Los tigres de la memoria, ardiente resplandor en las selvas de la noche

Por Pablo Barragán Grondona

Novela recuperada de la virulencia de la década del 70 argentina, necesitó más de cuarenta años y una coyuntura nuevamente delicada para reaparecer en librerías. La editorial Letra Sudaca apuesta fuerte por recuperar del olvido a Juan Carlos Martelli y con ésta nueva edición lo consigue exitosamente.

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“Los tigres de la memoria permanecen al acecho

esperando que cualquier cosa

los despierte”

J.C. Martelli

Editorial Letra Sudaca revivió Los tigres de la memoria de Juan Carlos Martelli, un policial premonitorio, oscuro y alucinado que expresa, a través de la historia de un personaje curtido por una vida criminal, un profundo análisis de la psicología de aquellos que quieren escapar de una vida construida con coágulos de sangre y violencia hacia una paz forzada y mentirosa: Una paz imposible cuando cualquier evento es capaz de despertar las bestias salvajes que duermen dentro de ellos, famélicas de la carne de otros.

Ambos, libro y autor, se encontraban perdidos en el limbo de la literatura argentina y  se revelan, con esta nueva edición, como un gran descubrimiento para los amantes de la literatura policial. La obra tiene un lenguaje simple pero el texto se complejiza enormemente con la utilización precisa de las puntuaciones, los cambios de tiempo verbales y de las personas del narrador que logran un efecto de ingravidez en la historia. Martelli agrega también una carga psicológica densa y oscura a la novela a través de sus personajes y las descripciones de los sucesos rozan el límite de la perversión. Este trabajo le valió a Martelli el primer premio Sudamericana-La Opinión con un jurado compuesto por Rodolfo Walsh, Juan Carlos Onetti, Augusto Roa Bastos y Julio Cortazar en 1973. 

Con esta novela, que fue publicada tres años antes de la dictadura cívico-militar, Juan Carlos Martelli premonizó el accionar de las fuerzas armadas, los grupos de tareas y describió la organización de la subversión mientras aprovechó para destacar los sentimientos y sensaciones que marcaron a cada uno de esos sectores en el imaginario del autor: el goce por el asco, la traición como acto fundador y necesario, la falsa nobleza – o verdadera psicosis – que justifica los medios  y, detrás de todo, siempre, el horror, la desesperación de no poder escapar a una vida de violencia.

En un revés de inocencia en la historia, Martelli pone en boca de Cralos, su personaje principal, la duda de si todo lo ocurrido fue real. Cralos ignora realmente si su vida, tal como sucede en el relato, fue verdaderamente así. Si los tigres que viven dentro de él existen de verdad o si no es todo una alucinación de un viejo demente. Este punto es tal vez el único que rescata una posible reivindicación de un personaje que ha vivido el infierno sintiéndose a gusto: la incredulidad frente a aquello tan terrible que solo debería existir, y tal vez ni siquiera, en las ficciones.

El libro tuvo su versión fílmica en 1984 en medio de la efusividad por la vuelta a la democracia. Dirigida por Carlos Galettini y guionada por Martelli. Lamentablemente el ritmo de la película y una producción apresurada por comenzar a hablar tras los años de hierro la condenaron al olvido. Martelli mismo corrió esa suerte y murió en un triste anonimato en 2008.

Los tigres de la memoria sacó de la tierra, antes de que se hicieran evidentes de la peor manera, las sucias raíces en crecimiento del mal que dejó la herida más grande y peor curada en la historia nacional. La historia, que avanza a partir de sucesivos ajustes de cuentas entre los personajes de ambos bandos, la ley contra la ilegalidad (el lector debe elegir cual es uno y cual es el otro), refleja una situación que se prolongó desde esos días hasta hoy y que no parece tener solución. Los Tigres de la memoria, título que cobra en retrospectiva una gran carga emotiva, se sincroniza con un momento actual del país donde la lucha por la memoria crece con cada nueva víctima de la violencia estatal en todas sus formas mientras las bestias que se esconden, jugando a estar dormidas, se desperezan y dan zarpazos a tientas sobre los reclamos sociales.

Los tigres de la memoria de Juan Carlos Martelli.

Letra Sudaca

160 páginas.

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