Las criaturas eternas de Diane Arbus

Por Belén Garbocci

The beginning reúne los primeros pasos de la fotógrafa en las calles de Nueva York. A partir del jueves 13 de julio y hasta octubre, se podrá visitar la muestra en el segundo piso del MALBA.

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“Estoy llena de un sentido de promesa, como tengo frecuentemente, la sensación de estar siempre en el principio”

 (Diane Arbus, julio 1957)

Diane Arbus tenía curiosidad por la naturaleza de sujetos excluidos en sociedades donde no había lugar para detenerse en el tiempo. A través de su cámara, podía conectarse con los secretos más profundos de las personas que fotografiaba. Exploraba sus identidades y a la vez, exploraba la suya. _MG_9911

Oriunda de una familia judía, su nombre de soltera era Diane Nemerov, creció en la ciudad de Nueva York y no fue hasta que se casó con Allan Arbus en 1941, que comenzó su contacto con la fotografía. Durante más de 10 años trabajó con su esposo, con el que publicó en revistas como Esquire, Vogue y Harper’s Bazaar, entre otros. A partir de 1956 decidió continuar su camino independiente, por el que hoy es reconocida a nivel internacional.

La muestra, curada por Jeff Rosenheim y parte del Museo de Arte Metropolitano de Nueva York -The Met-, desembarcó por primera vez en Buenos Aires y cuenta con fotos inéditas del comienzo de Arbus en la fotografía (1656 -1962) donde retrata postales marginales de la cultura norteamericana en la década de los 50 y 60: Nudistas, enanos, travestis y prostitutas.

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La obra refleja los comienzos de la fotógrafa, pero también revela la esencia que la caracterizó en sus trabajos posteriores como becaria del Museo Solomon R. Guggenheim, para el que tuvo que recorrer distintas ciudades de Estados Unidos, fotografiando personas. Sus trabajos, despertaron la crítica pero también la admiración de un público que la acompaña hasta el día de hoy.

20196436_10155502062014210_928316282_oDiane Arbus se suicidó en 1971, pero sus obras nunca dejaron impresionar por la calidad y el mensaje que sus personajes transmitían a través del lente. Diane tenía hambre por la luminosidad de lo monstruoso, y en ella se reflejaba toda su vida y su fotografía.

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