Corina Vanda Materazzi: “Cualquier situación siempre tiene una trama que esconde un lado más opaco”

Por Lucía Martínez

 A través de 18 cuentos Corina Vanda Materazzi explora las vidas de personas comunes, pero con mucho que decir. El libro se publicó en mayo a través de la editorial Peces de ciudad y se constituye como claro ejemplo de la literatura contemporánea. 

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Voz en off desenmascara los pensamientos más oscuros de la mente propia y ajena, los que el psicoanálisis se esforzó por denominar inconscientes y no son más que estímulos reprimidos del ser humano frente al “ser social”. Cada cuento, invita al lector a aceptar la interioridad que desborda frente a situaciones complejas, aquellas que devienen en la cotidianidad de los personajes, contra su voluntad.

Pero ¿Cómo puede convertirse algo negativo o extraño en algo “normal”, aún cuando la sociedad lo rechaza? Su autora, Corina Vanda Materazzi lo demuestra con historias que no distan de la realidad: En El paciente, un médico decide jugarle una broma a un sujeto hipocondríaco que no deja de hostigarlo, con resultado inesperado. Otros cuentos como El mismo frío que mi pueblo natal, indaga en la imaginación de un hombre que intenta escapar del dolor por las torturas de sus represores en imágenes de su pueblo.

Materazzi, es Licenciada en Historia de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Diseñadora de interiores. Pero su afición por la literatura la llevó a cursar talleres en la materia, y en 2015 publicó su primer libro de poesías titulado Huellas (Editorial Utopías).

La experiencia propia y la de su entorno, nutrió las historias que invaden Voz en Off con facilidad para ponerse en las impresiones inocentes de un chico que es testigo de la trágica muerte de un abuelo, hasta en los pensamientos negativos de una madre cuando se entera que su hijo por nacer tendrá Síndrome de Down. “¿Quién acaso no tiene o no tuvo ganas de matar a alguien, o al menos hacerle doler un poco per revancha, de aplastar una amenaza, de hacer justicia por sus propias manos?”

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Tus personajes son seres perturbados o viven situaciones perturbadoras. ¿Qué te lleva a anclarnos con esta “voz en off”?

Lo veo como la cara B de cualquier cara A que uno se puede cruzar por la calle. Es decir, son situaciones en que los personajes dicen lo que normalmente uno no se anima a decir o a confesarse a sí mismo. No son cosas estrafalarias, pero son duras o crueles.

– ¿Qué hay en lo cotidiano te lleva a plasmarlo en tus cuentos?

La vida está llena de doblez. Lo que uno muestra, es lo que más luce, lo que brilla más. El revés de cualquier situación, por insignificante que resulte, siempre tiene una trama que esconde un lado más opaco. A mi en lo personal es lo que me seduce. Quizás es un terreno menos amable, pero con más relieve y mucho más rico que la historia redondita y perfecta de lo que uno ve naturalmente. El mundo está lleno de lo que uno ve y cree es verdad pero no es absoluta. A medida que uno crece nota que la realidad tiene diferentes aristas, que no es solamente una cosa.

– En el prólogo te referís a anécdotas tu niñez para explicar la cuestión de las voces internas. ¿Qué tanto influyó en la escritura?

Creo que el primer cuento que escribí fue Sin teta sin nombre, y lo demás fue una cuestión que fluyó sola pero sin intención de publicarlas. Un día ordenando los archivos en la computadora, me di cuenta de que todo lo que había escrito el año pasado tenía un hilo conductor, de personajes que hablaban sobre las voces internas, pensamientos y sentimientos que exigen de una valentía con uno mismo poder confesarse.

– ¿Cómo surgió el personaje del médico en El paciente?

Tuve dos padres médicos. Por lo general uno ve su figura como un personaje benefactor, que trabajan en bienestar del otro. En realidad también son seres humanos que muchas veces se encuentran en situaciones que no es gustoso confesar, desde lo que le provoca la profesión y de la mala prensa que puede llegar a causar que un profesional se entere lo que el médico piensa o siente de él.

– El cuento Par 21 muestra los pensamientos de una madre cuando se entera que su hijo por nacer tendrá Síndrome de Down. ¿Qué importancia tiene para vos, abordar temas del tipo?

Tengo casos cercanos de sobrinos, de hijos de amigos y también quizá, por mis padres. Toda una infancia y adolescencia muy cercana a estos temas. Por ahí la enfermedad del chico es mucho más cruenta de sobrellevar que para un adulto.

En general lo que ves, es el discurso de los padres cuando todo el proceso está resuelto. Un proceso que ellos concluyen en una bendición, porque son chicos especiales que los acercan a situaciones diferentes. Ahora, el paso entre el diagnóstico y el proceso final, es de lo que habla Par 21. Algo muy difícil de procesar, la negación y frustración que uno siente sobre la genética por una cuestión fortuita, donde hay una alteración y un hijo diferente.

– ¿Influyen tus profesiones también en los textos?

Son herramientas a las cuales recurrir. Los años de estudio de historia me dieron muchas herramientas para aprender de un texto. Lo que sí creo que es imposible escribir, si no lees y no sabés leer. La parte plástica que tiene que ver con el diseño de interiores me aportó lo que tomo para la escritura, es la relación que existe entre la forma y la función que para la escritura podría ser un parangón de qué es lo que uno escribe y cómo lo escribe.

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A veces las imágenes que vienen son sobre situaciones con las que mucha gente ya escribió. Por ejemplo en el cuento El mismo frío que mi pueblo natal es una historia particular dentro del proceso nefasto de la dictadura acá en Argentina. A mi se me ocurrió esa manera de contar esa historia: Tratarlo desde lo doméstico e individual de la vida de Raúl en cautiverio y hacerlo importante para contar. Pero ese es el intento, ahí está puesto el norte.

Por otro lado, escribo desde muy chica y si no lo hago, algo me falta en el día, aunque no siempre pueda. Necesito sustraerme del mundo cotidiano que me rodea para poder hacerlo. La escritura se me dispara con una imagen, y a partir de eso es salir de viaje con una brújula. Muy bien no sé donde voy a terminar.

Voz en off de Corina Vanda Materazzi.

Peces de ciudad, 2017.

90 páginas.

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