Las historias nacientes del laboratorio de Ricardo Bartís

Por Romina Araceli Burgos  Fotos: Julieta Desmarás

La investigación de la actividad mostró una propuesta que irrumpía con los parámetros del espacio, conduciendo al espectador hacia múltiples lugares, desde la parte visual hasta lo emocional.

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El laboratorio de creación citaba en hora y lugar a las 15:30 de un sábado en la sala de la UNSAM. Fue de carácter “experimental”, sin la búsqueda de un objetivo o final concreto, sino más bien la resolución de pequeños conflictos en un instante presente, con intervenciones que permitan investigar en la creación escénica.

“La investigación” mostró una propuesta interesante que irrumpía con los parámetros del espacio, conduciendo al espectador hacia múltiples lugares, desde la parte visual hasta lo emocional.

La actividad se dividió en dos partes con complicidad del espacio físico de la sala: en primera instancia, una vez inaugurado el momento de creación, los espectadores fueron conducidos hacia la parte del subsuelo de la sala. En esta sala, con columnas al medio y pequeños pasillos, estaban en espera los actores. Los actores se agruparon en dúos posicionados en hileras y algunos en el medio del espacio. Cada dúo realizaba un número diferente, con objetos y vestuarios especiales de acuerdo a cada situación. El espectador tenía la libertad de ver uno, luego otro y otro sucesivamente sin la atadura de tener que quedarse a mirar una muestra hasta el final.

La segunda parte de esta investigación se localizaba en la parte superior de la sala, en un escenario muy amplio de aproximadamente veinticinco metros de largo por ocho metros de profundidad. A esta gran amplitud se le sumaba el plus de la luz natural que ingresaba a la sala desde un enorme ventanal. Tantos metros cuadrados para ser aprovechados por los actores en escena habilitaba muchísimas posibilidades de poder explotar esa virtud, y lo hicieron. Un personaje recorría de punta a punta este espacio montado en una bicicleta, mientras gritaba “Extra, extra. Estamos en huelga”, recorriendo los rincones sin retención. 20170712_161936Algunos se colocaban en parejas y bailaban libremente, desplegando los vestidos y los pasos, otros simulaban un enfrentamiento de golpe contra golpe. También una chica con patines recorría el lugar, todo sucediendo al mismo tiempo, en la misma sala. Muchas imágenes podían ser retenidas y apreciadas aunque no se pudiera oír con claridad lo que hablaban entre ellos debido al retumbe del propio espacio.

Se trataba de treinta y tres cuerpos en constante movimiento, entregando todo a su público. Cada uno de ellos caracterizado de forma distinta, haciendo alusión a un personaje en particular. Interactuaban entre si y también con los espectadores, rompiendo la cuarta pared en más de una ocasión. Cada personaje se vinculaba con los demás de maneras muy distintas. Por ejemplo, se podía ver una pareja bailando un tango y al siguiente instante, cada uno por su lado coqueteando con otras personas para luego volver a reencontrarse.

La dinámica de la obra consistía en proponer un espacio poco entendible para el público. Constantemente se producían hechos diferentes al mismo tiempo, superpuestos uno del otro. Esto provocaba en el espectador la sensación de prestar atención a los costados, observar los gestos que surgían de los diálogos entre ellos, pero también generando la sensación de frustración por no poder tener más que un par de ojos para ver todo lo que estaba pasando.

Al tratarse de una propuesta de investigación, apuntada a la creación y experimentación en un tiempo real, presente, con cuerpos activos y caracterizados por un vestuario particular, la historia o la narrativa de la puesta disparaba hacia varios lugares. Al comienzo no lograba entenderse muy bien lo que estaba pasando. En un momento, uno de los personajes se acercaba al público que estaba en la primera fila y decía muy tímidamente “ya va a pasar algo, en seguida va a pasar algo, no estamos locos, esperen que algo va a ocurrir”. Esta frase repetida una y otra vez provocaba una sensación muy extraña. ¿Cuándo un actor calmar las ansiedades de un público que espera ver algo?

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Se trataba de una fiesta popular celebrando el aniversario de la muerte de un doctor importante para la comunidad de un pueblo sin nombre. Este festival convocaba a los lugareños a participar y, en medio del acontecimiento, se producían múltiples situaciones. Había instrumentos de música, organizadores, matrimonios, vendedores ambulantes y una niña que recorría con sus juguetes todo el espacio.

Finalmente, la investigación comenzaba a concluirse, sin una acción que oriente concretamente este final. Simplemente, los actores inspirados por la música que sonaba de fondo su colocaron en hilares de frente al público, alzando su voz en un simple “na na na” que sonaba armonioso a la melodía. De repente, se podía ver que detrás de ellos empezaba a hacerse presente una hoja de papel blanco. Se podía percibir que no se trataba de un papel cualquiera, ya que muchas veces se vio a los personajes cada uno en la suya, sin mostrar mucha relación con un ambiente en común más allá de compartir un mismo espacio. Este papel estaba en la mano de cada uno de ellos y tenía un valor simbólico de mucho peso. De repente, cada uno empezó a dar vuelta la hoja, al principio fueron unos pocos, luego se fueron sumando producto de un contagio grupal.

Este papel definitivamente tenía un valor, un mensaje que compartían todos los personajes y personas que habían participado de esta investigación. Finalmente, todos develaron la incógnita, produciéndose un silencio que parecía durar una eternidad. Cada uno de ellos, mirándonos de frente nos mostraba los ojos de Santiago Maldonado.

Laboratorio de creación Nº5 dirigido por Ricardo Bartís

Teatro Nacional Cervantes

Participantes: Facundo Aquinos, Ariadna Asturzzi, Diego Benedetto, Cristina Blanco, Marina Carrasco, Fabián Carrasco, Delfina Colombo, Brenda Costa, Luciana Cruz, Carolina Deznán, Martín Diese, Luciana Dulitzky, Alejandra Endler, Natalia Giardineri, Nicolás Gimenez, Francesca Giordano, Martín Goldber, Nicolás Goldschmidt, Juan Isola, Cristian Jensen, Sang Min Lee, Tomás Mesa Llauradó, Sebastián Mogordoy, Gabriela Pastor, Melina Peresson, Juan Prada, Guillermo Roig, Juan Santiago, Daniela Salerno, Martín Scarfi, Clara Seckel, Rocío Stellato, Sol Titiunik.

Dirección: Ricardo Bartís

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