Las puertas de la percepción en Savia

Por Victoria Béguet

La propuesta peruana fue parte de la sexta edición del Festival Temporada Alta, en el que espectáculos de España, México, Perú, Uruguay, Chile y Francia plantaron bandera en el teatro Timbre4 en Buenos Aires.

Savia

Escrita por Luis Alberto León y dirigida por Chela De Ferrari, la peruana Savia acompaña el delirio afiebrado de un ¨cauchero¨, un ex empresario del caucho, en su lecho de muerte. La obra se propone expurgar, casi como si se tratara de una ceremonia religiosa, los fantasmas muy reales que habitan en la mente y en el cuerpo de su protagonista moribundo, fantasmas que tienen mucho que revelar acerca de la identidad peruana y latinoamericana.

Savia  narra los últimos días -¿ o a caso horas? –  de Don Jesús (Leonardo Torres Vilar). La obra define su propia temporalidad. En su estertor es visitado por tres mujeres de la etnia huitoto, provenientes de la selva amazónica (Cindy Díaz, Alejandra Bouroncle y Evelyn Allauca). Llegan con las caras tapadas por un tul negro, reclamando sus cabezas a quien fue su asesino. Savia integra junto con La cautiva y La barragana una trilogía que recupera distintas etapas de la historia de Perú. En esta oportunidad, indaga en los horrores de la llamada fiebre del caucho en Iquitos, a fines del siglo XIX, principios del XX. El autor, a su vez, creó al protagonista de la obra basándose en el empresario cauchero y fundador de la Casa Arana, después rebautizada como Peruvian Amazon Rubber Company.

En Savia no parece sobrar nada; todos los elementos han sido sopesados en relación con los demás. Hay una sencillez compositiva en la obra que cabe destacar. A su vez, la obra que se apoya fuertemente en lo visual. La escenografía es acertadamente sobria y de esta forma vuelve más vívidas las extravagancias del moribundo. Ocupa el centro de la escena una camilla de hospital sobre la cual cuelga una cabeza de cerdo, que luego sabremos está en proceso de descomposición. La cabeza porcina que de a ratos ¨mira¨ de frente al público, en otras instancias está de perfil o bien revela su interior carnoso, va a encontrar su correlato en las tres cabezas que vienen a reclamar las mujeres.

La obra invita a ser leída en clave onírica y hace un uso bien calibrado de elementos que aunque parecen arbitrarios al inicio, resultan esenciales a la narración. Uno de estos elementos recurrentes es un hombre alto que se pasea de levita y sombrero de copa sobre el escenario despojado. Tiene algo de director de circo, de maestro de ceremonias y lleva puestos zapatos de charol. Avanza con pasos firmes y pausados que marcan un ritmo constante como si se tratara del tic tac de un reloj. En otras instancias baila tap, como si se inmiscuyera en esta muerte anunciada una voluntad de goce, un ánimo festivo. Sabremos al promediar la obra que se trata uno de los hombres que cargó el ataúd del padre del cauchero. Si los pasos plomizos de ese hombre sirven para dar una medida del tiempo, Savia hace uso también del conteo de las respiraciones del enfermo, pero se trata en todo caso de un espacio sin tiempo.  

Además de las tres mujeres y el enigmático hombre de levita, la madre del protagonista es otro de los ¨intrusos¨ recurrentes, de los fantasmas que se materializan y traspasan sin esfuerzo las cortinas sucias que cuelgan del techo y cercan la cama. Elegantemente vestida, la mujer tiene el efecto de convertir al instante al cauchero en niño que la admira y la desea. Cuando en un momento dado, estas cortinas sucias y agujereadas se caen, es el último refugio del cauchero el que se evapora en un instante. Hasta terminar la obra se va a ver obligado a mirar a sus fantasmas de frente y los suyos van a tener la peculiaridad de no perder entidad al ser nombrados. Savia oscila entre la nostalgia por el esplendor perdido (indicado por música en francés y referencias a nociones de pureza racial) y el costo moral indisociable de esa fiesta ya lejana.

La obra otorga un lugar privilegiado al lenguaje. La palabra ¨purga¨ se invoca a lo largo de Savia como un mantra. Lo que surge al final de esta purga, una vez las tres mujeres recuperan sus cabezas y que se quitan las máscaras que ocultaban sus caras, es un idioma añorado (murui) y, hasta en ese momento, olvidado. Quedan íntimamente ligados así memoria, lenguaje e identidad.

Ficha Técnica

Savia

Texto:Chela De Ferrari

Dirección: Chela De Ferrari

Elenco: Leonardo Torres Vilar, Patricia Barreto, Cindy Díaz, Evelyn Allauca, Alejandra Bouroncle, Fiorella De Ferrari, Ricardo Velásquez, Luis Sandoval, Antonieta Pari

 

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