Touching from a distance: disipar los atisbos de glamour en la muerte joven

Por María Singla

La editorial Dobra Robota lanzó este año la primera traducción argentina de la biografía de Ian Curtis escrita por su esposa. Una visión íntima sobre uno de los mayores ídolos del post punk.

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Más de veinte años después del suicidio del cantante de Joy Division, Deborah Curtis logró disipar cualquier atisbo de glamour que pueda romantizar la muerte joven de alguien que luchó contra sus propios demonios. Lejos de subir a Ian Curtis al podio mitológico de los ídolos caídos, Deborah disecciona en cada párrafo la vida trágica de un hombre que fue un incomprendido, pero también egoísta, narcisista y sobre todo, machista.

Touching from a distance logra captar el frenetismo de Curtis, uno de los principales referentes del post-punk y de la escena alternativa de Manchester. Justo cuando sus trabajos junto a Joy Division comenzaban a despegarse de la escena under inglesa y días antes de emprender una gira por los Estados Unidos, el cantante decidió quitarse la vida a los 23 años.

Si bien la biografía comienza con la infancia y adolescencia de Ian en Macclesfield, Deborah escribió el libro para reconciliarse con su propia historia y con el rol que ocupó – como pudo – en la vida de un hombre que ardió rápido, pero muy intensamente. El libro, entonces, gira en torno a la relación que supieron construir un adolescente que quería más que la vida que le proponía una pequeña ciudad inglesa devastada a fines de los 70’ y una joven que lo idolatraba por su excentricismo. Curtis era controlador y manipulaba a quien después se convertiría en su esposa y en la madre de su hija, Natalie. Deborah relata la formación de Warsaw – primer nombre de Joy Division – desde el seno de su pareja, reivindicando su versión de la historia, que incluye la lucha contra la epilepsia del cantante – y los efectos que le producían los medicamentos que le recetaban – e inestabilidad económica constante.

 

El libro habla de los procesos creativos de un hombre que no paraba de escribir, pero no lograba comprender las consecuencias de su aislamiento. Deborah esboza algunas suposiciones, pero la vida de su marido, sobre todo una vez que Joy Division empezó a tocar con asiduidad, queda velada en partes. Si bien hubo un trabajo recopilatorio exhaustivo, las declaraciones de Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris, los demás miembros de la band

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a, parecen mantener algunas reservas cómplices, sobre todo respecto a su gira Europea. Allí, Curtis conoció a la belga Annik Honoré, que se convertiría en su amante. Lejos de mostrar atisbo alguno de simpatía para con la mujer – su testimonio es el gran ausente en la compilación de la biografía – Deborah admite que Honoré también quiso ayudarlo. “[Honoré] Le dijo a Tony [Wilson, dueño del sello que produjo los discos de Joy Division] que odiaba Closer porque pensaba que Ian sentía de verdad lo que decían las letras y experimentaba culpa mientras cantaba. A diferencia de mí, ella tuvo la ventaja de haber escuchado las letras de Closer antes de la muerte de Ian. Si bien fue lo suficientemente intuitiva como para tener un indicio de lo que pasaba por la cabeza de Ian, todos ignoraron sus advertencias”. Y Deborah, luego de 20 años, no se los perdonó jamás. Su marido la excluyó de su vida y su banda y amigos, que se convirtieron en lo único que importaba, no pudieron hacer más.

Touching from a distance: Ian Curtis y Joy Divison de Deborah Curtis.

Dobra Robota Editora, 2017.

269 páginas.

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