Bernhard Schlink: “Veo a El lector como una novela tan alemana como argentina”

Por Esteban Galarza

El autor alemán fue uno de los principales invitados internacionales de la edición 2017 de la Feria del Libro de Buenos Aires. Filósofo del derecho y ex juez de Berlín, habló de las cicatrices difíciles de curar del nazismo y del futuro político europeo, que se presenta oscuro.

Bernhard Schlink, Schriftsteller

Una voz anciana, afónica, diletante, herzogiana en un punto, sentenció en alemán: “Todos nos abocamos en los 60′ a entender qué había pasado en el Tercer Reich. Sentíamos una culpa colectiva sobre crímenes que nadie de nuestra generación había cometido“.El dueño de la voz era Bernhard Schlink, autor invitado a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, juez retirado y profesor emérito de filosofía del derecho en Berlín y Nueva York.

La sentencia desmenuzaba un tema triplemente obligatorio en él: como alemán, como juez y como autor de El lector, uno de los hitos literarios alemanes más resonantes de los últimos 20 años. No fue su único logro literario. Fue el autor de una serie de novelas policiales con el detective Gerhard Selb, o colecciones de cuentos más reflexivos como Amores en fuga. En su segunda visita a Buenos Aires vino a presentar su novela Mujer bajando una escalera.

Pasadas las 19 del viernes comenzó la charla en el auditorio Victoria Ocampo. Alto, vestido de traje gris, comenzó a examinar el tema que lo convocaba: su vida entre la literatura y las leyes. Una simple excusa para transitar una vez más los temas que se volvieron distintivos de su escritura; los de la interrelación entre lo sensual, lo sexual, lo ético y lo legal.

Schlink pertenece a la generación inmediatamente posterior al final de la guerra. Sus años de formación fueron vividos a la sombra del horror nazi, entre las ruinas de un país dividido y estigmatizado, y apoyados en una devoción casi mística en la figura de Heinrich Böll, el padre de la reconstrucción moral de Alemania. “Nuestros padres, docentes, maestros, no fueron eyectados de la sociedad y eso nos incluyó en el sentimiento de culpa. Así, en El lector un hombre ama a una mujer que había cometido crímenes monstruosos durante la guerra. No puede uno desligarse de eso”, reflexionó el autor alemán.

Y entretejió el éxito de la novela a un malestar universal que amargamente hermana la experiencia alemana a la argentina: “Cuando escribí El lector la pensé como una novela alemana, pero trascendió las fronteras. Ahora la veo también como una novela de la Argentina. Si el pueblo alemán cometió crímenes horribles contra judíos, eslavos y otros pueblos, en Argentina una parte de su sociedad hizo lo mismo contra otra parte de los argentinos.”

Si bien Bernhard Schlink es hijo directo de los grandes generadores de conciencia alemana en prosa, Heinrich Böll y Günter Grass, cree que la convivencia de los alemanes con los episodios históricos más dolorosos de Alemania en el siglo XX está quedando atrás. Cada vez más siente menos el peso de la historia directa, lo que no significa desligarse del pasado, sino tomarlo desde otra perspectiva: “No creo que haya que vivir con la historia. Tras el centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial en 2014 empezamos (los alemanes) a desprendernos de ese sentimiento. Comprendo y creo que la Historia, la Literatura ensanchan la vida. Asimilarlas como tal permiten generar alternativas para afrontar lo nuevo.”

Lo que me atañe y asombra con respecto a la historia es cuán rápido el Tercer Reich absorbió a la sociedad alemana. Todo parecía tan sólido en enero de 1933. Las instituciones, las leyes, la policía, todo parecía una gruesa capa de hielo para entonces y en pocos meses esa capa se despedazó”, desgrana su voz parte de sus inquietudes por la historia alemana. De algún modo invoca la conciencia de su auditorio a revisar la historia reciente argentina. Pero Schlink no es un moralista e inclusive aclara que durante sus años como juez nunca condenó a nadie, ya que no estaba eso dentro de sus funciones.

Una última reflexión se desprende de su boca: Europa y el mundo hasta hace poco tiempo parecía sólida. Si bien decía no creer en el progreso de algún modo tenía fe en la idea de progreso. La presidencia de Donald Trump, el peligro de Marine Le Pen en Francia, el ascenso de las derechas en distintos países hace peligrar la idea de un futuro luminiscente. “Inclusive ya no podemos contar con el sentido común de Gran Bretaña”, se lamenta. Hay un constante sentimiento de ruptura en diferentes planos. Hay lugar aún para una última sentencia antes de terminar la charla: “Si no escribimos ni leemos ni vivimos en nuestro mundo, deberemos comprometernos a hacerlo.”

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