El artista del desastre

Por Lux Tenebras

James Franco dirige The disaster artist, una película que pone sobre el tapete del mainstream el cine clase B. Un homenaje y parodia de lo que tal vez no tenga talento pero sí corazón.

13-disaster-artist.w710.h473.2x

Es muy difícil reflexionar sobre The disaster artist, sin que aparezca la palabra bizarro, como una suerte de contraseña significante. Lo que sucede es que The room, la película escondida detrás de la película, es una suerte de culminación de lo bizarro, su canto de cisne. Pero, ¿qué es lo bizarro? Ante todo, un fenómeno complejo. Hay muchas definiciones, pero también hay mucha ambigüedad al respecto, porque, como muchos principios epistémicos, dependen de un contexto que no es estable. Entonces, para unos significa una cosa, pero para otros, otra. No obstante, todos recurren al auxilio de esa palabra de significado dinámico, para hacerse entender.

Umberto Eco, para definir lo kitsch (otro nombre de lo bizarro), alude a los rasgos constantes de un autor, extraídos de un contexto, insertos en otro (con el que no comparte caracteres de homogeneidad), donde el mensaje se propone capaz de estimular experiencias inéditas. Lo cual es una buena definición para la obra, pero desmarcada del contexto. Ahora bien, en muchos casos, lo más inexplicable no es la obra, sino el modo en que circula.

No caben dudas de que The room es una obra bizarra, sea lo que eso sea. Pero, ¿quiso Tommy Wiseau hacer una obra para ser apreciada desde esa perspectiva? Más allá de la respuesta, la película se ha vuelto de culto, reportando cuantiosos beneficios y una fama en ascenso. Lo que llevaría a pensar que, sea cual sea la intención del artista, hubo una inteligencia en aprovechar ese tipo particular de consumo. Pero, ¿quién aprovechó realmente las circunstancias en beneficio propio? ¿El autor o el público? Porque el público también está sediento, expectante, necesitado, de ciertas obras que cumplan con los requisitos para ser apreciadas desde esa particular perspectiva, que oscila entre el ridículo, la autoparodia y el sarcasmo.James-Franco-The-Disaster-Artist

El debate es interesante y complejo. Hay muchos directores de cine que tienen plena consciencia del culto a lo bizarro y construyen su imaginería partiendo de esa base, explotando las potencialidades y posibilidades de un cliché gastado, sobre el que se insiste hasta que se carga de nuevos sentidos. Es una operatoria que, a esta altura, ya se ha sistematizado. El cine de clase B y el cine de explotación prácticamente no hacen otra cosa que seguir facturando gracias al culto a lo bizarro, que no es más que un tipo de consumo posible, de la Midcult (hablando mal y pronto, el consumidor promedio).

Nuevamente, lo interesante con el fenómeno kitsch y con lo bizarro, es que conseguimos decodificar el mensaje sin mayores dificultades, cuando existe una suerte de complicidad, entre el autor y el público (o entre la obra y el público). Sin embargo, cuando la intención del autor difiere por completo de esa intención, el asunto se enrarece. Tommy Wiseau no tenía intenciones de realizar una película paródica, sino un drama, una tragedia. Tommy Wiseau quería hacer una obra de arte, pero le salió una imitación de mala calidad, una caricatura. Paradójicamente, consiguió, gracias a ello, un culto aún mayor. Tanto así, que James Franco decidió realizar una biopic, que valida (y abre) nuevos interrogantes.

Hay muchos ejemplos de películas que fueron realizadas con una intención, pero cuyo mensaje fue decodificado con intenciones diferentes por el público. A veces pasan, incluso, años, hasta que se redescubre o reinterpreta una obra, bajo un nuevo paradigma (sólo por citar un ejemplo local, valga la mención a Un buen día, la película de Nicolás Del Boca). Lo que vuelve a The room tan singular, entre tantas otras películas malísimas que existen es que, por una parte, el director tuvo verdaderas ambiciones artísticas y, por otra, que no quiso realizar una película rentable, sino concretar un proyecto personal, hedonista.

Si uno desconoce el contexto, las circunstancias que hacen de The room una película excepcional, lo cierto es que, formalmente, no luce muy diferente a cualquier otra película de esas pseudo eróticas, sin mucho argumento, producidas para la televisión por cable. Bueno, puede que sea un poco peor, pero podría pasar desapercibida, si fuera otra película mala, del montón. Pero resulta que The room, además de ser muy mala, tuvo una producción millonaria y se estrenó en el cine y ahí es donde llama verdaderamente la atención.

franco-room

Escrita, producida, dirigida y protagonizada por Tommy Wiseau, The room no tiene ni pies ni cabeza. Quiere ser un drama, una tragedia de resonancias griegas, pero todo está mal contado, mal narrado, los diálogos son estúpidos, las actuaciones son acartonadas, imposibles. Las tomas están todas mal hechas, la fotografía y los encuadres causan pavor, la música es altisonante y pretenciosa. Básicamente, es la historia de un amor trágico e imposible. Lisa (Juliette Danielle) y Johnny (Tommy Wiseau) están a punto de casarse, pero Lisa ya no lo ama. En su lugar, mantiene relaciones a escondidas con Mark (Greg Sestero), el mejor amigo de Johnny. La madre de Lisa (Carolyn Minnott) piensa que es una pésima idea que abandone a su pretendiente, ya que Johnny tiene dinero. No obstante, Lisa no le presta demasiada atención a su madre, a pesar de que está enferma de cáncer. Por otra parte, Johnny ha decidido cuidar y proteger al joven Denny (Philip Haldiman), que ahora tiene problemas con las drogas y está secretamente enamorado de Lisa. Hay un cuarto personaje, Peter (Kyle Vogt), una suerte de psicólogo que intenta, infructuosamente, aconsejar con sabiduría. Todos juegan a lanzarse la pelota (literalmente hablando), sin demasiado entusiasmo y sin mucho sentido. Habrá algún twist en la trama, aunque, en conjunto, resulta escandalosamente previsible.

Por su parte, The disaster artist, recrea (fragmentariamente) esa misma película, poniéndola en contexto. Nos invita a conocer el detrás de escena de The room, pero también a conocer las historias personales de Tommy Wiseau y Greg Sestero. Puede que la vida de ellos sea tan extraña como la película que hicieron juntos. En cierta medida, The disaster artist es tanto una película biográfica, como la historia de una amistad. the_disaster_artist-267344284-largeEn varias de las críticas que circulan en Internet, la mención a Ed Wood aparece con regularidad. Hay varios puntos en común. Tal como Ed Wood, Tommy Wiseau se ganó la fama de ser un pésimo director de cine (uno de los peores) y, tal como sucede con la película de Tim Burton, el retrato del personaje es realizado con respeto y amabilidad, sin perder perspectiva de lo gracioso que puede resultar. En este sentido, el mérito es del polifacético James Franco.

Así mismo, vale la pena destacar que la recreación de la película dentro de la película, abre el debate sobre los límites del arte y la utopía de la copia. ¿Hasta qué punto es más artístico un original que una copia, cuando su recreación es absolutamente fiel al original? En fin, todos estos debates y otras consideraciones de café, pueden nublar el mensaje, la idea, de que la película es imponente, dinámica y sumamente divertida, por sobre todas las cosas. Poco importa que uno haya visto The room de antemano o no. The disaster artist funciona de la misma manera, siempre efectiva, siempre genial.

Anuncios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s