Denis Fernández: “Los personajes y la historia fueron mutando porque muté yo”

Por Daiana Lopez De Vincenzi Fotos: Coni Villalba

La editorial Notanpüan editó Cero Gauss, el cuarto libro del autor lanusense. Dentro de una tendencia apocalíptica en la nueva literatura argentina, la historia cuenta el fin del mundo y la humanidad a partir de la disminución de la intensidad del campo magnético de la tierra.

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Era contemporánea, era degenerada, tiempo del no tiempo. El individualismo entre las masas aumenta y la alienación es asidua. El trabajo monótono frustra, las relaciones fracasan, la rutina agobia, la materia muere, la energía se pierde, la soledad destroza, los gauss descienden a cero. Todo se acumula, lenta y gradualmente, para estallar en un final de los tiempos.

Denis Fernández nació en Lanús, Buenos Aires, y tiene 31 años. Cero gauss es su cuarta y última obra publicada hasta la fecha. La primera pregunta que surge con su título es “¿Qué es un gauss?” Es una unidad que mide la intensidad de un campo magnético. “Se predijo que el ser humano iba a llegar a un nivel tan bajo de magnetismo que iba a explosionar el universo e íbamos a volvernos locos”, expone el autor. Cómo la reducción de los gauss de la tierra puede provocar el fin de los tiempos es el fundamento que rige esta historia.

En el primer capítulo, el A, un narrador en primera persona habla, por primera vez, de los gauss. Hace referencia a una descomposición del universo y a la suya propia. Cuenta que escribe desde un lugar en el que está internado y explica que todo comenzó el día en que compró una planta carnívora.

Luego, en el B, un narrador omnipresente introduce a Santiago que, en el camino a trabajar, ve un caballo muerto. Como si hubiese entrado en un lapso detenido del tiempo, Santiago observa y retiene en su mente cómo las bacterias reducen la carne inerte del caballo. Llega a su trabajo y comienza a desaparecer sin que nadie lo note.

Así se van a ir alternando los capítulos A y B para contar dos historias que a la vez son una, que forman parte de una misma conciencia. La lectura dinámica y entretenida -y enmarañada- convierte a los lectores en testigos, que ven cómo ambos personajes van desintegrándose de a poco, a la vez que también lo hace el mundo que los rodea.

Pero, ¿qué significa que una persona o un mundo se desintegre? Cero gauss exhibe a los personajes y a los rincones más sombríos de las ciudades, en los que se está manifestando la descomposición de la existencia misma. Una descomposición que terminará del otro lado del polo.

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***

La novela plantea un juego de realidad y de dualidad entre los dos protagonistas. Ambas historias se van adentrando en esta nebulosa donde uno no sabe si lo que pasa es real o si es un sueño. ¿Cómo llegaste a esta indecibilidad del texto?

Sí, mi objetivo en la novela era plantearme a mí eso: qué es realidad y qué no. La parte de Santiago sería la parte consciente, la parte real de la vida donde uno está sumergido en una rutina monótona; y la otra, la historia de Eric, es el sueño que tiene Santiago. Es ese deseo de ser lo que uno no es. Para empezar, escribí la novela con un proceso muy inconsciente y muy espontáneo, nunca armé una estructura concretamente. Empecé a escribir sobre un personaje, Santiago, y luego escribí el sueño de ese personaje. Entonces, después fue pasar de él al sueño y del sueño a él hasta que me di cuenta de que el sueño había dejado de ser un sueño para ser algo como una doble personalidad. Después, los personajes y la historia fueron mutando porque muté yo.

Las focalizaciones también son importantes: la historia de Eric está narrada en primera persona y la de Santiago en tercera, ¿tiene algo que ver con esta distinción entre realidad y deseo?

Escribí la historia de Santiago en tercera persona porque me parece que yo, teniendo tan aceptada esta realidad en la que vive el personaje, sabía contarla con voz propia y directa, ya que era relatar desde la experiencia. Lo sentí más un títere, como si yo tuviera que rearmar esa historia. También, como hay muchas cosas que pasan en serio, tuve que separarme de la historia y verla un poco desde afuera, contarla desde arriba, desde un narrador más omnipresente. Y el otro relato es el deseo, lo más inconsciente de toda la historia, y es contado desde la voz propia de Eric. Es como que uno está escribiendo la historia del otro, es raro el mapa. Sería yo desde el deseo, desde mi lugar no real, diciendo que estoy escribiendo una historia sobre un personaje que soy yo. Es un cruce.

Ambos personajes poseen este rasgo de que aceptan sin más las cosas que se les presentan, sin dudar y sin hacer preguntas. Aceptan la realidad que se les impone, lo cual es también un rasgo de pasividad, en algún punto.

Exactamente. Ellos van haciendo lo que se les presenta, no paran, van, van y van, y así terminan en situaciones estrambóticas. Son plenamente pasivos en esto. Sin embargo, los dos están inconscientemente buscando que algo les pase, que algo o alguien los salve. Como que los dos necesitaban que alguien viniera a meterles el dedo en el culo y a decirles: “salí de esto”.

Es interesante esta idea de salvarse. Pareciera que desde el comienzo, tanto Eric como Santiago, hacen un descenso a los infiernos, la famosa catábasis, que culmina en una situación, como vos decís, estrambótica. Entonces, hacia el final del recorrido ¿los personajes se condenan o se salvan?

Me parece que ambos ya están condenados desde el principio. Uno por cargar con la cruz de su laburo familiar, algo impuesto por su familia y que hace por un mandato, y el otro por la comodidad de no tener que salir a laburar, de no tener que hacer nada y ni tener vida social. Sí, el final de ambas historias es una especie de salvación, pero no sé si se salvan. Se salvan un poco de sí mismos, de sus propias auto-condenas. Ambos son bastante masoquistas, les gusta ese dolor que no es físico sino existencial.

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En tu novela recurrentemente se debaten opuestos: adentro-afuera, polo norte-sur, muerte-vida, tiempo-no tiempo, límite-no límite. Y está muy marcada la distinción entre los que están dentro del sistema y los que quedan fuera. ¿Buscaste hacer una crítica social?

Hay una crítica grande desde el lugar que ocupa Santiago en la sociedad, trabajando en una financiera que les da plata a aquellos que, sino, mañana no tienen para comer. Y a la vez estoy criticando todo lo que está alrededor y todo lo que conlleva. Santiago se cree el Robin Hood del conurbano, es un poco eso, sacarles plata a los ricos para dárselas a los pobres. Lo mismo que hacen los bancos pero a menor escala. También mi crítica es, entonces, hacia los bancos que no aceptan a esta gente. No lo hacen porque no les conviene a ellos. No les conviene darle plata a una persona de bajos recursos, entonces la dejan fuera de este sistema y a la vez no le permiten progresar. La novela, en un momento, se iba a llamar Los desintegrados. Por un lado, por la desintegración que predica “el nono”: un día el mundo va a colapsar y vamos a ser polvo de estrellas. Por otro lado, por los desintegrados del sistema.

Y la desintegración también presente en pequeños rasgos: desde las plantas hasta el caballo, desde los cuerpos físicos hasta las conciencias, todo se desintegra. Todo desciende. Esta noción de descender, así como la dualidad y lo ominoso, muy presentes en la novela, son motivos característicos de la literatura fantástica. ¿Determinarías tu obra como parte de este género?

Sí, y también la determinaría como post-apocalíptico. Ciencia ficción no es. La ciencia ficción estaría como algo a futuro, en ese algo que “el nono” predica como el fin de los tiempos. Quizás sería pre-apocalíptico, profético. Para la obra utilicé las predicciones mayas que decían que en el año 2012 no es que iba a finalizar el mundo sino que iba a haber un cambio de conciencia, un cambio en el magnetismo, por eso los gauss. Gauss es la medición del magnetismo. Se predijo que el ser humano iba a llegar a un nivel tan bajo de magnetismo que iba a explosionar el universo e íbamos a volvernos locos. Ahora tenemos 0,5 de magnetismo, si baja más no sé qué pasaría… En la novela, a Eric lo someten a una reducción forzada de magnetismo, y empieza a perder su conciencia a nivel cerebral. Los mayas decían que se iban a salvar los iluminados, aquellos que creían en este cambio. Yo creo que esto está pasando un poco ahora, está habiendo un cambio de conciencia.

La indecibilidad de la obra permite diversas interpretaciones de los hechos y más aún del final. El primer capítulo es una clave de lectura para el resto del libro, ahí ponés: “El lenguaje es esencial para comprender la realidad”. ¿Existe, hacia el final, una explicación concreta de todo lo que pasa?

HCI-ANT9874641168=9789874641168Sí, eso es clave, el que no le presta atención a eso después se pierde de un montón de cosas. Yo creo que sí, pero son cosas difíciles de resolver aún hasta para mí. Uno de mis mejores amigos, que es quién presenta la novela, Matías Amoedo, cuando la leyó me escribió: “che, la terminé de leer pero hay cosas que no entendí”. Si bien hay algo de concreto en todo lo que pasa, también se da lugar a lo abstracto y a la libre interpretación. Y te digo: a mí, que soy el que la escribió, me quedan cosas inconclusas todavía.

Cero Gauss de Denis Fernández.

Editorial Notanpüan, 2018.

216 páginas

 

 

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