El feminismo marca la agenda

Por María Singla Ilustración: Tití Gutiérrez

El libro ¿El futuro es feminista?, de reciente edición, entra en consonancia con la visibilización de la lucha del colectivo de mujeres tanto a nivel parlamentario como doméstico y cultural. Sus tres autoras dan perspectivas claras para entender la importancia del movimiento.

 

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Ilustración: Titihoon

El Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo no hace más que alentar los hilos de esperanza a los que se aferran los feminismos actuales. Si bien las cifras que afectan a las mujeres directamente son desalentadoras – en la Argentina hay un femicidio cada 40 horas y el aborto clandestino es la primera causa de mortalidad materna – la violencia machista logró instalarse en la agenda mediática a partir del movimiento #NiUnaMenos en 2015. Este año, días antes del inicio de las sesiones ordinarias del Congreso, el peso de la militancia sostenida y la presión que ejerció sobre los medios – incluso sobre los hegemónicos – logró que por primera vez  se considere el tratamiento parlamentario del Proyecto de Ley por la Interrupción Legal del Embarazo.

Dentro de este contexto de despertar ideológico de miles de mujeres, que finalmente se vuelcan masivamente a la acción para reclamar sus derechos, surge el libro ¿El futuro es feminista? editado a fines de 2017 por Le Monde Diplomatique y Capital Intelectual. El trabajo compila tres ensayos, escritos por referentes feministas que actúan desde campos del conocimiento y militancia diferentes. Además, Silvina Giaganti y Mariela Gouric colaboraron con sus poemas  Las mujeres me volvieron locas de verdad y Ley 26.485, que abren y cierran el libro.

La serie en la que se enmarca el trabajo, llamada La Media Distancia, se enfoca en responder cuestionamientos que dan de lleno contra problemáticas del presente y el contexto sociopolítico actual.  Con ese planteo y con los ojos puestos hacia un futuro más igualitario, los editores se propusieron clarificar cuáles son los distintos feminismos que componen el heterogéneo movimiento de mujeres como trampolín hacia el infinito y más allá.

Mariana Enríquez, desde el prólogo, traza un panorama breve sobre cómo el feminismo está comenzando a generar un impacto en Hollywood y el espectáculo estadounidense – quizás la máquina de generar significados más grande del mundo – para luego meterse de lleno en los textos de sus compañeras.

Florencia Angilleta, Licenciada en Letras, plantea en el primer ensayo del libro, Feminismos: notas para su historia política, un camino en el que une la historia del movimiento de mujeres, pero desde la premisa que dice: “El feminismo no existe”. Cierto es que muchas de las reivindicaciones por las que pelearon las primeras feministas, las de la primera ola, fueron conquistadas. Los derechos al voto y a ocupar los espacios públicos se han materializado en todo occidente. A partir de este piso, distintos movimientos, inscriptos en contextos sociopolíticos específicos, surgieron aportando debates nuevos que muchas veces generan polémicas entre las militantes. La propuesta de la autora, entonces, es considerar que los feminismos son varios y que interpelan desde diferentes lugares al “dispositivo de gestión social centrado histórica y conceptualmente en los varones”. Es hora de separarse de la representación de un feminismo blanco y burgués para darle lugar a un movimiento heterogéneo, que tienda puentes de negociación.

La comunidad de mujeres argentina se enfrenta ahora ante el debate parlamentario para la despenalización del aborto, una de las luchas históricas que atraviesa el amplio espectro que compone al colectivo, cada vez más diverso e interseccional. Angiletta considera que la lucha por este derecho es la muestra de una “lectura responsable de los privilegios” de las mujeres de la clase media, ya que su impacto se siente casi exclusivamente en los sectores más vulnerables. Los feminismos, entonces, se construyen sobre la comprensión de las diferencias que lo componen y busca “dar la batalla para lograr ganar derechos para mejorar la vida de las mujeres, todas, incluso las más vulnerables, sin perder de vista la visión del conjunto de mujeres y el colectivo LGBT dentro de la sociedad sexogenerizada en la que vivimos”, dice la autora.

El título del trabajo de Mercedes D’Alessandro, Doctora en economía y autora del libro Economía Feminista (2016), es el único que responde de una manera certera la pregunta que se hace la editorial. En Si hay futuro, es feminista, la autora vuelve a hacer hincapié en los conceptos que trabaja junto a su equipo desde el blog Economía Femini(s)ta desde el 2015, aportando datos estadísticos renovados. Allí propone un “feminismo del 99%”, porque lo plantea como una alternativa al capitalismo. La utopía de un mundo igualitario no puede existir dentro del sistema económico-político actual, pero sus reflexiones apuntan al mayor acercamiento posible.

El trabajo doméstico no remunerado es el pilar fundamental para la teoría económica feminista ya que las tareas reproductivas o de cuidado, asignadas al rol femenino, no son valoradas dentro del mercado capitalista. La distribución social de los roles de trabajo impactan aún después de la conquista femenina del ámbito laboral. No hubo un balance respecto al cuidado de niños, ancianos y la casa.

Al presentar el libro alrededor del país el año pasado, D’Alessandro se puso en contacto con mujeres de diferentes orígenes y situaciones socioeconómicas: Cada vez que hablo de ese tema la mayor parte de la sala asiente con la cabeza. Es algo que le pasa a todas, desde las mujeres más pobres hasta las mujeres más ricas. Para todas es su responsabilidad, a todas las miran como diciendo ‘vos sos la que se tiene que encargar’. O de lavar los platos o de ocuparte de conseguir quien los lave y vas a estar atrás de la empleada, vas a encargarte de pagarle y llamarla para que venga. Si no sos la que lo hace, sos la que lo gestiona también y en ese sentido todas se dan cuenta. Y darse cuenta, para mí, cambia mucho la situación.”

En torno a estas herramientas conceptuales, D’Alessandro propone impulsar instituciones cooperativas, en las que las mujeres puedan apoyarse para un mejor desarrollo de aquello que se propongan perseguir y cuestiona los pilares capitalistas de la producción y consumo: “Quizás el objetivo no sea producir más y más bienes, sino producir aquello que necesitamos”.

En el último de los ensayos, El pelotero del logos, Marina Mariasch explica como “En el mapa civilizatorio las mujeres, lesbianas, trans y travestis ocupamos espacios de subordinación en las relaciones de poder establecidas en todos los órdenes sociales”. La palabra escrita pública fue siempre un espacio masculinizado y de ella depende, en muchos casos, la comunicación de las reivindicaciones feministas. Si bien el contexto de la Argentina contemporánea impone en la agenda mediática y en el proceso de creación de textos en general el tratamiento de las problemáticas feministas, la autora propone salir de lo que llama “secretarías de asuntos fem” para que los reclamos de las mujeres vayan más allá de los “corralitos” de la escritura en los que las cosas parecerían acontecer al margen de los discursos predominantes.

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A partir de un análisis cuantitativo sobre quiénes son los autores de las principales notas de opinión en los medios nacionales, Mariarsch explica que la construcción de un lenguaje que exprese un nuevo orden simbólico  deberá volcarse en todos los ámbitos de la escritura -y los demás, también- para salir del ghetto, para poner el foco en subjetividades menospreciadas o subordinadas a la masculina, que se impuso en el orden social como aquella universal y definitiva. Una parte fundamental de la profundización de la lucha por la igualdad es, según la autora, “el derecho a hacer y a hablar de lo que queramos sin reducirnos a los estereotipos impuestos y autoimpuestos”.

Desinternalizar la estructura machista en la que nos criamos y vivimos es quizás lo más difícil de la lucha emprendida y que hace que mujeres de todo el mundo estén en huelga este 8 de marzo. Comprender las complejidades de un colectivo que une pero que al mismo tiempo expone sus diferencias resulta fundamental para eliminar las resistencias físicas, y discursivas, todas ellas violentas a su modo, que nos autoimponemos para alcanzar el fin mayor; la igualdad de todas las personas. En ese sentido ¿El Futuro es Feminista? resulta un umbral introductorio y necesario, es el libro-herramienta.

 

¿El futuro es feminista? De Florencia Angiletta, Mercedes D’alessandro y Marina Mariasch.

Le Monde Diplomatique y Capital Intelectual, 2016.

109 páginas.

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