El lenguaje como refugio en Psicosis de las 4.48

Por Victoria Béguet

Una de las puestas catalanas del Festival Temporada Alta propone un recorrido por la autobiografía de la dramaturga inglesa Sarah Kane, quien se suicidó en 1999

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Hay un silencio que rodea al suicidio, un silencio que es mezcla de respeto, pudor, pero también, de vergonzosa fascinación. La obra catalana Psicosis de las 4.48, que integró el Festival Temporada Alta en Timbre4, gira en torno a un suicidio anunciado: el de la dramaturga inglesa Sarah Kane. Con la notable interpretación de Anna Alarcón,  la autobiográfica obra de Kane avanza con el mismo ritmo obsesivo y enajenado de su protagonista, impotente frente a un deseo -el de quitarse la vida- que se presenta como incontestable.

Los suicidas parecen saber algo que el resto desconocemos. Sarah Kane ha decidido que la hora indicada será las 4.48. Lo ha decidido y duda. Posterga, se debate. Habla casi sin respiro, casi sin parar -la suya es una mente sobreexcitada, insomne, difícil de domesticar. Es presa de su pensamiento. Y Sarah Kane no tiene nada de extraordinario que decirnos acerca del suicidio (que no equivale a decir a la obra carezca de interés). Probablemente porque el suicidio no tiene, en última instancia, nada de extraordinario. En Psicosis de las 4.48 la lucha descarnada de Sarah Kane contra sí misma es, en todo momento, una lucha cotidiana, trivial y, sobre todo, extenuante.

Ante la pregunta sobre cómo enfrentarse a la muerte el personaje de la dramaturga (que cabe recordar, pertenece al terreno de la ficción), cabe señalar algo que afirma la misma Kane: “No quiero morir. Todo suicida que dice que quiere morir miente”. Así, aunque sabemos que se trata de un lugar común, resulta inevitable atribuirle de a ratos a Kane la lucidez del ¨loco¨ dueño de verdades incómodas (por ejemplo cuando despotrica contra sus médicos). La obra convierte a su público en una especie de turistas curiosos que observan desvaríos ajenos en los que cada tanto se reconocen. Es mérito de Psicosis de las 4.48 interpelar al público en determinadas instancias, como cuando el personaje de Kane está enumerando los remedios y dosis que debe tomar utilizando sus nombres genéricos y le  pregunta al público cuál es el nombre comercial de la fluoxetina (Prozac). Se produce en la sala un silencio breve e incómodo que reproduce acaso el silencio imperante en torno a las enfermedades psiquiátricas. Por otra parte, la depresión tiende a achicar el mundo de las personas que las padecen y el mundo de Sarah Kane es forzosamente hermético y pequeño; su pensamiento, ofuscado y nebuloso.

“No puedo amar. No puedo escribir”, dice en un momento Kane. En otros momentos, repite palabras, palabras que empiezan con la misma letra, sinónimos o términos que asocia. La obra instala su especificidad: si su materia es el suicidio, se trata del suicidio de una escritora, de alguien que se refugia en el lenguaje. El manotazo de ahogado de Kane tiene ese rasgo singular (aunque de ninguna manera original). La protagonista busca permanentemente asilo en el gesto de narrar, sabiendo que se trata de un gesto endeble. Lo hace por compulsión, por soledad, porque no puede evitarlo. O quizás no sepamos porqué lo hace. El principal acierto de Psicosis de las 4.48 es sin duda sobrevolar esta pregunta. Cuando durante la obra, la protagonista se desnuda frente al público, constatamos que ya se ha desnudado hace rato. Si hay quienes buscan pintar su aldea, Kane buscó describir su propia mente atribulada. Sin énfasis lacrimógeno.

Ficha Técnica

Autora: Sarah Kane
Traducción: Anna Soler Horta
Actriz: Anna Alarcón
Dirección: Moisès Maicas
Producción: The Three Keatons

 

 

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