La Coop Librería y el avance de las editoriales independientes hacia las grandes ligas

Por Lucía Martínez

Comenzó como un proyecto de distribución editorial hace poco más de dos años y en la actualidad reúne 15 sellos independientes. La alternativa como herramienta cultural y económica de un sector que crece cada vez más.

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La coop librería irrumpe en un rincón urbano que se caracteriza por el flujo de personas en apuro, de automovilistas impacientes y ruidos incesantes. Está ahí, a la espera de lectores curiosos y preparada con un universo desconocido de editoriales y escritores, ansiosos por salir.

“Algo maravilloso está ocurriendo”, reza un cartel dentro, donde escritores ofician de libreros, editores y amigos que hace dos años atrás, decidieron autogestionarse y buscar una alternativa dentro del ámbito cultural y comercial.

Ubicada en Bulnes 640, pleno barrio de Almagro y a pocos metros del Espacio Moebius, La Coop reúne 15 sellos independientes que se combinan entre sí como grandes protagonistas de las estanterías. Algunas noches, los propios autores aparecen como interlocutores de sus obras e invitan a descubrir las historias que yacen en su interior.

Marcos Almada, escritor y editor de Alto Pogo, uno de los tantos sellos participantes de La Coop librería, coordina con otros editores el funcionamiento de la librería desde sus inicios y participa de distintos encuentros, como la Feria del Libro, de la cual serán parte en la edición 2017.

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¿Cómo nació La Coop?

Tomo como origen un encuentro entre sellos en el ciclo Pista de Zona Futuro, que organiza la editorial Clase Turista, donde cuatro o cinco editoriales nuevas, chicas, pueden presentarse entre cinco y siete minutos. Fue una especie de comienzo romántico porque surgió dentro de la inmensidad de la Feria del Libro, con un mercado para el que no estábamos preparados.

Comenzamos por llamar a un par de sellos y ver de qué manera podríamos trabajar en conjunto. Lo primero que teníamos que atacar era la distribución, porque cuando uno arranca con su sello y tiene su tercer o cuarto libro publicado todavía se puede hacer, pero cuando querés ampliar el horizonte y llegar a más librerías se hace más difícil. Por eso, el grupo pensó en tercerizar los trabajos hacia adentro: No contratar una distribuidora sino crear una que nos permitiera tener cierto control, elegir con qué librerías trabajar y cómo llegar a las provincias.

Cómo se dieron los primeros contactos con el mercado editorial?

Lo primero que hicimos fue una curación de librerías, empezamos en las que nosotros ya estábamos y luego analizamos con cuáles trabajamos bien dentro de Capital Federal.

Provincia es un universo complicado, pero hacemos ese trabajo de a poco: viajamos mucho con los libros, vamos a muchas ciudades y ferias donde contactamos a librerías del interior, que hoy nos permiten estar en gran parte del país y, al mismo tiempo, generar un puente y un circuito donde los libros de las provincias también puedan estar en Buenos Aires.

El sueño es que todos estemos agrupados en cooperativas, vernos como editoriales e ir saliendo de esa palabra que igualmente nos gusta mucho y que es independiente. Somos un sello chico y la tirada que tenemos no es tan grande como para meterse en una cadena, pero esas formas de trabajo se pueden cambiar con un proyecto que nos permita tener el control de nuestros libros.

También pensamos a nivel internacional, estar en ferias tan grandes como la de Buenos Aires y en ciudades como Guadalajara o Frankfurt. La idea es que no hay techo, o si lo hay estamos más cerca del piso. No podemos pensar en expandirnos en Latinoamérica si no nos expandimos en el resto del país, sin olvidarnos del contenido de nuestros libros y de los escritores, con los que trabajamos mano a mano, para que entiendan que son parte de un proceso más grande que su solo libro y su solo ego.

Hablaste del concepto “Independiente”, ¿Que opinás de su denominación y relación, al hablar de rubros alternativos?

Somos independientes de manera que podemos jugar a publicar lo que se nos antoja y a venderlo donde queramos. La palabra tiene que ir más allá de la cuestión de producción, ir también en la cuestión distributiva, porque somos sellos que dependen de una entrada de dinero para publicar el libro que viene. Nosotros hoy tenemos una librería y lo que nos propusimos es que no pase, porque se nos rompería el discurso en mil pedazos y porque queremos expandirnos, por ejemplo, mostrarle al lector que hay otro tipos de libros que pueden interesarle y mucha gente detrás de cada uno, en el diseño gráfico de sus tapas y también hacia adentro.

Pero también la parte social para nosotros es muy importante porque significa mover gente. Uno pretende que sea miles y que sean para muchos, por eso el libro debe circular y el autor tiene que viajar por la Argentina como un misionero. Es un trabajo de explosión que comenzó hace muchos años y que, en la actualidad, se desarrolla en un momento fantástico de la política y la economía donde hay que optar por alternativas. Si no construimos alianzas entre nosotros, esto se termina.

¿Cómo llevas la tarea de editor frente a los trabajos de tus compañeros y amigos escritores?

Estamos todo el tiempo sobre el libro del otro, trabajamos en conjunto para aprender de los aciertos y de los errores. También bajar las ansiedades de uno y de los demás, que no nos corre nadie, aunque nos ponemos fecha para terminar un libro y poder presentarnos.

Muchos de los autores de las editoriales publican por primera vez y a veces hay un trabajo de clínica, previo al lanzamiento, donde uno se mete mucho en la lectura, en la escritura o reescritura. Nos comprometemos muchísimo, hay trabajo estético, una propuesta política muchas veces y la parte experimental, de ir probando. Es construir una identidad como sello.

Nosotros editamos porque leemos, escribimos porque leemos, queremos vender libros porque nos gusta y porque leemos. Pusimos una librería y estamos interesados en que tenga sellos editoriales de todos lados.

Durante los últimos meses organizaron encuentros con escritores ¿Como es el intercambio personal con el lector?

 El encuentro es más íntimo, está bueno. A veces, en las ferias de las provincias hay gente que ni conoce a los escritores, y ese feedback es interesantísimo. También nos pasa a nosotros como lectores de encontrarnos con sellos editoriales que no conocíamos. Argentina tiene un montón de sellos y no todo pasa en Capital Federal.

¿Qué lugar de importancia le adjudicas al libro en el siglo XXI?

 El libro es una herramienta fantástica de producir pensamiento. Hay libros que los lees y te cambian la vida.

A nosotros se nos va la vida por los libros, hay que ponerle el cuerpo, trabajarlo. Viene en un trayecto de cambio y en realidad nunca cambia, porque siempre es un tipo leyendo a otro, conectándose y es lo que queremos reivindicar desde La Coop Librería.

El libro no es nada, hasta que alguien lo lee. Ésta librería no es nada, lo que le da sentido es la gente que lee estos libros. Queremos estar en el hecho puntual de la lectura, eso es lo que nos motiva.

Tenemos una necesidad compulsiva de compartir nuestra experiencia en redes sociales, pero también la lectura de un libro es una experiencia más, ¿Por qué el libro va a escapar de eso?

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