La opinión pública en tela de juicio en Un enemigo del pueblo

Por Romina Araceli Burgos

Una vez más se presenta en los escenarios porteños la polémica obra del dramaturgo noruego Henrik Ibsen, bajo la adaptación y dirección de Lisandro Fiks sobre las tablas del Teatro Regio

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Una exquisita pieza teatral que pone en confrontación a dos bandos. En la adaptación de Lisandro Fiks del clásico de Henry Ibsen Un enemigo del pueblo se enfrentan, por un lado, lo “debidamente correcto”,  que va de la mano con la ética y la moral. De la vereda del frente están las apariencias teñidas por los intereses más íntimos y ambiciosos.

El conflicto de esta historia inicia cuando un informe comprueba que las aguas termales del pueblo están completamente contaminadas. Dos hermanos, un científico y un político encarnan la dualidad de estos profundos dilemas humanos. “En esta puesta  del 2018 me propuse rescatar lo que Ibsen se planteaba en 1882: no un enfrentamiento entre buenos y malos, sino entre seres humanos, con sus contradicciones, sus miserias y sus virtudes”, dijo Fiks.

La corriente que comúnmente se denomina realismo logró representar la realidad tal cual es lo mejor posible. Es un género expandido y consumido principalmente por la clase burguesa en el siglo XIX para reflejar, sobre el espejo del escenario, a sí mismos. El realismo produce efectos y momentos de tensión, como ocurre en Un enemigo del pueblo, que llevan al espectador a sentir que en cualquier momento la situación puede extralimitarse. Los conflictos son aquí y ahora, cruce de palabras y entre seres humanos reales y cotidianos.

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Como es propio de este tipo de puestas, el escenario es recreado con elementos de la vida cotidiana, en su exacto uso y ubicación. Completamente equipada con armoniosas alacenas que combinan con las puertas, la canilla de agua corriente, un bajo mesada moderno y una mesa  muestran una cocina que puede ser vista en cualquier hogar. Sobre la mesa se encuentra el clásico tazón de frutas frescas de estación (mandarinas, en este caso), un interesante detalle del director, que brinda al espectador la sensación de un cálido y tradicional hogar de una típica familia argentina. La sala de living con un enorme ventanal de fondo es iluminada sutilmente en sus extremos. Una puerta traza un límite importante entre un “adentro y afuera”, un recurso muy utilizado por los actores. La oficina de Ibsen es adaptada a lo que puede ser un despacho en Buenos Aires.

Lo que la forma de representación realista ha logrado es brindar un mensaje: lo que el espectador ve es una situación que puede llegar a ocurrir en cualquier hogar, a cualquiera. Cada persona del público es un infiltrado que espía la vida íntima y conflictiva de los personajes. Fiks logra desarrollar los conflictos, por momentos tan tensos, de manera que el mismo espectador se queda asombrado por lo que acontece, con la sensación incómoda de estar en un lugar por equivocación, siendo testigo de algo que no convendría observar del todo. Sin embargo, los personajes se desnudan entre sí, se sacan la carne podrida y enseñan sus miserias picando con sus venenos. No se detienen, continúan a punto tal de no saber distinguir cuál es el bando correcto. O mejor dicho ¿existe un “lado bueno”?

Poco a poco, lo que parecía una noticia de contaminación destapa a la luz la carroña humana. Un elemento casi imperceptible al inicio de la obra comienza a crecer y a cobrar protagonismo, como si se alimentara segundo a segundo de la situación a su alrededor. Este “personaje” es el propio diario del pueblo, la herramienta de manipulación que domina y controla (o mejor dicho, pretende controlar) la opinión pública. Cargando sobre sus hombros la supuesta “voz de la democracia”, comete los actos más cínicos (cualquier semejanza a la realidad ¿es pura coincidencia?).

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Es imposible no tejer un puente de relación a la actualidad. Ya Ibsen lo había advertido en el siglo XIX y Fiks lo lleva de nuevo al debate: ¿se puede apoyar un bando al 100 por ciento en una contienda? ¿Cuál es la verdad? ¿será que existe una verdad?

UN ENEMIGO DEL PUEBLO
Henrik Ibsen

Adaptación, traducción, música original y dirección: Lisandro Fiks

Elenco
Juan Leyrado, Raúl Rizzo, Edgardo Moreira, Viviana Puerta, Bruno Pedicone, Romina Fernandes

Coordinación de producción 
Adrián Andrada
Producción técnica
Matías Ledesma
Asistencia de dirección 
Rosana Rodríguez, Daniela Sitnisky, Jeremías Sapire

Asistencia de vestuario
Josefina Minond
Asistencia de iluminación 
María Cecilia Font Nine

Escenografía y vestuario 
Micaela Sleigh
Iluminación 
Agnese Lozupone

*Jueves a sábados, 20.30 hs. Domingos, 20 hs. en el Teatro Regio, Av. Córdoba 6056, CABA.

 

 

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