La angustia no es cuestión laboral en La empresa perdona un momento de locura

Por Juan Pablo González Manrique de Lara

Edgardo Nieva se mete en la piel de Orlando, una representación del típico obrero argentino que depende de un trabajo que lo absorbe. Todos los jueves en el teatro El Piccolino.

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Todo trabajador  ha tenido un estallido contra la empresa para la que trabaja luego de ver una injusticia en acción. El criterio para distinguir la verdad y mentira, lo correcto o incorrecto se pone en juego siempre que se da una situación compleja en un entorno laboral. Quienes poseen mayor recurso simbólico y manejo de tensiones, pueden elegir no enojarse. Pero a veces, quienes más trabajan y menos analizan sutilezas intelectuales explotan ante una situación negativa fortuita. Este es el caso de Orlando, un operario con 23 años de antigüedad en una empresa y familia sufrida,  protagonista de La empresa perdona un momento de locura.

La obra fue creada por Rodolfo Santana,  y adaptada y dirigida por Julian Cavero. El conflicto sitúa a un obrero histórico de la fábrica del señor Mendoza, que pierde la compostura ante el accidente de un compañero de trabajo. La psicóloga laboral de la compañía lo llama a su despacho, donde repasan toda su vida para encontrar la semilla de esa explosión contra la compañía que “tan bien lo trató a lo largo de los años”.

Edgardo Nieva interpreta a este trabajador arrepentido por su brote de ira pero con mucha frustración contenida. Durante toda la obra el papel es representado con muchísima potencia; a flor de piel. Las emociones de Orlando se vuelven un personaje más. Sus reacciones, su ira latente, sus actitudes machistas y dolores arraigados en lo profundo de su pasado definen a este hosco personaje. La vestimenta, la pose y la forma de hablar

Silvana Espada, interpreta a una psicóloga fría, calculadora y conocedora de las formas de alterar a sus pacientes, que bien podrían llamarse víctimas.  El personaje se hace un festín intelectual recorriendo las miserias del trabajador, y llenándolo de culpa por enfrentarse a su histórico patrón. Poco a poco, va conociendo la terrible historia del hombre.

Un arreglo realizado por el bandoneonista Lothar Hensel sobre Libertango de Astor Piazzola, suena en la sala. Tanto al principio de la obra como al cierre, la versión de la orquesta sinfónica de Xapala de la Universidad Veracruzana choca contra la audiencia, incomodándola por su volumen y su diversidad ruidos. Según su director, este efecto auditivo “genera un sonido parecido al de una máquina industrial en funcionamiento“. Cavero también se encargó de la iluminación, escenografía (un escritorio, sillas y un maniquí que tiene un rol más allá del complemento estético).

La pieza obra analiza las relaciones del trabajo y la forma en la que las pequeñas empresas generan en la mente de su empleados una relación amor/odio que condiciona el desempeño del individuo. En un contexto de incertidumbre laboral, como dice Nieva, esta obra y su esencia están más vigentes que nunca. Pero eso sí, hay que estar predispuesto para entender y conocer a Orlando; para abrir los ojos hacia una realidad del yugo laboral.

DFmwKPyXkAER54hActúan: Edgardo nieva y Silvana Espada

Autor: Rodolfo Santana

Adaptación y Dirección: Julián Cavero

*La empresa perdona un momento de locura. Todos los jueves a las 21 en El Piccolino. Fitz Roy 2056.

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