Un viaje inasible En cualquier lado

Por Esteban Galarza

Pablo Katchadjian publicó su última novela, En Cualquier lado, en la que juega y disfruta con su capacidad inventiva y logra una historia delirante e inverosímil.

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En 1714, cerca del final de su vida, Gottfried Leibniz publicó en francés Monadología, un tratado extraño que resumía gran parte de su filosofía y que buscaba explicar la metafísica de las sustancias simples, indivisibles. Una mónada era para Leibniz un ente que en si mismo era complejo, pero que si se lo intentaba dividir dejaba de ser él mismo. Unidad compleja y al mismo tiempo simple porque seguía siendo única y no plural. Además, una mónada es un átomo espiritual, no material, es el alma de las personas que buscan de algún modo otras que habitan en otras almas. Así se forma una extensa red donde se produce el encuentro. No se sabe a ciencia cierta cuándo comenzó el proceso ni cuando terminará. La realidad es como un extenso lago y las mónadas son como gotas que caen en esa superficie lisa y se expanden en ondas que chocan con ondas de otras mónadas.

En su última novela, Pablo Katchadjian esboza un principio similar al expuesto por Leibniz. En cualquier lado (Blatt & Ríos, 2017) comienza in media res con un narrador que intenta conquistar infructuosamente a Diodora, una chica de quien solo se sabe que trabaja en una oficina, que tiene la atención puesta en cualquier lado menos en el narrador y que busca hacerse inmune bebiendo diversos venenos.

Pero esa galantería infructuosa es solo el inicio de un viaje delirante a través de escasas 100 páginas, en las que los personajes nunca dejan de moverse. Así el protagonista se hace amigo de los compañeros de oficina de Diodora, que se desvanece y reaparece tiempo después de un modo caprichoso. El protagonista es absorbido por su alter-ego, Gato, quien parte en aventuras cada vez más delirantes y atemporales. Múltiples  personajes le salen al encuentro proponiéndole asistir a luchas clandestinas, armar ejércitos e ir a conquistar reinos en un sinfín de aventuras y delirios imposibles de asir. De nada sirve buscar un sentido lógico porque En cualquier lado no lo tiene.

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La novela de Katchadjian guarda íntima relación con el Ferdydurke de Witold Gombrowicz y con el César Aira de La liebre o Cómo me hice monja. El dinamismo está puesto en el viaje y en lo imposible. Si en éste momento del relato se está aquí, se avanzan unas líneas y todo lo que tenía sentido ya no lo tiene más, cambia. Incluso no es recomendable acostumbrarse a ningún personaje, porque lo único que permanece hasta el final es la voz omnipresente y ausente de Pablo Katchadjian, quien estira hasta el límite el poder de inventiva. Todo dentro de ese mundo es posible y relativo, tanto el tiempo como la importancia de los personajes que vuelan, se deslizan, viajan, aparecen y desaparecen como hojas en el viento.

La inventiva delirante del autor supo tener mejores resultados en microrelatos como los de El caballo y el gaucho (Blatt & Ríos, 2016). Tal vez se deba a que en el flujo todo se desdibuja un poco. En cualquier lado muestra una vez más el universo infinito y divertido que puede salir de la cabeza de Pablo Katchadjian, que cual primer principio de la cadena de mónadas que se entrecruzan en la novela, solo respeta la unidad que le da ser autor único de una novela plural e invertebrada y sin otro eje aparente que el entrechoque de personajes y el viaje hacia el infinito.

En cualquier lado de Pablo Katchadjian.

Blatt & Ríos

100 páginas.

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