Delirio bizarro en la nueva edición del Buenos Aires Rojo Sangre

Por Rodri Botta

Hoy finalizó la 18° edición del Buenos Aires Rojo Sangre, el festival de cine de género más importante de Latinoamérica. Durante diez días, como viene sucediendo hace casi dos décadas, los amantes del cine de terror, fantástico y bizarro pudieron disfrutar del banquete sangriento más ilustre de la movida cinéfila.

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La concepción dominante del cine argentino mantuvo desde siempre una relación recelosa y pedante con la clase de películas proyectadas en el BARS. No obstante, durante las últimas décadas, de manera subterránea e independiente, desde los márgenes y “deshechos” de la cultura, por fuera de los protocolos pacatos del “buen gusto”, el cine de género se comenzó a propagar y desarrollar como un virus. El BARS tiene un rol clave: ya que funciona como un espacio de confluencia donde se visibilizan una serie de películas que no circulan por las órbitas comerciales. Y, además de servir de plataforma para que muchos directores den a conocer e impulsen sus proyectos, este festival es una tribu de reivindicación festiva, donde se recupera la figura del presentador carismático y del público activo que durante las funciones celebra, califica películas, agita, destapa latitas de cerveza, aplaude y no pocas veces estalla en carcajadas o grita. Durante su última edición, el BARS ofreció un rico y heterogéneo panorama del cine de género independiente. Las películas se organizaron en diferentes ternas: la internacional, la iberoamericana, la bizarra.

Dentro de las películas internacionales se destacan dos que pertenecen a campos poéticos extremadamente diferentes. Por un lado, Hostile, la ópera prima del francés Mathieu Turi –premiado como mejor guión de largometraje–, donde se narra de manera sobria y dramática la errancia solitaria de Juliet, una joven melancólica que busca sobrevivir en un mundo apocalíptico, desértico, ruinoso, asechado por criaturas monstruosas que aparecen por la noche entre los restos de la civilización extinguida y los recuerdos de una vida perdida. Por otro , opuesta al clima de Hostile, se distingue la delirante Kodoku: Meatball Machine dirigida por el maestro del gore Yoshihiro Nishimura. Doce años después de Meatball Machine, de Yudai Yamaguchi, Nishimura retoma la historia y redobla la apuesta de manera extrema.aterrados- Una nave espacial aterriza en una ciudad del Japón. Los extraterrestres colonizan a los humanos y los transforman en cyborgs-mutantes que solo quieren masacrarse entre sí. En medio de esa carnicería abyecta, Yuji, un cobrador de deudas de impronta kafkiana, intentará salvar a su amada y a la humanidad. Con esta secuela, el cineasta japonés, desafía y dinamita los pilares de lo “estético”. Nos invita a una orgía visual border, violenta, vertiginosa, plagada de cuerpos deformes, de mutaciones, sobredosis de sangre, de tripas, de prótesis, de humor absurdo y delirios biomecánicos. Y además, como si fuera poco, Kodoku: Meatball Machine cuenta con un cameo de Eihi Shiina –el hada del splatter japonés– recordada, entre otras cosas, por ser la maravillosa Asami de Audition.

Otra película destacada, en este caso dentro de la competencia Iberoamericana, fue la paulista Mal Nosso (Our evil) del debutante Samuel Galli. En ella, un hombre iniciado en el espiritismo contrata a un sicario para que mate al demonio que posee a su hija. Si bien, la historia de la película parece sencilla, su arquitectura narrativa es sumamente compleja y fragmentaria. Las líneas temporales están rotas, se cruzan y enredan,  se vuelven porosas e indistinguibles como las fronteras que separan la realidad de los personajes y sus demonios. Por otra parte, los efectos visuales de Our evil están hechos de manera artesanal.

El Rojo Sangre siempre ha brindado espacio a las producciones locales, este año hubo varias sobresalientes. Por ejemplo, la provocadora Malvineitor, de Pablo Marini, que fue elegida por el público como el mejor largometraje de la edición. Ésta sátira desopilante y corrosiva se desarrolla en un futuro distópico y cercano. Es el año 2022 y debido a los desequilibrios climáticos el mundo se encuentra en crisis: los recursos son cada vez más escasos y la pobreza se expande irrefrenable. Para velar los efectos de esta crisis que parece terminal, el presidente vitalicio argentino –cuyas iniciales son MM– decide comenzar una nueva guerra contra Inglaterra por las Islas Malvinas. OE-Woman-Bloody-Face-ScaredLos soldados llegan al territorio en disputa. Y, después de dos años de conflicto, las fuerzas británicas parecen imponerse. No obstante, un soldado argentino, experto en artes marciales ninjas, denominado Malvineitor –descollante actuación de Vic Cicuta–, se enfrentará a las fuerzas inglesas y descubrirá un misterio oculto en las Islas. De manera descarnada, esta película colmada de sangre, de excesos escatológicos, de peleas, satiriza una serie de pulsiones fascistodies anidadas en nuestro inconsciente colectivo.

Por último, la coronada de este BARS fue Aterrados, la cuarta película de Demián Rugna; que, además de ganar el premio al mejor largometraje en la competencia internacional, se quedó con el premio al mejor actor por la increíble labor de Maxi Ghione y con una mención especial por la banda sonora. En la línea de Poltergeist, esta impecable y exasperante película de terror una serie de fenómenos paranormales que acontecen en un barrio del conurbano: un vecino que desaparece sin dejar rastros; voces que se escuchan adentro de las canillas y detrás de las paredes; una mujer que explota espasmódicamente su cabeza contra las paredes del baño; objetos que se mueven sin explicación; un niño muerto que no está muerto; criaturas monstruosas que atraviesan umbrales y producen efectos devastadores en nuestro plano de existencia. En ese contexto, el escéptico e incrédulo comisario Funes (Ghione), acompañado por tres cazafantasmas, intentarán develar que hay detrás de estos sucesos. Y, en una escalada de tensión, sostenida por actuaciones potentes y una banda sonora estimulante que perturba y sumerge en estados de trance, el comisario se verá cara a cara con lo indecible.

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