Álvaro de la Barra: “En el momento en el que el Estado chileno me reconoce como hijo de mis padres, nace en mí la sensación de que llegó el momento de hacer la película”

Por Rodri Botta  Fotos de Gisele Velázquez

Venían a buscarme es la ópera prima del cineasta, un documental autobiográfico en el que el director cuenta cómo reconstruyó su identidad después de años en el exilio durante la dictadura pinochetista

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Venían a buscarme, la ópera prima de Álvaro de la Barra, es un documental autobiográfico a través del cual el director chileno regresa a su país para reconstruir su historia familiar. Como un arqueólogo de la memoria, entre las ruinas, los escombros y las heridas imborrables que ha trazado la dictadura de Augusto Pinochet, De la Barra recolecta y rescata un cúmulo de archivos, testimonios, escritos y objetos que le permiten recuperar la historia de sus padres y (re)encontrarse con su propia identidad.

***

¿Cómo surgió y cómo llevaste a cabo el proyecto de Venían a buscarme?

Desde que decidí hacer cine supe que quería filmar esta película; además estaba convencido de que sería mi primer largometraje. ¿Por qué surge en el momento que surge? Porque es el momento en que el Estado chileno me da la identidad y me reconoce como hijo de mis padres. Inmediatamente nace en mí la sensación de que llegó el momento de hacerla. Entonces comienzo a escribir lo que se me va viniendo a la cabeza. Cuando el primer tratamiento fue adquiriendo forma me di cuenta que había una película: una historia para contar. Me concentré mucho en el guión porque quería que sea sólido. Ya que contar un proyecto autobiográfico en una ópera prima es una labor que puede tener sus riesgos. Por eso, necesitaba asegurarme que estaba bien encaminado.

La búsqueda de tu identidad y la historia de tus padres están imbricadas a los nudos trágicos de la historia reciente de Chile. ¿Cómo te moviste en esos cruces?

Yo soy historiador de formación académica y eso siempre lo tuve muy presente. Pero, justamente, como soy historiador, tenía mucho miedo que la película virara hacia el contexto histórico como tema central. Por eso, sobre todo al comienzo, decidí correrme de lo histórico para concentrarme en mi historia personal y en la historia de mis padres. Esa búsqueda y esa recuperación de la identidad es la historia central de la película. Siempre dejé la ventana abierta, viviendo en Chile, me mantuve permeable a que ese contexto histórico surgiera solo. Y creo que Chile finalmente se convierte en un personaje, quizás más secundario. Es la tercer pata que levanta la mesa de la identidad. Eso intenté buscar con la película: que pueda verse como una road movie pero también como un viaje interior, como búsqueda de la identidad.

¿Y en ese viaje, en esa búsqueda, cuáles fueron los datos de tus padres que más te sorprendieron?

Me sorprendieron varias cosas. Porque en el exilio yo tenía una sola fuente de información, que estaba ligada a mi familia paterna. De mi madre, por ejemplo, no sabía nada. Ni siquiera sabía que era más alta que mi padre. Fui consiguiendo la ropa que ella misma se hacía; a ella le encantaba hacerse sus propios vestido.

¿Para las obras de teatro en las que actuaba?

Si, para el teatro, pero parece que desde chica, incluso hacía vestidos para sus muñecas. Eso aparece escrito en su diario íntimo. Mi familia me fue entregando cosas que ella guardaba. Pero te diría que el tesoro que más guardo fue saber que fui un niño buscado, que no fui producto del azar.

Es muy emotiva la parte donde lees el diario de tu mamá.

Sí, porque tener la fuente de su puño y letra, es muy fuerte. Ella empezó a escribir el diario a los doce y lo terminó pasados los catorce. Los años de la adolescencia y la preadolescencia están plasmados ahí, con sus miedos, sus romances, sus temores, incluso las peleas. Es muy bonito.

El tío Pablo parece haber tenido una influencia central en tu formación humana y artística.

Pablo es un pilar. Es el tronco al que yo me aferré –consciente o no– para tener una personalidad más o menos sólida (risas). Fue la base de mi formación como ser humano pero también a nivel profesional. Porque Pablo quiso e hizo –quizás por el miedo del exilio y la dictadura– que todos tengamos una profesión y podamos independizarnos desde muy pequeños. Creo que fui el que más rápido se independizó porque él logró transmitirme la urgencia de ser independiente.

Es muy linda la parte en la que vos –siendo un niño– y Pablo están filmando una especie de documental sobre un cumpleaños familiar.

Sí.  Yo tenía once o doce años. Ya llevaba algunos años trabajando. Empecé más o menos a los ocho; si bien, desde antes, ya paseaba por los sets. A partir de los diez años me empezaron a pagar. Antes no me pagaban porque “estaba aprendiendo”: eso se llama explotación infantil, pero ya hemos superado esa etapa (risas). Durante la campaña presidencial del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Venezuela, año 1983, yo tenía diez años y fui asistente de cámara durante toda la campaña. Y una campaña presidencial ocupa muchas horas del día e incluso altas horas de la noche. Y ahí estaba yo, con mi grabador, cargando el trípode de un lado al otro. Creo que debería estar jubilado, ya (risas).

Desde que te volviste a instalar en Chile ¿cuáles fueron las continuidades y las rupturas que encontraste entre el momento histórico que reconstruiste en Venían a buscarme y el actual?

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Bueno. Hay una gran ruptura con el Chile que yo tenía en mi imaginario. Porque  los chilenos que vivieron en el exilio nos transmitieron un Chile luchador, combativo, solidario, que fue el Chile que dejaron, el de la unidad popular. Nosotros, en el exilio, crecimos idealizando un país así. Pero, cuando nos tocó conocerlo, nos dimos cuenta que ya no era el país que nuestros padres habían dejado. En tanto historiador, en la película, quise investigar cómo eran los procesos sociales anteriores a la unidad popular y al golpe de Pinochet y así entender un poco la motivación que mis padres tuvieron al tomar las decisiones que tomaron como militantes. Lo que te puedo decir es que Chile es muy distinto a lo que fue. Hoy en día es la consolidación de un proceso que atraviesa todo el siglo XX y tiene como resultado una sociedad demasiado injusta e inhumana –la más inhumana de las sociedades que conozco– con un carácter definidamente egoísta, materialista, consumista. En la actualidad, la derecha ha logrado que su mayor enemigo, la izquierda democrática, le termine gerenciando el sistema económico y político que ellos impusieron. Este ha sido el mayor logro de la derecha. Eso no es lo que nosotros teníamos idealizado. No es el ideal que se tuvo en los setenta. Ni mucho menos se parece a lo que idealizaron como utopía mis padres. Entonces, sí, en ese sentido, existe un quiebre.

Volviendo a la película. ¿Cuáles fueron tus influencias principales? 

Como técnico trabajé en muchos documentales. Por otro lado, además, tenía la necesidad de formarme académicamente en el documental. Como estaba en Francia me impregné mucho del documental francés. Hice talleres con Nicolás Phillibert y Raymond Depardon. Me influyó mucho la crudeza de Phillibert y lo directo que es. También me influenció como el cine de Depardon capta lo inmediato de lo social sin perder de vista lo bello y lo fotográfico. Pero lo fue como un click para mi es el documental Santiago de João Moreira Salles. Cuando estaba escribiendo el guión sale esta película y yo dije “acá está”: esta es la manera y el tono con el que tengo que trabajar los archivos. No me ha tocado la posibilidad de decírselo pero fue una gran inspiración para mí. Luego, en esa vía, hay mucho documental de archivo muy bien logrado y también de trabajo autobiográfico, de autor y memoria, que está más relacionado con lo mío. Por ejemplo, Las vacaciones de un cineasta, de Johan van der Keuken, donde el cineasta holandés visita su antigua casa de veraneo y reflexiona sobre su padre. Él solamente ve una puerta o una flor y eso le recuerda su pasado y comienza a hablar de su padre. Uno, como espectador, lo acompaña todo el tiempo. Es una joya. Entonces, sí, mucho cine europeo. Y el cine documental americano también. Pero me impregné menos de él porque había cosas más observacionales y más oníricas. Y, si bien me gusta lo onírico y lo observacional, mi película era una documental de la palabra. No había manera de que no lo fuera. Yo tenía que ir más en el trabajo personal de archivo, ¿qué significa un archivo?, ¿qué significa mirar hoy un archivo que fue hecho antes y que además habla de un pasado anterior?

¿Tenés algún proyecto para el futuro?

Sí, como este proyecto estuvo detenido un tiempo y no soy de quedarme quieto me tocó colaborar con otras películas. Este mismo año estrenamos, casi en paralelo, una película de ficción, La familia, de Gustavo Rondón, donde participan también unos colegas 30122881_10216230933751855_1264281038_ovenezolanos con los cuales ya habíamos trabajado. Soy el coproductor de esa película que ahora vamos a estrenar en Chile y que se estrenó el año pasado, en la semana de la crítica, en el festival de Cannes. Como a esta película también le ha ido muy bien en festivales surgió la posibilidad de seguir coproduciendo otros proyectos. Eso en lo inmediato. Pero, además, estoy desarrollando un documental. Este proyecto tiene un carácter urgente porque los personajes tienen una edad muy avanzada: son las personas que conocieron a mi abuelo. Quiero hacer un documental que hable de mi abuelo como director de teatro. Porque si bien yo conocí a mi tata, jugaba con él, no tenía conciencia de lo importante que fue para el teatro de Chile. Mi abuelo, Pedro de la Barra, es considerado uno de los fundadores del teatro chileno y en el año cincuenta fue Premio Nacional del Teatro. Además fundó el teatro experimental de Chile –primer compañía de teatro universitario– que después se convirtió en el Teatro Nacional. Fundó escuelas de teatro en otras universidades –como en Concepción y Antofagasta– para regionalizar el teatro y acercarlo al público. A partir de todo eso voy a hacer una búsqueda personal, que va a conversar con Venían a buscarme. Y con eso termino el ciclo de películas que buscan (risas).

 

 

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