Roger Moore modelo para armar a James Bond

Por Agustín Galarza

Tras la muerte del actor inglés el 23 de mayo pasado, toda una generación de fans del agente 007 le rindió homenaje. Su galantería, humor y sutileza imprimieron una huella indeleble que se replicó en sus sucesores para siempre.

Vivre et laisser mourir

Cuando Dr. No se estrenó en el año 1962 quizás pocos habrían imaginado el éxito que tendría la película y el fenómeno que generaría en la industria cinematográfica, y que era el lanzamiento de la franquicia más grande de la historia del llamado séptimo arte. Entre la imaginación de Ian Fleming, le elección de Sean Connery como el mítico agente secreto y la dirección de Terence Young, quien plasmó rasgos propios a la hora de moldear el carácter del personaje, habían creado a un individuo que no tardaría en convertirse en Leyenda: James Bond. Terence Young dirigió originalmente las dos primeras películas de la serie (volvería luego para hacerse cargo de la cuarta), pero cuando Guy Hamilton se encargó de dirigir Goldfinger, posiblemente una de las mejores de la franquicia y un éxito rotundo cuando se estrenó en 1964, demostró que Bond podía sobrevivir sin su director original. Poco después fallecería Ian Fleming, y poco a poco las películas irían independizándose cada vez más de las novelas que las habían inspirado, demostrando que Bond podía crecer más allá de la imaginación de su padre literario.

La gran duda recaía por ese entonces en si el agente 007 podría sobrevivir al rostro que lo había hecho legendario, si Bond podía seguir sin Sean Connery. El actor escocés no sólo había impreso en el personaje cierto humor ácido e irreverente (son legendarias las líneas que improvisaba en sus escenas y que ayudaron a moldear el carácter de James Bond), una peculiar sangre fría y rudeza que muchos asociaron al hecho de que se tratara de un escocés, o una muy característica manera de pronunciar la inmortal frase “Bond, James Bond”; sino que además su interpretación encantó a Ian Fleming a tal punto que lo movió a inventar para el personaje un pasado que hasta entonces nunca había presentado, y lo convirtió en escocés.

Pero hacia el año 1967 se estrenaba la quinta película de la serie, You Only Live Twice, y Sean Connery había hecho manifiesto su deseo de abandonar el personaje, acusando hastío por la vida que debía llevar para estar en el estado físico requerido. Los productores y creadores de la saga cinematográfica, Albert Broccoli y Harry Saltzman, inmediatamente buscaron un reemplazo, y creyeron hallarlo en el modelo y a duras penas actor, George Lazenby, quien protagonizó la sexta de la serie, On Her Majesty’s Secret Service (1969). Por muchos considerada una de las mejores de la serie, no obstante la interpretación de Lazenby generó muchas dudas, tanto en los seguidores de la saga, como en la crítica, como en el propio Lazenby. El rostro de Bond seguía siendo el de Sean Connery. Es por este motivo que el escocés regresó para la séptima, Diamonds are Forever (1971), luego de la intención de poner al estadounidense John Gavin como la nueva cara de James Bond. Pero era apenas un breve regreso. Quedaba ver si la franquicia sobreviviría sin Sean Connery.

Por entonces Broccoli y Saltzman decidieron volver a las raíces e intentar con un actor inglés a quien ya habían tentado con el papel del 007: el inglés Roger Moore. De hecho, había sido una de sus primeras opciones para la primera película, pero los compromisos de Moore con otros proyectos lo habían movido a rechazar el papel. Volvieron por él en otras ocasiones, pero el resultado había sido el mismo. Ahora, tras la cancelación temprana de la serie en la que trabajaba, The Persuaders, estaba libre para embarcarse en la empresa de reemplazar a Sean Connery. Y era toda una hazaña.

El perfil de Roger Moore distaba mucho del de Sean Connery, y Moore era un rostro conocido por sus trabajos en televisión, principalmente gracias a la serie El Santo, lo que complicaba más las cosas, ya que su imagen era asociada a un personaje más agradable, carismático y cómico que el que Sean Connery había inmortalizado en las películas de James Bond. Roger Moore era más gentleman que su colega del norte. Mientras el Bond de Connery era capaz de matar a sangre fría sin dudarlo, de pegarle a una mujer sin inmutarse, y de un humor rozando lo oscuro, Moore no podía hacerlo. Simplemente no era él. No iba con su imagen. Y como lo resaltaron productores, guionistas, el director y el propio actor, no sería creíble para el espectador.

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Así como Sean Connery había introducido mediante la improvisación nuevas características al personaje que no estaban incluidas en las novelas, Roger Moore aportó con un sentido del humor más ameno, con una nueva impronta a la hora de hablar, con cierta delicadeza inglesa en sus maneras, y con una forma propia de pronunciar el “Bond, James Bond”, definitivamente lejana a la del actor escocés. El resultado fue un éxito rotundo. No solamente de su primera película, Live And Let Die (1973), sino de su caracterización. Aprobada por críticos y público, nadie tuvo dudas de que James Bond seguiría viviendo sin Sean Connery. Se podrá discutir la calidad o la fuerza de las tramas en la llamada era Moore de James Bond, pero no se puede discutir que Moore imprimió una nueva marca en la franquicia. Llegó a ser el actor que en más películas oficiales de James Bond interpretara al agente 007 (Connery volvió a meterse en el papel en una remake no oficial de Thunderball: Never Say Never Again, de 1983), y generó una discusión que al día de hoy perdura y se suma a las dicotomías universales de marcas o clubes: ¿Sean Connery o Roger Moore?

Cuando en 1985, con la cinta A View To A Kill, Roger Moore decidió que dejaría al personaje tras su séptima interpretación porque se consideraba demasiado grande para seguir conquistando mujeres que tenían la mitad de su edad, nuevamente sabían los productores que no sería fácil la tarea de encontrar a un actor que se pusiera en los zapatos del agente 007, que enfundara la Walther PPK, y que salvara al mundo de los planes diabólicos del villano de turno. Pero gracias al legado de Roger Moore, y a lo que había hecho por el personaje, sabían que James Bond viviría por siempre.

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