Marco Sanguinetti: “No me gusta cuando el músico se limita simplemente a hacer lo que tenía que hacer”

Por Eduardo Minutella Fotos: María Singla

El pianista y compositor lanzó 9, un disco en el que vuelve a interpretar música propia luego de su exitoso Cómo desaparecer completamente, en el que trabajó sobre música de Radiohead. 

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Para Marco Sanguinetti, el 2018 empiezó con buenas noticias. Por segundo año consecutivo volvió a ganar la encuesta de música creativa que realiza anualmente la publicación digital El Intruso. La siguiente entrevista, realizada unos días antes de conocidos los resultados, nos devuelve a un artista inconformista y reflexivo, siempre dispuesto a problematizar el lugar que le toca ocupar en el paisaje musical de la Buenos Aires del siglo XXI y las características particulares de una escena local dinámica pero todavía ceñida a un público entusiasta pero acotado. Y nada parece indicar que su reincidente elección como “músico del año” por buena parte de la crítica local pudiera modificar sus opiniones. En el encuentro, realizado en la trastienda del clásico bar La Poesía, Sanguinetti comentó 9, su álbum más reciente, pero también habló sobre el significado mismo de hacer música en un lugar siempre cambiante y en un tiempo en apariencia inasible. El mediodía caluroso de San Telmo no parece amedrentar a Sanguinetti.

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Mi vida transcurre más de noche que de día. Por mi trabajo, tengo un poco la posibilidad de elegir y casi siempre priorizo la noche.

Bueno, tu música tiene una condición un poco nocturna, ¿no? Incluso es un poco nocturna la tapa de tu último disco.

Puede ser, de hecho es un disco todo negro, ese fue un poco el plan gráfico. Es, nuevamente, un trabajo de Laura Varsky, que ya había colaborado en 8 y en Cómo desaparecer completamente.

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Cuando menciona su exitoso disco de versiones de Radiohead, que terminó de instalarlo en la escena local y fue reseñado en importantes medios internacionales, Sanguinetti ensaya un rictus incómodo.

¿Qué éxito, no?

Sí. Para mí por un lado fue muy sorprendente, pero por otro no sé si me gusta mucho lo que pasó, porque siempre lo consideré un proyecto menor, cuando mi verdadera prioridad es la música original. Pero ese proyecto tuvo mucha repercusión, tanto en el público como entre la prensa. Y no es así cuando yo saco un proyecto original. Y la verdad que eso no me pone muy contento.

¿Se acerca otro público cuando tocás Radiohead?26104699_10215319575645653_1972789459_o

Sí, eso incluso está contemplado. Y está bueno, porque te acerca a la posibilidad de conocer otros públicos. Pero en la prensa me llamó la atención eso. Porque uno tiende a creer que las personas que están más atentas o especializadas en la música nueva deberían manifestar una mayor curiosidad por la música original y el año pasado el proyecto de Radiohead tuvo consecuencias a nivel prensa que para mí fueron exageradas, incluso en medios del exterior. O sea, me parece positivo, pero a la vez paradójico. Es una señal que un poco me asusta, porque prefiero seres humanos dispuestos a abrirles las puertas a lo nuevo.

Hay igualmente una suerte de revival permanente que dice mucho sobre nuestra época. Remakes cinematográficas, bandas de hace treinta o cuarenta años que se reúnen para volver a tocar viejos discos completos, grupos que clonan a otros en su instrumentación, pero incluso hasta en su gestualidad…

Yo creo que siempre ha sido un poco así. El consumo cultural siempre es mejor digerido un tiempo después. Tiende a haber dudas sobre lo contemporáneo a nosotros mismos. A mí también me pasa. De hecho, siempre estoy prestándole más atención al anteúltimo disco de alguien que me interesa que al que acaba de sacar. Es una especie de comportamiento cultural que me lleva a pensar que tal vez las cosas que estoy haciendo ahora tengan mejor recepción en el futuro que en este momento. Capaz nadie me está dando bola ahora mismo, pero dentro de diez años sí se esté hablando de este disco.

La repercusión del excelente 9, claramente menor que la de su antecesor de versiones, es la piedra en el zapato que se instala en la charla.

¿No pensás que a esta altura 8 se ha instalado como un pequeño clásico de la música creativa que circula en torno al jazz en este país?

Yo creo que fue un disco importante para mí, pero no hasta qué punto puede haber sido importante para otros. No puedo entender muy bien qué lugar ocupa en la escena.

 ¿Y qué es la escena para vos?

Yo hablo siempre de la escena o del circuito del jazz porque creo que es algo que no está decidido por nadie. Los lugares para hacer música que están decididos por una persona o por un grupo de personas tienden a ser injustos. En cambio, la escena, o el circuito, es de todos y abarca cosas que tal vez no puedan ser consideradas como jazz en el sentido más puro u ortodoxo. A mí me gusta pensar que el jazz es eso, algo amplio e inclusivo.

En 9 hay algo que me generó una tensión, especialmente un tema muy interesante titulado Subte. Cuando lo escuché dije “acá hay una música posible para la Buenos Aires de este siglo”, algo que sonaba completamente urbano y contemporáneo, incluso mucho más contemporáneo que el estado actual de nuestro subterráneo. Y hay, a la vez, una especie de diálogo fluido y creativo con 8.

Cuando yo produje 8 estaba probando cosas, y esas cosas me funcionaron. Yo quedé muy contento con ese disco, con una cierta forma de componer, producir y mezclar sonidos. Y en 9 quise terminar de abarcar todas esas ideas, aunque en este caso trabajé con otro nivel de confianza. Es como si uno estuviera peloteando con una paleta ante un paredón. 8 es la primera pelota que arrojé contra la pared, mientras que 9 ya viene con la energía de su antecesor incorporada, es la pelota que ya volvió para que le pegues nuevamente.

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En el disco hay, por un lado un trabajo con la abstracción, ya presente desde la gráfica, o incluso en la elección de un número para el título, y por otro una lectura sobre músicas locales que ya habías ensayado en el disco sobre Radiohead, y que acá aparece, por ejemplo, en el caso de Murga triste.

Me interesa que hay una especie de descarga de argentinidad en estos proyectos. Para mí es un permiso que podemos otorgarnos. Por ejemplo, incorporar un ritmo de chacarera o de tango. A mí me gusta cuando siento que alguno de estos temas suena muy porteño, pero me gusta especialmente cuando el oyente siente que suena de acá y no sabe exactamente por qué, es decir, cuando no queda en evidencia el truco.

Eso es un poco la marca Sanguinetti, ¿verdad? Una música que suena cercana y remota a la vez.

Bueno, no es algo que pueda planificar, pero es cierto que una vez hecho yo puedo identificar elementos que tienen que ver con una música hecha acá, que por ejemplo pueden tener que ver con lo rítmico o lo melancólico de las melodías, articulado con una idea minimalista de la repetición. Creo que los porteños un poco comenzamos a apropiarnos de ese legado a partir de Piazzolla.

¿Y cuáles serían esos hitos y coordenadas musicales que de alguna manera tienen que ver con las características identitarias de tu música como una “música de Buenos Aires”?

Son muchas y muy variadas, lógico para una ciudad hiperdiversa cuyo rasgo principal es la mezcla y la convivencia cultural. Mi historia sí tiene que ver con algunas coordenadas. Una de ellas es la música de tradición europea, siendo que esta es una ciudad muy europea. Casi todos los que estudiamos música en esta ciudad mamamos esa tradición que pasa por Bach, Mozart, Beethoven, Chopin, más la tradición francesa de Debussy, Poulenc, Satie, Ravel. Cuando estudiaba música clásica esos eran los músicos que más me gustaban. Y creo que esos músicos franceses tienen que ver mucho con el jazz. Yo creo, por ejemplo, que en Debussy está Bill Evans. En las armonías, en las curvas dinámicas yo veo a Evans, y también a Jarrett. Y también músicos de acá, como Piazzolla, Troilo y Pugliese, que es una figura muy importante y cada vez más valorable para la música de esta ciudad. Y el rock argentino, claro, que tiene una especificidad muy valiosa. La música de Spinetta, por ejemplo, es un estilo aparte y muy rico, y más cerca nuestro, la música de Cerati. Y también músicos argentinos como Mauricio Kagel, cuya obra ya no conserva prácticamente señales identitarias identificables.

 

Como se desprende de tu música, no tenés ningún prurito con respecto a los géneros.

 No, no. Para nada.

Y pese a esa voluntad integradora lo que nunca aparece explícitamente en tu música es la apelación al universo de los standards.26145272_10215319575565651_1243736501_o

Es que yo nunca estudié jazz y nunca me interesó tocar como si fuera a trabajar en un crucero. A veces cuando me preguntan qué músicos que le gustan a todo el mundo no te conmueven caigo en la mención de alguno de ellos. O sea, me gustan, pero no es lo que más me llega. Con los standards de jazz tengo una especie de relación parecida a la que tengo con la ópera. Son músicas que he visto mucho y puedo entender, pero no me llegan profundamente. Por ejemplo, si tomamos el caso de Jarrett, me encanta su música propia, mientras que sus standards, aunque estén excelentemente abordados no me llegan. Bill Evans, por ejemplo, es un músico absoluto para mucha gente y para mí es un muy buen músico, pero nada más que eso. Sobre todo porque siento que recae todo el tiempo en lo mismo.

Si ponemos esto en la entrevista una parte de los lectores va a salir a matarte…

Lo que pasa es que el problema no es con Bill Evans o con los standards, sino con la detección de posturas en la música. Pasa con el folklore, también, e incluso en la música académica. Y hasta en la experimental. No me gusta cuando el músico se limita simplemente a hacer lo que tenía que hacer. Cumplir los mandatos de cualquier tribu musical me parece muy malo. Eso de “acá viene la intro, acá viene el solo”.

Bueno, en tu música la idea del solo casi no aparece.

Y si aparece es casi como un chiste. En 9, por ejemplo, hay un solo de batería que lo que hace es ironizar sobre lo que suelen ser los solos de batería.

La impronta recae principalmente en el tema de la composición, pero también en la posproducción.

¡Claro! Yo fantaseo siempre con esos documentales que cuentan cómo se graban discos como los de Bowie, Wilco, Achtung Baby…Por supuesto los de los Beatles. Y los días de trabajo con Manza son muy intensos.

¿Leíste el libro que publicó hace poco Geoff Emerick, el sonidista de los Beatles?

Pero te voy acontar algo sobre los Beatles que es un descubrimiento personal. Hace poco entendí que el tema más importante del disco blanco es While my guitar geently wheeps. Primero porque está ubicado en un lugar muy preferencial en la secuencia del álbum, y después porque tiene un tema previo que fue creado como precalentamiento para el que le sucede: Bungalow Bill. Es una canción medio tonta pero que sigue la misma pauta rítmica y tempo de While my guitar… Además en ambos el compás acentuado es el tercero, y son los únicos temas que están enganchados. Si escuchás un tema escindido del otro no surte el mismo efecto que si lo hacés con la secuencia completa.

Aunque tal vez una hipótesis de ese tipo sería difícil de elaborar para las nuevas generaciones de oyentes, que mayormente no escuchan canciones inscriptas en la lógica del álbum sino en playlists, ¿no? ¿Cómo se accede a discos tan conceptuales como los tuyos partiendo de esa lógica de la fragmentación?

Yo creo que la solución es tan fácil… Todos estamos como medio críticos de estas plataformas nuevas, pero en cualquier momento estas plataformas hacen un movimiento y nos cierran la boca. Para mí el principal problema es que por ahora uno pone play en Spotify y por ahí un disco termina y arranca otro y ni te diste cuenta, o no tenés información. No sabés ni quién tocó en esa grabación, datos que son importantes para quien escucha. Pero eso simplemente se solucionaría incluyendo esa información en la plataforma. No sé por qué no lo hacen, pero creo que en cualquier momento puede suceder que vayan más allá de las playlists y todas esas boludeces que a los melómanos mucho no nos interesan. Si, por ejemplo, ECM sube todo su catálogo es interesante poder ir a escuchar cada disco específico.

 ¿Y a la hora de componer la forma en que circula la música te interesa?

Sí, claro, me interesa completamente. Lo que no quisiera es ponerme en el lugar de defensor de los discos físicos, sino mantener una relación armónica con lo que está pasando. Quizás en breve haya que dejar de pensar en discos e imaginar nuevos formatos, que incluyan video u otras variables. La música se ha pensado en otras claves, desde las sinfonías hasta las performances, que no tienen estrictamente que ver con el formato disco.

maxresdefault (1)Cuando Peter Gabriel sacó Us había planteado la necesidad de explorar formatos interactivos, idea que coincidía con la irrupción del cd-rom. Aunque finalmente no prosperó en ese soporte, la cuestión coincide en algunos puntos con lo que planteás. Por otro lado, hay corrientes recientes que impugnan la música grabada y defienden la música en vivo y el acto de escucha como hecho exclusivamente presencial.

Idea con la que no concuerdo en absoluto. De hecho estoy cada vez más tentado a convertirme en un músico de laboratorio y ya no tocar en vivo.

 ¿No estás conforme con la repercusión de los conciertos?

La verdad que no. Yo lo que más disfruto de la música es tocar en vivo. No me pongo nervioso, nada. Incluso, cuando era chico, yo tenía el piano al lado del taller de pintura de mi papá. Y me gustaba tocar especialmente cuando él estaba, cuando sabía que me estaba escuchando. Pero aquí y ahora hay algo que no está funcionando, sobre todo en mi plan, porque yo quiero hacer conciertos donde esté todo muy armado, muy ensayado, muy producido. Y todo eso conlleva una preparación, pero si después vas y hay solo quince personas es un garrón. Entonces, estoy planificando que ese tipo de conciertos sucedan solo dos veces al año. Por otro lado, es lógico que si uno toca una vez por semana no se llene de gente.

 Y la idea de la jam tampoco te interesa mucho, ¿no?

Me encantaría una jam en la que no se tocaran standards. Yo ahí sí subo y toco, porque me encanta improvisar. En Buenos Aires hay muy buenos músicos como para que eso suceda. Yo he tocado en los Estados Unidos y me parece que la gente que hay acá es de primerísimo nivel. Pero hay algo del universo del vivo que hay que repensar.

¿Y no considerás que el Festival BA Jazz y los ciclos por el estilo ayudan a atraer gente y a que se pueda tocar en espacios bien preparados para lo que querés lograr?

El Festival es muy positivo para la ciudad, y trae músicos muy interesantes de afuera, gente que de otra manera difícilmente tocaría en el país, porque no hay productores interesados en promocionar sus shows. Pero por otro lado, tal vez sea un poco injusto con la escena local, que no termina de verse representada en su totalidad. Pero todos los espacios grandes, como la Usina o el CCK, o los conciertos en el hall del San Martín, son muy interesantes y positivos para una ciudad ávida de consumo cultural como Buenos Aires. Ene se sentido, esta es una ciudad impresionante.

Siempre hablás de Buenos Aires. ¿Ha circulado tu música en otros lugares del país?

Muy poco. Con el proyecto de Radiohead hicimos fechas geniales en Rosario, y cuando sacamos 8 también tocamos en Córdoba. Cuando los músicos viajan la gente aprovecha estas visitas. Hay muchas ciudades en las que suceden cosas y gente atenta y activa. A veces falta un poco de acompañamiento oficial en la promoción de propuestas novedosas. Las políticas culturales llegan siempre al final, con productos ya consagrados. Pero acá la mayoría de los músicos, sobre todo los que hacemos música instrumental, trabajamos a pulmón. Pero eso también hace que nuestros músicos, artistas y bailarines tengan tanta fuerza y capacidad de rebelión frente al contexto. De alguna manera, es una posición hasta política.

¿Y cómo decís algo político desde la música instrumental?

Bueno, a veces hay que contarlo entre tema y tema, en los conciertos, pero es la música la que te da la posibilidad de tomar la palabra. Así, en esas intervenciones y manifestaciones, uno se vuelve un poco cantautor. Por otro lado, el ser humano es inescindible de su obra.

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El ser humano y su obra. Aunque afable, Sanguinetti mantiene esa preocupación como constante mientras el calor aplasta a Buenos Aires. Tal vez otra vuelta de café no haya sido la mejor idea en una entrevista en que las hubo de a montones.

El año pasado estabas explorando la música de Yupanqui. ¿Seguís interesado en ese proyecto?

Sí. A mí me gusta mucho versionar, pero desde la óptica de la recomposición. Me parece muy interesante. Y trabajar con música de Yupanqui es genial, porque usa muy pocos elementos, pero muy precisos. Es como trabajar con la música de Satie. Pero por otro lado no quiero convertirme en un versionista, así que quizás lo retrase un poquito, para espaciarlo con respecto de mi disco anterior.

 ¿Y 9 cómo sigue?

No sé, yo soy muy impaciente, me canso rápido. Tocamos el disco más bien poco. Hicimos unos conciertos acá y algunos más en los Estados Unidos. Pero yo ya estoy pensando en lo que viene.

 Para terminar, ¿Qué está escuchando el ecléctico Sanguinetti?

Bueno, muchas cosas (ríe). Por un lado, algo que todo el mundo conoce, pero que yo descubrí hace muy poco: St. Vincent. Algunas cosas que grabó están muy logradas. Me gusta como canta y como toca la guitarra. Cuando aparece algo así en el mundo del pop siempre le presto atención. Por otro lado, hay un trío de piano, contrabajo y batería que hace música electrónica y minimalista, pero con instrumentos acústicos. Se llama Dawn of Midi. Son tipos grandes, con una trayectoria, pero que ahora hacen esto que me parece muy interesante. Y después, claro, siempre hay algo de música académica o sinfónica que me está atrayendo. La música de Ligeti, por ejemplo, me atrapa mucho. Y a raíz de Dawn of Midi estoy volviendo sobre Steve Reich, que realmente me fascina. Me cuesta mucho pensar cómo voy a componer música de ahora en más si no es de esa manera, loopeando a partir de estructuras minimalistas. Y de acá me gustó mucho el último disco de El Mató a un Policía Motorizado y Transmutación, el disco del Pipi Piazzolla. Y después están las cosas sobre las que vuelvo siempre: Stevie Wonder, los pianistas… Keith Jarrett, por ejemplo. A pesar de sus declaraciones, de sus quejas cuando vino a tocar al Colón, es un músico que admiro mucho.

Y Radiohead…

 Sanguinetti sonríe satisfecho. También algo desdeñoso.

 Y Radiohead, sí. Claro.

 

 

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