La construcción de la identidad liberada según Christa Wolf

Por Emiliano Campos Medina

Luego de ser saludada por la crítica de la Alemania comunista, la autora construyó un proyecto de novela a contracorriente del régimen. Reflexiones sobre Christa T. generó rechazo por ser definida como una obra “individualista”.

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Desde la primera línea de la novela, la autora hace una síntesis o declaración de intenciones para las páginas que seguirán: reflexionar, re-flexionar sobre el personaje, reconstruir a partir de una trama epistolar los ligeros trazos de un trayecto que se diluye. La evocación de Christa T. desmenuza las imposibilidades de una generación, las expectativas de redención social, las utopías colectivas como horizonte común. El deseo litigante, ese elemento disruptivo, y la poesía. La vocación de escribir y la tensión con el deber ser. La escritura como restitución del sujeto que se evade, que es arrastrado por el acontecimiento, eclipsado por la temporalidad. ¿Qué queda tras la desaparición de Christa T.? La autora se pregunta por el sujeto y por su razón de ser. La escritura tras el cuerpo que ya no es. La escritura: corporalidad trascendente pero formulada como interrogación.

“¿Debemos entonces darla por perdida?

Pues yo siento que se desvanece. En su cementerio de pueblo, yace bajo los dos arbustos de espino, muerta junto a muertos. ¿Qué busca allí? Un metro de tierra encima, luego el cielo de Mecklemburgo, gritos de alondras en primavera, tormentas de verano, tempestades de otoño, nieve. Se desvanece. Ningún oído para escuchar quejas, ningún ojo para ver lágrimas, ninguna boca para responder reproches. Las quejas, las lágrimas y los reproches quedan atrás, inútiles. Definitivamente, rechazados, buscamos consuelo en el olvido al que se denomina recuerdo”.

La apuesta de la autora es una escritura dentro de la escritura. Las cartas que la narradora evoca, y a partir de las cuales reconstruye el paso vivo de Christa, indagan en las posibilidades de la ficción en tanto dispositivo de desocultación de la verdad. Wolf no teme en intervenir directamente, en alterar los hechos y la memoria, explicitándolo en la narración. Expone a plena luz los engranajes del texto. Así, la construcción de la novela es una metáfora que arriesga un posicionamiento sobre la conformación del sujeto como ficción.

“...Mientras me esfuerzo por crear la habitación en la que ahora puedan encontrarse ellos por primera vez: mientras pasa todo esto, vuelve a imponerse en mí una antigua desconfianza que creía tener sometida y que no esperaba ver volver, ahora menos que nunca, si es que la esperaba en absoluto. ¿No sería posible que la red, anudada y tendida para ella, se revele al final como incapacitada para atraparla? Oraciones que escribió ella: sí. También caminos por los que anduvo, una habitación en la que vivió, un paisaje que le resultaba cercano, una casa, incluso un sentimiento: pero no ella. Pues ella es difícil de atrapar. Aun si lograse reproducir de manera fiel todo lo que todavía sé o averigüé de ella, aun en ese caso sería pensable que aquel al que le cuento todo esto, al que necesito y ahora le pido ayuda, al final no sepa nada de ella“.

Por sobre todo Christa T. era poeta, aspirante a intelectual. Y la recreación de su vida, entre el deber de una sociedad de utopías colectivas, emergiendo de la guerra y el pasado nazi, es el de una generación marcada por paradigmas rígidos, monolíticos. La pregunta sobre el “querer ser” no tenía lugar. No es casual, entonces, el rechazo que recibió la novela en la Alemania Oriental de 1968. Su técnica de escritura asimiló aspectos de corrientes literarias de occidente al indagar en la subjetividad de una joven mujer, su deseo de construirse en un sentido distinto a los mandatos de la familia y las profesiones predeterminadas. La voluntad de escribir.

 ¿Cuál es el espacio y el rol de la creación en una sociedad marcada por la planificación y la utilidad social?, pareciera preguntarse la escritora. ¿Es posible reconciliar el deber social, las demandas de una época y la voluntad de crear, de narrar sin autocensuras?.”Reprimo la sospecha de que no otra cosa ocurre con cualquier persona existente, y me declaro partidaria de la libertad y del deber de inventar. Solo una vez, esta sola vez, quiero experimentar y poder decir cómo fue en la realidad, de manera no ejemplar y sin pretender que resulte útil“.

En Reflexiones sobre Christa T., Wolf encara, casi como si se tratara de una novela ensayo, el status problematizado de la formación del sujeto, delimitado y recortado por los marcos de la época. Aborda las expectativas normativizadas en tensión con el deseo de la singularidad y contrasta la vocación de crear, la libertad con el acecho de la barbarie y el totalitarismo del pasado. Detrás de cada gestualidad apaciguada, en los fondos de los cuerpos que resurgen de cara a la utopía social, surge el monstruoso sueño de la razón.

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Pero así como toda escritura en la que participa la interioridad siempre tiene que ver con una autoafirmación y un autodescubrimiento; así como cada una tiene no solo los sufrimientos, sino también los estímulos que le corresponden, así es como ella tuvo, por las noches en su habitación, bajo los muchos carteles, la satisfacción, aunque de ninguna manera era sincera consigo misma, de ver resurgir otra vez a la niña en la noche: miedosa, aferrada a los barrotes de la puerta del jardín, observando la partida de la familia de gitanos. Sentir dolor, nostalgia, algo como un segundo nacimiento. Y al final decir ‘yo’: yo soy distinta”.

Reflexiones sobre Christa T. por Christa Wolf.

El cuenco de Plata, 2017.

219 páginas.

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