Alessandro Baricco: “Aprendo mucho de mis libros cuando dan vueltas por el mundo”

Por Rocío Innocenti

El autor de Seda presentó su última novela, La Esposa joven, y conversó con Alberto Manguel ante más de mil personas en el marco de la Celebración del Día de Italia, en la 43.ª Feria del Libro de Buenos Aires.

Baricco Feria 1

Sospecho que Alessandro Baricco nos miente, que no es esta persona sentada a mi lado, sino que hay una fábrica Alessandro Baricco, donde un montón de esclavos de este señor escriben novelas, hacen obras de teatro, fundan escuelas, hacen música, dirigen cine. Porque no es posible que una sola persona haga tantas cosas”, introdujo el director de la Biblioteca Nacional Alberto Manguel, frente a los ansiosos asistentes que rebosan la sala José Hernández, poco después de las 18 del sábado. A continuación, Manguel disparó la primera pregunta de la tarde: “Uno no puede decir que hay un estilo Baricco. Entonces, ¿cambia Baricco con cada nuevo libro o es el libro que hace cambiar a Baricco?

El escritor respondió con una risa inaugural, que vaticinaba lo que sería un encuentro relajado y de complicidad entre ambos, antes de ensayar una réplica: “Cada libro que escribí para mí ha sido único, cada vez era un desafío, estaba buscando siempre algo que no había encontrado antes. Esto hace que mis libros sean muy diferentes el uno del otro”. Luego, se comparó con un escritor que ama, Georges Simenon, al afirmar que las novelas del belga “son todas iguales, uno espera el color rojo, y él escribe rojo. En cambio, en mi caso es diferente, por lo tanto estoy en deuda con mis lectores porque cada vez compran un libro nuevo esperando que sea como el anterior, pero nunca es igual”.

Quizá como consecuencia de dicha versatilidad es que la charla, en lugar de dirigirse a un tema en particular, fue haciendo parada en asuntos diversos. Manguel transportó al italiano a sus inicios al recordar su primera novela, Tierras de cristal (1991), antes de destinar la charla a aquella que lo llevó a la fama mundial: Seda (1996). “Debuté con dos libros que son muy generosos, son fluviales. En cambio Seda es muy limpio. Cuando lo escribí tenía esta idea: escribir un texto en el que cada palabra fuera necesaria. Estaba loco, imposible. Lo que tenía en mi mente era una historia de amor entre un hombre y una mujer. Original, donde nunca se hablaban”, recordó Baricco, siempre en su idioma natal. Expresarse en italiano lo llevaba a pausar periódicamente sus narraciones para que Dante, quien sentado a su izquierda se ocupaba de la traducción al español, pudiese llevar a cabo su trabajo. Sin embargo, comprendía a la perfección las preguntas en español.

Ante la insistencia del director de la Biblioteca Nacional, Alessandro Baricco evocó una anécdota de la traducción japonesa de Seda, no sin antes consultar con el público: “¿Cuántos leyeron Seda? Levanten la mano”. Sorprendido ante la multitud de brazos en el aire, exclamó: “¡Qué bello, voy a sacar una foto!”, y amagó a desenvainar su celular.

A continuación, Manguel hizo referencia a Sin sangre (2003) y consultó si también otros libros de la autoría del italiano han cambiado tras la lectura del público. “Todos”, sostuvo el entrevistado, sin dudarlo, “Aprendo muchas cosas de mis libros después, también de los ensayos. Nosotros los escribimos, pero después tienen una vida. Son como hijos que uno ve que van dando vueltas por el mundo, y suceden cosas muy extrañas”.

La charla decantó en temas tan disimiles como el “complicado” vino piamontés y su comparación con el que se consume a escala internacional; o su fallido intento de mantener abierta una librería que sólo comerciaba 18 títulos, cada uno cuidadosamente seleccionado y recomendado a quienes ingresaran al local por quien lo hubiera elegido, a través de una grabación de tres minutos: “Era algo encantador, fue el período en el que nacieron las grandes librerías, esas enormes, y nosotros teníamos esta librería con apenas 18 títulos. Un día llegó Vargas Llosa encantado. Pero perdimos dinero durante un año y la cerramos”. También discurrió sobre el filósofo italiano Gianni Vattimo, que fue su maestro.

Alessandro Baricco

Curiosamente, los protagonistas apenas conversan respecto de La Esposa joven (2016), que de antemano parecía alzarse como el tema central del encuentro. “Quien recuerda La Odisea ve muy fácilmente en el personaje del Hijo, que no está, a Ulises y en la mujer que va a esperar, la Esposa joven, a Penélope. ¿Pensaste en La Odisea cuando escribiste el libro o eso vino después?”, consultó Manguel. Baricco respondió que se le acababa de ocurrir esa asociación y que su nuevo libro es sobre el tiempo vacío de la espera. “En la vida tenemos citas, a las que siempre llegamos demasiado tarde o demasiado temprano. En estos desencuentros ocurre la vida, entonces las citas, al final, no tienen tanta importancia”.

Además, el escritor habló de la Scuola Holden para narradores, que fundó en 1994 con cuatro amigos, y que debe su nombre al personaje homónimo de El guardián entre el centeno (J.D. Salinger), ya que, como reza su sitio web, es “un lugar para gente no demasiado normal”. Ante la expresión de deseo del italiano de abrir otras escuelas similares en diferentes lugares del mundo, Manguel confesó: “Yo quiero que lo hagas en Argentina y voy a empujar para esto”, y cosechó los aplausos de los asistentes. También logró la aprobación del público al invitar a Baricco a la Feria del Libro de 2019, cuando el autor reveló que está trabajando en la segunda parte de Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación (2006), al que planea dedicarle dos años. “Me gustaría poder hacerlo porque es muy importante, en el medio sucedieron muchas cosas, la mutación avanzó mucho y ahora podemos comprender mucho más de lo que podíamos hace 10 años. Se necesita fuerza, inteligencia, lucidez, espero tenerlas”.

Sin embargo, los aplausos que resonaron con más fuerza fueron los que siguieron a un detallado análisis de La Ilíada, que el autor trajo a colación a causa de su adaptación Homero, Ilíada (2004): “Algo que adoro es que entre los pliegues de este himno a la belleza de la guerra se esconden pequeñas voces, que de una forma muy nítida hablan del horror de la guerra (…).Ellos sabían que era mejor vivir en paz, pero no lograban imaginar un mundo diferente. Mi padre hacía esto, el padre de mi padre hacía esto, el padre del padre de mi padre hacía esto. Nosotros ahora soñamos por los chicos, que dentro de algunas generaciones, cuando deban tener un fusil en las manos, digan que no, y cuando les pregunten por qué no, digan “Porque mi padre nunca tuvo un fusil en sus manos, el padre de mi padre nunca tuvo un fusil en sus manos, el padre del padre de mi padre nunca tuvo un fusil en sus manos, así que yo tampoco”.

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