Apenas el fin del mundo: la fragilidad de la condición humana

Por Rocío Innocenti

Con una interesante puesta en escena, la obra de Jean-Luc Lagarce coloca al discurso en un lugar preponderante, pero sentencia a sus personajes a ser incapaces de recurrir a la palabra para acercarse y entenderse.

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Más tarde, al año siguiente, – me iba a morir a mi vez- ahora tengo casi treinta y cuatro años y moriré a esa edad, al año siguiente, (…) decidí volver a verlos, volver sobre mis pasos, seguir mis huellas y hacer el viaje, para anunciar lentamente, con cuidado, cuidado y precisión -eso creo- lentamente, con calma, pausadamente -¿no he sido siempre para los demás y para ellos en particular un hombre ponderado?- Para anunciar, decir, sólo decir, mi muerte cercana e irremediable”. Las palabras inaugurales de Louis son doblemente premonitorias: además de vaticinar su muerte, revelan los rodeos que dará la palabra a lo largo de la obra, construyendo murallas donde podría tender puentes. Simultáneamente, permiten que el espectador descubra la escisión del protagonista entre el Louis del presente, que narra los acontecimientos post mortem, y aquél del pasado, que se reencuentra con su familia para comunicarle su muerte.

En los tiempos que corren, los textos como el de Lagarce, que tienen mucha palabra, son difíciles porque estamos más acostumbrados a lo espontáneo y a simplificar todo con un emoticon. Reencontrarse con la palabra es un laburo interesante para todos los artistas y para la humanidad en sí, para poder expresarnos”, sostiene la directora, Florencea Fernández. Su propuesta acerca la historia al conurbano bonaerense, donde Louis (Santiago Cirio) retorna tras años de ausencia. En la casa de su infancia lo esperan su madre (Bruna Sambataro), su hermana Suzanne (Sara Córdoba), su hermano Antoine (Guido Napolitano Rodríguez) y Catherine (Rosario Ruete), su cuñada, a quien nunca había conocido. Sin embargo, la relación con su familia posee la fortaleza de un castillo de naipes y el entusiasmo inicial dará lugar a la incomodidad, los reproches y el aislamiento.

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A lo largo de la obra, el lugar del diálogo será usurpado por los largos monólogos, en los que los personajes hablarán sin decir, buscando la palabra justa, dando rodeos para expresarse, excusándose por aquello que sienten, alejándose cada vez más, mientras Louis sonríe o contesta, minimalista, con sólo un par de palabras. La frugalidad del protagonista para comunicarse con su familia será amonestada principalmente por su hermana: ¿Por qué él, que se gana la vida escribiendo, es incapaz de expresar sus sentimientos? ¿Por qué en todos estos años les escatimó las palabras al valerse de brevísimas tarjetas postales con frases vacías, elípticas?

Respecto del desafío de llevar a escena los extensos monólogos repletos de vaivenes, Fernández explica: “Yo me considero una espectadora teatral ansiosa, entonces quería crear punto de fuga por si había en el público alguien como yo, que necesite distender y después volver. Fue muy divertida esa parte de la creación porque era como componer un cuadro continuamente”. De este modo, aprovechando la escasez de didascalias en la obra de Lagarce y la profundidad del escenario, la directora en conjunto con su escenógrafa, Sofía Cobas Alè, construyeron una casa con diversos ambientes para que los cinco personajes se mantuvieran constantemente en el escenario. Por ejemplo, en una de las escenas mientras el foco está puesto en Louis charlando con su madre en el comedor, se ve a Suzanne recostada en el patio, escribiendo, y a Catherine besando a Antoine en la cocina. Será a través de la iluminación que se dará preponderancia a una u otra situación, mientras los otros personajes continúan con sus acciones sin emitir sonido.

Apenas el fin del mundo fue escrita en 1990 por el dramaturgo francés Jean-Luc Lagarce, que fallecería en 1995 –también de una enfermedad, el SIDA- sin ver el éxito que tendría su producción artística (actualmente, la obra forma parte del répertoire de la Comédie-Française, teatro parisino fundado en 1680). Además, fue adaptada al cine por el director canadiense Xavier Dolan, con actuaciones de Gaspard Ulliel, Nathalie Baye, Marion Cotillard, Léa Seydoux y Vincent Cassel, y ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2016.

Duración: 90 minutos

Autoría: Jean- Luc Lagarce

Actúan: Santiago Cirio, Sara Córdoba, Guido Napolitano Rodríguez, Rosario Ruete, Bruna Sambataro

Iluminación: Toía Béhèran

Diseño gráfico: María Guadalupe Guiñazú

Vestuario: Sofía Davies

Asistencia de dirección: Dalila Serebrinsky

Traductor: Jaime arrambide

Escenografia: Sofía Cobas Alè

Diseño de sonido: Martín Simonovich

Fotografia: Franco Vega Lopez, María Gudalupe Guiñazú

Traductor: Jaime arrambide

Direccion: Florencea Fernández

Viernes 20:30 hs en El portón de Sánchez, Sánchez de Bustamante 1034

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