¿Quién le teme a Andy Kaufman?

Por Victoria Béguet

El documental de Netflix Jim & Andy cuenta cómo Jim Carrey canalizó al comediante estadounidense durante el rodaje de Man on the Moon, sacando de quicio a toda la producción con un humor inconveniente e incómodo.

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Un barbudo y sereno Jim Carrey- uno que no se parece a Jim Carrey-explica: ¨Ya no quiero nada. Es curioso decir algo así en Estados Unidos, pero ya no quiero nada¨. No son pocas las instancias en Jim & Andy en las que Carrey ofrece frases new age. Tampoco son infrecuentes los momentos en los que mira fijo la cámara, como dispuesto a dejarse contemplar por la misma. Así, quizás lo primero que llama la atención en Jim & Andy, documental producido por Netflix y estrenado en noviembre, sea la mirada de Carrey. No se trata en este caso de algo periférico a la narración: Jim & Andy es ante todo un astuto y bien planteado juego de observación.

La serie dirigida por Chris Smith y producida, entre otros, por Spike Jonze (¿Quieres ser John Malkovich?, El Ladrón de Orquídeas, Her) alterna material de la filmación de Man on the Moon (1999) de Miloš Forman, en la que Carrey interpretó al comediante Andy Kaufman, con imágenes de una entrevista actual. El documental gira en torno a decisión del actor de mantenerse en personaje durante todo el rodaje; de ser, cueste lo que cueste, el rebelde y genial Andy Kaufman. maxresdefaultCarrey recreó entonces muchas de las provocaciones que llevó a cabo el comediante durante la década del 70′ y principios de los 80′. También improvisó las propias, como llegar a la filmación con un grupo de Hell’s Angels o exigir ser llevado a la casa de Steven Spielberg para decirle que la última buena película que hizo fue Jaws. Las imágenes muestran in crescendo cómo la frustración se apodera de Forman, del equipo de producción y de los otros actores (salvo Danny Devito, a quien parece entretenerle todo el asunto) y cómo la relación con Carrey se va tensando cada vez más.

En 1999, Carrey era ya un actor consolidado, con altos niveles de popularidad. Gracias a The Truman Show (1998), había logrado modificar su imagen para ser considerado un “actor serio“. Sin embargo, Carrey encontró la figura del comediante atractiva por varios motivos; por un lado, le permitió apartarse del mundo o, por lo menos, de la industria demencial en la que se encontraba. Por otro, jugar a ser Kaufman lo emparentó con una figura de culto en el mundo de la comedia de los Estados Unidos. Parentesco caprichoso pero acaso legítimo.

No sin ironía, el actor desliza durante la entrevista que el enojo de Forman se debió a que lo que quería al contratarlo era un imitador. El juego que propone Carrey entonces, reconfigurado en médium, es canalizar a Kaufman de cierto modo, pecando de solemne y con marcados tintes místicos. Así, habilita interrogantes en torno a la identidad y la representación. ¿A quién miramos cuando vemos a Carrey en la piel de Kaufman hablando con la hija que éste no llegó a conocer y que lo trata como si fuese su padre?jim-andy_improv ¿A quién miramos cuando Carrey nos mira fijo pero como si nos nos viera, como si él mismo fuera un punto ciego? En esta burla a la mirada del público, la identidad se presenta como algo inconcluso que no admite permanencias.  Por otra parte, el documental de Smith puede desprenderse otra pregunta: ¿Es lícito provocar utilizando provocaciones pasadas y sobre todo, ajenas?

La comedia de Carrey es una comedia anclada en lo corporal, que explora a fondo y con formidable destreza aquel territorio, exigiéndole al cuerpo tanto mímesis como transformaciones físicas que lo arriman al grotesco. Es probable que sea recordado como el sucesor de Jerry Lewis (por su estilo, por su popularidad) y no el de Kaufman. db_posters_34196Nacido en New Jersey en 1949 y fallecido a los 35 tras una carrera vertiginosa y repleta de episodios tan absurdos como memorables, persiste en su obra una cualidad etérea y extrañamente melancólica. Su cuerpo no ocupa el centro de la escena (basta comparar las imitaciones de Elvis de Carrey y de Kaufman). Se trata de una comedia más cerebral, ácida, de trazos finos, que fija su eje en la burla constante a las convenciones sociales, entre las cuales se destaca la necesidad de reír y de hacer reír. Kaufman se jactaba de “no haber contado un solo chiste a lo largo de su carrera”. Su comedia, poco conocida fuera de de los Estados Unidos, conserva siempre algo de extranjería y de contacto con el absurdo. Uno de los logros de Jim & Andy consiste en revelar una suerte de intimidad estrafalaria entre Carrey y el fantasma de Kaufman. Carrey acaba por interpretar correctamente el mandato de su predecesor y, en una suerte de pase mágico, su comedia se eleva y encuentra por un momento la sutileza, la acritud y, sobre todo, el inconformismo que hubiese querido tener, sin risas liberadoras.

 

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