Vestigios de lo melodramático en Las amargas lágrimas de Petra Von Kant

Por Juan Francisco Dasso

Leonor Manso dirige la nueva puesta del texto de Rainer Werner Fassbinder. Casi cincuenta años después de su primer estreno, la directora logra rescatar zonas de tensión que resisten el paso del tiempo

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Fotos Carlos Furman

Rainer Wender Fassbinder fue prolífero: se cuentan en su haber más de 40 largometrajes y 31 textos teatrales. En semejante trayecto, el autor ha experimentado con una cantidad de estéticas, temáticas y pautas formales distintas. Existen problemáticas recurrentes que atraviesan varias de sus obras, como las relaciones de dominación. Tal es el ejemplo de Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, obra de teatro estrenada en 1971 y luego concebida como película en 1972.

¿Qué pasa en Petra Von Kant? La mujer del título es una exitosa diseñadora de moda que acaba de dar por terminado su segundo matrimonio. Petra está constantemente en su gran departamento/estudio, donde la enorme cama convive con numerosos maniquíes. En busca de trabajo, Karin busca a Petra y la diseñadora se enamora de esta mujer más joven. Con el tiempo, Karin logra ejercer un control total sobre Petra, que depende emocionalmente de cada movimiento que la joven hace. Lejos de sostener la fidelidad que parece exigirle Petra, Karin termina abandonándola. La protagonista queda sola, abandonada incluso por Marlene, su asistente, presente durante toda la obra y constantemente explotada por Petra.

¿Cómo poner en escena este texto de 1971?

Un equipo dirigido por Leonor Manso y compuesto casi íntegramente por mujeres (una decisión por demás destacable y necesaria pensando en los tiempos que corren) lleva adelante esta proeza en la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín. Muriel Santa Ana es Petra y Belén Blanco es Karin, en un elenco que se completa con Dolores Ocampo, Miriam Odorico, Marita Ballesteros y Victoria Gil Gaertner. Artistas de gran trayectoria se suman al equipo técnico, entre las que se cuentan a Renata Schussheim (vestuario), a Eli Sirlin (iluminación) y a Graciela Galán (escenografía).

Es virtuoso el trabajo de cada una de las integrantes de este equipo, que garantiza el recorrido vertiginoso por los avatares sentimentales de Petra, alrededor de quien se tejen las complejas relaciones de dominación. La obra ya no es incómoda como podría haberlo sido hace casi 50 años al contar una historia de amor lésbico. Este montaje es incómodo y potente en la medida en que logra rescatar las verdaderas zonas de tensión de la obra original: las relaciones de poder y su consecuente explotación. Sea en el plano afectivo (Karin/Petra), en el laboral (Petra/Marlene) o en el familiar (Valeria-madre-/Petra), las formas de dominación se reproducen en el ámbito doméstico.

Volviendo a su origen, y más allá de que este sea un motivo recurrente en su obra, ¿cómo y desde dónde produjo Fassbinder este material? El director alemán dio sus primeros pasos en el Action-Teathre, fue en este contexto en el que produjo una enorme cantidad de trabajos escénicos (ocupando varios roles), llegando a dirigir al grupo, que pasó a llamarse Anti-Teather. La primera etapa estuvo ligada a la experimentación, alejándose de los lenguajes asociados con lo que comúnmente designamos como “realismo”.

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Es sabido que Fassbinder mostró mucho interés, luego, por las películas de Douglas Sirk. Este director alemán, radicado posteriormente en Estados Unidos, dio con el tono que caracterizó a los melodramas hollywoodenses de los años 50  (caso paradigmático: Immitation of life). Las amargas lágrimas de Petra Von Kant (el título es por demás elocuente) es un claro ejemplo de esta singular inclinación de Fassbinder hacia el lenguaje melodramático, lo que le permitió alcanzar al gran público. Pero claro, no sin unas cuantas intervenciones de por medio. La tradición brechtiana, ya reconocible en sus trabajos previos, dieron lugar a que Fassbinder creara esta suerte de “melodramas distanciados”. La apropiación de este lenguaje es justamente un elemento distanciador, que se propone que el espectador pueda apreciar el objeto (el espectáculo propiamente dicho) con crítica y reflexión y no buscando necesariamente una identificación.

La puesta de Manso podría abrazar mucho más el melodrama, que el lenguaje de los cuerpos y las voces estalle de modo más problemático. “Problemático” escénicamente hablando, desde un punto de vista más formal y no únicamente ligado al contenido. La actuación en esta puesta está afianzada más en el drama que en el melodrama. Este lenguaje nos lleva a pensar en algo peyorativo, es claro: nadie quiere hacer melodrama. Pero sí tiene sentido si se lo toma como elemento distanciador.

Existen, no obstante, elementos de esta puesta que propician un tipo de distanciamento: el vestuario con el rojo dominante, el espacio con la gran cama en el centro, los maniquíes y, por supuesto, la pantalla transparente que separa constantemente a espectadores de obra. Pero este tipo de efecto no resulta total en la medida en que el abordaje general llama a identificarnos (el programa de la obra dice en letras grandes: “Todos somos Petra. Posesivos. Autoritarios. Pero también capaces de decir NO”).

Ficha Técnica:

Autor: Rainer Werner Fassbinder
Traducción: Nicolás Costa

Dirección: Leonor Manso

Elenco: Muriel Santa Ana, Belén Blanco, Marita Ballesteros, Dolores Ocampo, Miriam Odorico y Victoria Gil Gaertner

Coordinación de producción: Macarena Mauriño
Asistencia de dirección: Cecilia Acosta, Fernanda Machado
Producción técnica: Emilia Martínez Dómina
Asistencia de iluminación: Verónica Alcoba
Asistencia de vestuario: Laura Copertino, Mariana Seropian
Asistencia de escenografía: Mariela Solari

Diseño corporal y de movimiento: Roxana Grinstein
Musicalización y diseño sonoro: Carmen Baliero
Iluminación: Eli Sirlin
Vestuario: Renata Schussheim
Escenografía: Graciela Galán

*Hasta el 15 de abril a las 20.30 en la sala Cunill de Cabanelas del Teatro San Martín. Av. Corrientes 1530 CABA

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