Ricardo Romero: “Quería estar dentro del monstruo”

Por Alejandro Tellería  Fotos: Lucía Martínez

En El conserje y  la eternidad, el autor entrerríano recorre tres días claves de la historia argentina a través de la mirada de Drodman, un hombre-monstruo que se esconde en los recovecos de los edificios de Buenos Aires.

DSC_0263

 

Ricardo Romero, nacido en Paraná, Entre Ríos, lanzó su nuevo trabajo El conserje y la eternidad, una novela sobre la historia de un hombre-monstruo que habita un edificio en tres momentos muy importantes de la historia argentina. El escritor plasma en forma de diario íntimo las acciones y sensaciones de esta personaje oscuro, sombrío, primitivo y misterioso.

***

¿Por qué Drodman se pone a escribir en 1955, 1982 y 2001?

Drodman no se pone a escribir sólo en esas fechas. Está la idea de que hay otros cuadernos y éste es sólo un recorte que hago yo. De hecho, él menciona que en sus mudanzas encuentra unos cuadernos que creía haberlos tirado. Y las elegí porque quería tres momentos que me parecieran significativos y con una distancia entre sí, que me permitiera mostrar a un personaje que no cambiaba en el tiempo, salvo ciertas cuestiones como los bigotes o unos anteojos que robó en el ’55. A su vez, lo ubicaba trabajando en la zona de Plaza de Mayo y quería ponerlo en una situación que lo sacara de su cotidianeidad pero que, al mismo tiempo, fuera una circunstancia excepcional que generara otra escritura. Me interesaba llegar al día que narraba el bombardeo.

DSC_0253

En general, me atraen las historias minúsculas que suceden mientras las historias grandes están sucediendo. La literatura latinoamericana entre los ’60 y los ’70, centrada en el realismo mágico, estaba acostumbrada a los grandes personajes como coroneles, generales o dictadores y a mí me parece muy atractivo, y productivo, ver las otras historias que están ocurriendo a la par y qué cosas de esa historia grande se trasladan a las vidas menores. A veces aparecen muy pronto y otras tardan veinte años. No hay una sincronicidad entre la historia grande y nuestra experiencia vital. Nosotros percibimos los hechos de una manera mucho más lenta.

Además, me interesaban tres paisajes muy específicos para contar: los edificios de oficinas de los años 50 ubicados en el centro porteño, un hotel de los 80, en la época de la dictadura donde había tanta persecución, paranoia ¿cómo se manejaba un lugar que era de paso, donde entraba y salía gente todo el tiempo? ¿Cómo funcionaba eso y cómo funcionaba la gente ahí?

En el momento del interrogatorio cuando muere la pareja, la reacción de Drodman es de indiferencia…

Su trabajo es no tener curiosidad. También quería que estuviese en un edificio residencial de departamentos grandes, en otra zona y en donde pudiera convivir de forma más cercana con historias familiares y con la intimidad de los distintos habitantes del lugar.

¿La ciudad de Buenos Aires tiene propiedades laberínticas que permiten este tipo de historias?

Totalmente. Casi que cualquier ciudad grande las tiene, pero son más planificadas. En particular, Buenos Aires tiene mucha riqueza histórica, ha crecido de manera muy caótica. Mucha sangre que ha recorrido sus calles y la hace especial. Hay muchas Buenos Aires superpuestas. En mi trilogía policial (El síndrome de Rasputín, Los bailarines del fin del mundo y El spleen de los muertos) Buenos Aires es mucho más gótica, casi de ciencia ficción. Cada vez que pienso esto, imagino la casa Winchester que se cree maldecida por los espíritus de las víctimas de las armas creadas por el inventor norteamericano. Entonces, una médium le dijo a la viuda, Sarah Winchester, que tenía que construir una casa laberíntica y en constante refacción para que los fantasmas se perdieran ahí adentro. Todas las edificaciones urbanas tienen esos pasillos ciegos o huecos como los pulmones de manzanas y son esas cosas que me encantan y las he ido explorando en distintos libros. En La habitación del presidente está eso de que nunca terminás de conocer tu propia casa. Parece que las paredes se tocan y que sólo conocés la fachada de tu hogar, lo superficial porque está conectada a la fachada de la propiedad de al lado ¿dónde empieza una y dónde termina la otra?

DSC_0252

El protagonista se apega a ciertas personas en particular y siente una gran necesidad de encontrar refugio: duerme debajo de la cama, se maneja siempre dentro del edificio y le da miedo la calle, ¿cómo es esa vulnerabilidad casi claustrofóbica que tiene Drodman?

Tiene algo de eso. Hay una frase al principio del libro que me sirvió mucho como guía para pensarlo: “la clave para existir es ocupar poco espacio y yo existo mucho”. Por eso quiere ocupar poco espacio, es como una alimaña que necesita tener márgenes apretados. La ciudad lo perturba, lo marea.

La caldera es casi un personaje que no habla, ya que está siempre presente como el centro neurálgico de la intimidad de Drodman, ¿tiene que ver con ese interés tuyo por los pulmones de manzana?

Sí y también la caldera representa la inminencia de lo que está por pasar. Son artilugios muy extraños y amenazantes. Además, Drodman tiene una relación con lo caliente. Toma mate pero no porque le guste el sabor sino porque quiere sentir el agua caliente, incluso, que le queme la boca. Y con la caldera, llega a acariciarla y sabe que el calor que corre por las paredes nace ahí.

Si bien Drodman no se presenta como un clásico vampiro, tiene rasgos bastante vampíricos, ¿crees que las épocas que elegiste para contar esta historia eran los más óptimos, en su contexto porteño, para el despertar de una criatura de esta naturaleza?

Todos los subtítulos que aparecen en los capítulos son nombres de criaturas de genealogía vampírica de distintas partes y épocas del mundo. No son vampiros tradicionales, sino encarnaciones de ese tipo de figuras. Hay criaturas muy raras, poéticas y absurdas. Pero él no despierta en esos momentos. Esos son fragmentos de su existencia y es muy indiferente al caos y a la violencia exterior. Incluso, en la tercera parte, esta violencia exterior es tal que las cosas que hace Drodman quedan desapercibidas. No creo que tenga una actuación más arriesgada a partir de eso. Es una criatura que está muy sola, en un presente perpetuo.

DSC_0250Y que además se va conociendo a sí mismo a lo largo del relato, encontrado contradicciones en su propio pensamiento…

El proceso de conocimiento a través de la escritura es también de desconocimiento, no es unidireccional. Yo creo que muchas veces el conocimiento está sobrevalorado en ese sentido. El escribir es una experiencia que nos puede enseñar, no sólo a lo que tenga que ver en el trayecto lineal del saber, sino también a convivir con la duda y con la incertidumbre. Uno puede ir planteando diferentes posibilidades que en el momento en el que son trazadas, son y que, inmediatamente después, dejan de serlo. Tiene mucho que ver con la poesía. Por eso, es un lugar peligroso para cualquiera que quiera atrapar al lenguaje. La escritura es, en ese sentido, revolucionaria.

¿Vos también fuiste conociendo a Drodman mientras escribías?

Sí, por supuesto. Su aprendizaje con la escritura tiene que ver con el mío en tratar de ubicarme en el lugar de esta criatura, que es lo que más me interesa de esto. Más allá del resultado en el éxito en ventas del libro, no hay nada que se iguale al momento en donde algo se está revelando y que, inmediatamente después, se esfuma. Por un lado es hermoso, pero puede ser descorazonador por el otro.

El hecho de que el personaje trate muchas veces a sus víctimas como “alimento” ¿tiene que ver con ciertos personajes políticos de aquellos momentos que trataban al pueblo de la misma manera?

Es cierto que eso pasaba, pero no es algo que yo quería introducir en el libro. Seguro que estaban esos personajes y que todavía los tenemos. Lo que no me gusta a mí es transformar al vampiro en una alegoría ya que encapsula al sentido, lo recorta y lo censura. Me interesa más la metáfora como procedimiento porque abre el sentido, lo multiplica. Un monstruo en donde nosotros depositamos muchas cosas y no es un reflejo del hijo de puta de turno. De esos, hay todo el tiempo y van a seguir estando. Muchas veces no hace falta alegorizarlos, están ahí y son evidentes. Podemos decir que tal persona es como un vampiro, pero estamos siendo injustos con el vampiro, que es otro tipo de criatura.9789877384048

Es frecuente el uso de cloroformo y heroína por parte de Drodman para poder dormir, ¿los utiliza también para calmar ciertas ansiedades personales?

Lo pensaba como para calmar cierta sensibilidad física. Él, si bien no tiene una visión muy desarrollada porque se le confunden las caras y usa anteojos de otros, tiene un olfato, oído y tacto muy desarrollado. Es esa parte animal la que tiene que neutralizar para poder dormir en ese mundo que es muy tóxico e invasivo. Hoy por hoy estamos muy acostumbrados a ser invadidos por la contaminación visual y auditiva que es terrible. Creo que también la escritura le funciona, en algunos casos para darle la espalda a sus propios sentidos.

El conserje y la eternidad, de Ricardo Romero.

Alfaguara, 2017.

160 páginas.

 

Deja un comentario