Hacer visible lo invisibilizado en La suerte de las mujeres

Por Juan Martín Nacinovich

 

Paula Vázquez escribió en su primera colección de cuentos, premiado por el Fondo Nacional de las Artes en 2016, en torno a la cotidianidad de la vida femenina. Un crisol de historias que dan una luz nueva sobre problemáticas e inquietudes cada vez más visibles.

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Las hamacas en la casa de campo de los abuelos, la alteración de la tierra según la estación del almanaque, un bar mudo con una propuesta de matrimonio gravitando de manera incesante, una manicura que escucha y oficia de pitonisa involuntaria, un hombre que se vuelve animal, las vísceras de un pescado de río, la percepción exigua del paso del tiempo, la vida y la muerte.

La suerte de las mujeres es el primer libro de cuentos de Paula Vázquez, compuesto por diez relatos escritos entre 2015 y 2016 y premiado por el Fondo Nacional de las Artes. Desde escenarios cotidianos, en cada uno de los cuentos se indaga con profundidad en el universo femenino, desde diferentes perspectivas y problemáticas, a través de distintos vínculos como la familia, una pareja, lo estrictamente laboral. Siempre las voces son de las mujeres. La coyuntura se yergue sobre una temática contemporánea que cada vez es más visible. Ya no está oculta ni es tabú, simplemente porque nunca tuvo que serlo.

La prosa de Vázquez tiene ritmo, dinámica, es precisa y meticulosa con los detalles sin ahondar más de lo necesario. “Mi problema es que siempre busco círculos nuevos, porque lo que se queda quieto se llena de pasado”, admite Julieta en Los dioses de la noche, para luego escuchar siete palabras por parte de Lina, la manicura de turno, y digerir una serie de pensamientos otrora confusos: “En tres meses voy a ser abuela”. Julieta entiende algo nuevo, o cree entenderlo, y crece. Se transforma.

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Algunos cuentos comienzan más gancheros, otros de modo más apacible, aunque no tardan en implosionar. Tulipanes arranca en plena sesión entre paciente y doctor. Se habla de los sueños, incluso de cómo éstos podrían ser fantasías. La protagonista no conforme con las indicaciones del profesional se desanima, abandona la terapia. Sale a caminar por un parque, porque es buen ejercicio y la violan. De un momento a otro, en menos de una carilla, su vida cambia por completo: “El tiempo no pasa. No sé quién soy”.

Calafate es otro de los puntos más altos del libro, un cuento de ritmo vertiginoso donde una madre viuda sobreprotege a su único hijo. Todo el tiempo se espera lo peor, el giro que culmine en tragedia. Vázquez juega con eso. En general, las protagonistas de La suerte de las mujeres no festejan. No hay estridencia. Tiran abajo toda clase de mandato inútil, tanto familiar como social. Las protagonistas se transforman, “como los colores de una vidriera cuando el verano se va”.

 

La suerte de las mujeres de Paula Vázquez

Años Luz Editora

114 páginas

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