The Florida Project: un exceso de gloria oscurecida

Por Mariano Cervini

El director Sean Baker muestra la otra cara del Sueño Americano y una Orlando que va más allá de los parques de diversiones de Disney. 

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En El Paraíso Perdido, el poema de John Milton tanto el hombre como Lucifer comparten una raíz en común: ambos son desterrados. Aquel desarraigo se debe en parte a una rebelión en contra del poder establecido, la pérdida es la marca de origen. El Ángel Caído lo es por no ser Dios, toma su identidad en el no ser, en la ausencia. En este sentido el hombre se parece más a Lucifer: el ser desplazado de un paraíso prometido es parte de su esencia.

Los personajes de The Florida Project (Sean Baker, 2017) vagan por ese universo. Excluidos, sin oportunidades, sometidos a trabajos que nadie quiere hacer, representan ese exceso de gloria oscurecida del que habla Milton al comienzo de su poema, son la cara oculta del Sueño Americano.2350096

Tal vez no exista mejor escenario para mostrar los restos del capitalismo salvaje que Orlando, Florida. Cuna de la fantasía artificial de los parques de diversiones de Disney, la ciudad sirve al director de contrapunto para exhibir lo que quedó afuera del all inclusive. La película propone una inversión habilidosa: muestra lo que no se ve y solo alude a lo que todos conocen. El efecto es devastador: Disney está ahí nomás, a la vuelta de la esquina, pero nunca aparece. Lo que se pone en pantalla todo el tiempo es una historia de trabajadores y buscavidas que viven entre pastizales sin cortar y condominios a 45 dólares la semana. Florida se convierte en un pantano, en ese lugar al que el Dios de Milton desterró a los hombres y al que jamás se interesaría por visitar.

Esos paisajes en colores dominados por los fucsias y pasteles; el art decó y lo kitsch suman a la atmósfera un dejo nostálgico. Si el Edén es Magic Kingdom, el Paraíso Abandonado es ese condominio regenteado por Bobby (Willem Dafoe) como una vecindad en la que los vínculos entre las personas están siempre en ebullición. Halley (Bria Vinaite) es una joven madre soltera con problemas de conducta, que lidia con la dificultad de su propio carácter y un entorno hostil de marginalidad. La trama sigue durante largo rato a su hija de seis años, Monee (Brooklynn Prince) y a sus compañeros de vecindario. Uno de los mayores logros del director es tomar distancia con la cámara de esos chicos: las escenas y los diálogos guardan la ternura y espontaneidad de esa infancia entre ruinas.the-florida-project-tfp_domestic_lp_20170823-00_41_21_23_still002_rgb-e1507297714127

The Florida Project es auténtica. Golpea sin llegar nunca al golpe bajo porque sabe que es mejor bancar toda la pelea, mostrar todo hasta el final. El trabajo de Vinaite, Prince y Dafoe es uno de los mejores triángulos actorales de la década. El amor de Halley por Monee, su vínculo con una hija inquieta a lo Bart Simpson que vive su infancia con ternura y excitación muestra las consecuencias de estar siempre al límite. 

También hay poesía en el trabajo de Dafoe. Nominado a Mejor Actor de Reparto, la posibilidad de que no gane el Oscar es inexplicable. Bobby es una mezcla de la ternura gruñona de Don Ramón y la responsabilidad e insistencia económica de El Señor Barriga. El carácter tan logrado del personaje hace que cada intervención sea precisa, simple y tan creíble como la vida misma. The Florida project refleja ese dolor por el destierro, aquel exceso de gloria oscurecida que nos termina definiendo como seres humanos.

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