2015.

Yendo en contra de los designios que dicen que cuatro guitarras en una banda de rock tradicional resulta una exageración, en Valles estas se comunican y relacionan de manera consecuente en armonías risueñas, con melodías suaves, cálidas y accesibles al oído. La propuesta del ensamble viaja por cuadros folk y western, sin alejarse del indie rock/pop. La justa distribución de las intensidades y participaciones de cada músico, en especial desde las cuatro guitarras, le permiten a Valles transmitir un sonido compacto, sólido y reconfortante, tanto en vivo como en el disco.

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Con menos de tres años de historia y con algunos cambios de integrantes en el camino,  (la formación actual incluye a Diego Pérez Arango en batería, Lucía Della Valle en percusión y coros, Juan Pablo Díaz y Quillén Muñiz en guitarras) Valles sigue en busca de su identidad como banda. Consolidados con la actual formación, esperan que el lanzamiento de Trance de los suburbios, su segundo disco, les marque el camino a seguir.

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-¿Qué trae consigo la nueva placa?

Mclean: Es distinto en todos los aspectos al primer disco, que tiene mucha influencia folk, con temas más tranquilos y en el que nos dimos la libertad de hacer lo que queríamos. Ahora, la premisa fue hacer un disco más arriba, un poco más rockero y soulero. Más negro.

Boné: Es como un hijo que tuvieron Marc Boland y Dr. John. La composición desde el estudio también fue diferente. Comenzamos a trabajar desde lo rítmico, en base a sampleos de baterías, que en definitiva es lo que te pone a bailar. Muy pocas canciones nacieron desde las cuerdas, aunque siempre tuvimos presente esa orquesta de guitarras.

M: Si no lo encarabamos así, tal vez corríamos el riesgo de caer en los mismos lugares. Siendo cuatro guitarras, siempre tratamos de no ser demasiado redundantes.

-Teniendo en cuenta que en el primer disco manejaron una mecánica de producción tripartita, en este disco ¿tuvieron lugar para participar los otros integrantes?

B: Cuando me llamaron para producir el primer disco no había plan de nada, ni armar una banda. Con el producto final en mano, me propusieron sumarme, llamamos a los músicos y construimos la banda. Una vez que salimos a tocar, todo tomó otra identidad. Entonces, a la hora de producir este disco, no íbamos a encerrarnos otra vez los tres. Teniendo una identidad de banda, experimentamos hacer un disco con lo que está pasando ahora, porque los discos son fotos del momento. Terminó siendo una composición cooperativa, más allá de quién sea el que arme la música o traiga las canciones, cada uno aportó ideas y cosas desde su instrumento.

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Sánchez Rial– Las canciones también salieron de forma natural, fluyeron. Es algo particular de Valles en ese sentido, rompemos cosas, pero de una forma orgánica, muy propia.

Diego Pérez Arango, (baterista): Rompemos y lo volvemos a pegar, como con los jarrones japoneses, que se rompen y se pegan con oro, y así, terminan siendo mucho más bellos que en su forma original. Además, nos proponemos desestructurar la canción de su formato clásico.

-Entonces, ¿Trance de los Suburbios ya está listo para publicarse?

M: Sí, sale antes de mayo. El arte de tapa está listo, así como toda la postproducción. Lo único que resta es hacer unos video-lyrics para subirlos como complemento para YouTube.

-El hecho que hayan producido un disco antes de formar la banda es bastante inusual. ¿Qué efecto tuvo sobre la formación y crecimiento del proyecto?

SR: La premisa de Valles siempre fue que la música mande. Nos genera las direcciones para donde tenemos que movernos. Teníamos esos temas, eso nos llevó a grabar, creció la música y nos vimos en la necesidad de juntar a los músicos y armar el proyecto. En el segundo disco se dió también así, la música fue adelante. Que nos dé y le devolvamos a ella todo el tiempo.

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M:– Desde un principio no tuvimos el camino más natural que suelen tener las bandas, que pasan cuatro o cinco años antes de grabar su primer disco. La música siempre está más adelante que nosotros y tenemos que estar adaptándonos y poniéndonos a la altura de ella.

SR: Cuando terminamos de grabar el primer disco dijimos: “no tenemos banda”, y, además, habíamos grabado veinte mil guitarras y no teníamos guitarristas. Ahí terminamos con cuatro, creando parte de la identidad de la banda. Ahora, conceptualmente, laburamos sabiendo que instrumentos iban a estar en el disco, pensando en los arreglos de cada uno.

-Entorno a la presentación de Trance de los suburbios, ¿como ven a Valles en el futuro corto?, sea giras o fechas

B: Queremos conquistar el mundo. La base de hacer música es tratar de llevarla a la mayor cantidad de personas y lugares posibles. Y viajar con la música es una de las cosas más reconfortantes que existen.

SR: Ahora hay que pasar a la siguiente etapa que es la difusión, tirar líneas para donde podamos. Acá ya conocemos el circuito, y la idea es mover contactos en Córdoba, de dónde vengo, y Uruguay, de donde vienen Leandro y Lucia Della Valle -percusión y coros-, para difundir el disco.

-Entrando en el tema de la difusión, que es algo fundamental en el mercado, sea independiente o co-dependiente/ mainstream, ¿cómo ven la posición de los proyectos emergentes dentro de la gran red de sobreinformación en la que están sumergidos todos?

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M: Si entras solamente en Spotify e investigas la cantidad de música que hay en el mundo da miedo. Ahí te das cuenta que lo mucho que estabas escuchando no era ni la décima parte del circuito o de la oferta que hay.

SR: Que el disco quede en esa nube de la nada y el todo, que nadie lo escuche porque hay tanta data, no le sirve a nadie. Ahí es donde el músico no puede hacer nada y entran en escena los sellos y discográficas, con la que aún no contamos.

Parte de ganarle a esa marea de información es salir a las salas de la ciudad, ver bandas que no conoces y llevarte sorpresas, buenas o malas.

PA: Cuando pasan esas cosas está buenísimo. Eso quiere decir que no todo está perdido, a pesar de que hay tanta sobrecarga de información y no tenes un tiempo vital para escuchar todo lo que el capitalismo te ofrece, a veces, pasan esas cosas. Por suerte vas a ver una banda, sin tener ni puta idea de donde salió y algo te produjo.

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