El lado oculto de la psicoterapia en Gypsy

Por Juana Groisman

Netflix apuesta nuevamente por una protagonista moralmente cuestionable en su nueva producción original.  Naomi Watts se esfuerza por darle profundidad a Jean Halloway, una psicóloga que manipula a sus pacientes para su propio beneficio.

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Al principio, la premisa de Gypsy suena interesante y cautivadora. Jean Holloway, interpretada por Naomi Watts, es una psicóloga adinerada de la ciudad de Nueva York que lleva una doble vida,  aprovechándose de las confesiones de uno de sus pacientes para acercarse a la misteriosa Sidney, que la seduce desde un primer momento. Sin embargo, al desarrollarse la serie, la trama hace agua y convierte a la historia de Jean en un relato monótono, abúlico y predecible. El guión suena forzado y hay una inmesa cantidad de lugares comunes que se van replicando a lo largo de los diez episodios de esta producción original de Netflix, creada por Lisa Rubin.

Si bien el libreto deja ver alguna frase interesante por momentos, cuando los pacientes visitan a Jean los intercambios se tornan poco imaginativos. En el segundo capítulo, cuando un colega psicólogo le dice a la protagonista: “no puedes arreglar a todo el mundo”, acaso la oración más repetida a lo largo de la historia de los dramas relacionados con la salud.gypsy_MILIMA20170503_0223_30

Los personajes no escapan de los grandes estereotipos que inundan a la ficción: la madre que no puede aceptar la partida de su hija, la adolescente conflictiva, el ex novio obsesivo, las amas de casa de los suburbios, el marido abogado y esposo fiel,  y la psicóloga hippie-chic que se divorcia y se reencuentra con su sexualidad. Incluso Sidney,  la joven cautivante y misteriosa que atrae a Jean, cae estrepitosamente en el pozo de lo obvio; sus únicas armas de seducción son el acento británico, el delineador negro y una campera de cuero.

Gypsy intenta, por momentos, parecerse a otras series que retratan el mundo de la psicoterapia, como la multipremiada In treatment, cuya versión argentina fue protagonizada por Diego Peretti y llamada En terapia. A diferencia de ésta, el abanico de pacientes que visitan a Jean caen en lugares comunes que terminan por hartar al espectador. En la era de los contenidos On Demand, donde nada le impide al televidente continuar viendo contenidos, que una serie no genere el impulso de ver un episodio más es señal de que algo anda mal. De hecho, Netflix anunció que no habrá una segunda temporada apenas un mes y medio de su lanzamiento.

Probablemente, esto se deba a la falta de empatía que generan los personajes y, especialmente, su protagonista. Luego de grandes éxitos como House of Cards y Breaking Bad, donde los personajes principales están lejos de ser seres admirables, ya no se espera que el público se encariñe solamente con los héroes, si no que cada vez se acostumbra más a retratar individuos grises, con más de una dimensión en su personalidad. Pero Gypsy, tal vez intentando lograr este anti-heroísmo, lleva la ambigüedad del personaje de Jean Holloway al extremo, llegando al punto de mostrar sus dos caras con herramientas como un collar o un tipo de perfume, subestimando a los espectadores. La protagonista se parece más a Bruce Wayne disfrazándose de Batman que a Walter White en su faceta narcotraficante.

Naomi-Watts-protagoniza-Gypsy-Netflix_LNCIMA20170511_0054_1Las escenas con Sidney, intepretada por Sophie Cookson, que recorren más de seis episodios, son difíciles de ver y muestra una falta de química con la protagonista que hace que todo su intercambio parezca terriblemente forzado. Más allá de los grandes esfuerzos de Watts, el personaje de Jean Holloway es vacío por donde se lo mire.  Se la intenta presentar como una psicóloga manipuladora que utiliza los datos que le brindan sus pacientes para lograr su cometido (aunque nunca se termina de entender realmente cuál es éste), pero su accionar recuerda más al de una señora de clase media alta en plena crisis de la mediana edad, y el consumo de alcohol y ansiolíticos no hacen más que cavar más profundo el pozo de lo obvio.

En este punto, Gypsy parece haber sido construida con el objetivo de ser absolutamente todo lo opuesto a la novela La Señora Dalloway. Mientras Virgina Woolf recrea en su obra el fluir de la consciencia de una dama de la alta sociedad, que encuentra contradicciones entre su mente, su alma y su contexto pero sin demostrarlo en el exterior, la serie de Netflix no hace más que bombardear con escenas que pretenden ser intensas, como si buscara convencer de la profundidad de la protagonista. El resultado es el opuesto: el espectador termina la serie considerando a Jean una persona chata, frívola y poco interesante.MV5BMTEzMTA1MTMyMjReQTJeQWpwZ15BbWU4MDY3MzUyMzIy._V1_UX182_CR0,0,182,268_AL_

Los guionistas probablemente buscaron innovar colocando a una mujer en un plano en el que, anteriormente, solían aparecer solamente los hombres. La doble vida, la manipulación y la atracción por chicas jóvenes y sensuales pertenecían a un mundo exclusivo de la masculinidad, y en ese aspecto el esfuerzo de la serie es innegable y se agradece. Pero, al no lograr su objetivo, Gypsy termina siendo mucho más machista y estereotipadora; una mala versión de los anti-héroes. El camino hacia el infierno está hecho de buenas intenciones, dice el refrán, y la serie de Netflix no es la excepción.

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