La guerra por el Planeta de los Simios: las esquirlas de la era Trump

Por Juan Martín Nacinovich

La trilogía comenzada en 2011 con El origen del Planeta de los Simios cierra con una película que se mueve entre la ciencia ficción, el género bélico y el western. En ella se vislumbran coletazos de conflictos políticos actuales.

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Caesar camina erguido, con la espalda recta y los hombros en posición vertical. Está todo el tiempo evaluando cada posibilidad, cotejando cada acción y maniobra. Es sumamente inteligente, misericordioso, benevolente y porta un temple envidiable. Arquea sus cejas, entona la mirada, profunda, logrando rudeza o ternura según la situación lo amerite. Habla el inglés a la perfección, como su lengua madre. Caesar es un simio, líder de una manada que sobrevive día a día a la caza incesante por parte de los humanos. En tiempos de guerra, de muerte y constantes derramamientos de sangre, Caesar es más humano que los propios seres humanos.

War for the Planet of the Apes (2017, Matt Reeves) es el cierre perfecto de una de las mejores trilogías de ciencia ficción desde la primera saga Star Wars y The Lord of the Rings. Con el boom de los Blockbusters a comienzos del siglo XXI, es remarcable una trilogía de estas características, donde preponderan las buenas actuaciones, un guión sólido y un trabajo de fotografía cuidado, preciso. Armonía entre tanto CGI, explosiones y batallas épicas –a no confundirse, la veta pura y exclusivamente de acción que se yergue sobre la trilogía también es muy fina–. Primero con Rupert Wyatt en la silla de director en Rise of the Planet of the Apes (2011) y, posteriormente, con Matt Reeves haciéndose cargo de Down of the Planet of the Apes (2014) y ésta última entrega, la idea piramidal de hacer buen cine nunca mutó. El universo que crearon es de un muy buen gusto.

Ahora los simios están diezmados, poco a poco los van aniquilando y resisten a cuenta gotas en un inmenso bosque de sequoyas. En primera instancia, la caza por parte de los humanos con el Coronel (Woody Harrelson) a la cabeza parece arbitraria, casi como una suerte de gimnasia. Sin embargo, con el correr de los minutos se articula una nueva problemática: el virus que supo exterminar a un alto porcentaje de la población mundial durante Rise of the Planet of the Apes dejó nuevas secuelas. Es así como los humanos comienzan un proceso de involución, perdiendo primero la capacidad del habla. En este panorama distópico, ambas especies luchan por sobrevivir. Ambas luchas son válidas, necesarias.

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Al comienzo del film, luego de un ataque sorpresa en una de las bases de los simios, Caesar (interpretado a través de la captura de movimiento por el magistral Andy Serkis) y un grupo de choque contraatacan con una lluvia de lanzas en pos de defender a los suyos. Los pocos humanos que quedan con vida son enviados de regreso con el propósito de enviar un mensaje: dejar los bosques para los simios y cortar con los enfrentamientos. Es decir, convivir sin traspasar determinada línea territorial. Algunos simios cercanos al mandamás dudan del plan, a lo que Caesar responde: “No somos salvajes”. De a poco se van transparentando las ideas de uno y otro bando. Mientras los simios resisten, los humanos comienzan el armado de un muro y emergen distintos niveles de lectura. Primero, el más claro, el muro de Donald Trump; por otro lado, el eterno choque entre Palestina e Israel, aquí trasladado a la propuesta de Caesar, se podría solucionar conviviendo como dos estados separados. Desde luego, ni en la película ni en la vida real estas vicisitudes llegan siquiera a términos negociables.gallery2-gallery-image

Caesar tiene un plan y decide accionarlo solo, por lo que emprende el viaje del héroe para matar a El Coronel. “Te volviste como Koba”, le dice Maurice (Karin Konoval), su allegada de mayor confianza, a propósito de las decisiones que tomó en las entregas anteriores el renegado Koba. Así y todo, sin flaquear, viaja con él. Ojo por ojo, diente por diente. Los simios destraban un nuevo ciclo de venganza. La película avanza, y los matices se entremezclan. Si comenzó como una obra bélica, el segundo acto se moldea a través del Western, a su vez camuflado en un thriller. Mientras el reducido grupo se acerca al cuartel donde están apostados los humanos, la moral del líder se pone en juego mediante la aparición de una pequeña muchacha de nombre Nova (Amiah Miller) que, si bien no puede hablar, conecta con Caesar desde otro ángulo; también descubren la explotación de los simios, encerrados en un campo de concentración para realizar trabajos forzados y la utilidad de otro grupo de simios subyugados anteriormente por Koba, ahora desertores, que se esclavizan a los humanos para conservar su vida. El mundo de Caesar colapsa, ya no discierne entre el bien y el mal, su mente se nubla por completo. La tensión es abrumadora.

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“Ape-Pocalypse Now”, se leía pintado en un paredón, en clara referencia cinematográfica a la película de Francis Ford Coppola, Apocalypse Now (1979). Así como el coronel Kurtz de Marlon Brando, para sorpresa de Harrelson hay más simetrías con su contrincante de las que quisiera tener. Mientras los humanos luchan contra los simios para la subsistencia de la especie, los simios luchan contra los humanos para que los dejen vivir en paz. War for the Planet of the Apes se aleja de los estándares preconcebidos por Hollywood, donde los tanques cumplen una función lisa y llana de mero entretenimiento. Si Caesar y los simios parecen cada vez más humanos no es solamente gracias a los efectos visuales. Ésta es una película humana, con matices y lecturas sorprendentes.

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