Angie Pagnotta: “El periodismo me sirvió, pero mi eje siempre fue la ficción”

Por Marvel Aguilera

Reconocida por su oficio en prensa pero apasionada por la literatura, en su debut, Memoria de lo Posible, la autora parte de frases recortadas para elaborar una serie de relatos breves en los que los recuerdos se arman como un rompecabezas necesario para observar el horizonte.

17634501_1219659181475699_8159838826208201786_n

Cuenta la mitología griega que Mnemósine fue la personificación de la memoria, la mediadora entre la divinidad y los representantes artísticos. Las nueve hijas que la diosa supo tener con Zeus personificaban la inspiración necesaria para que los poetas pudieran configurar una imagen magnánima del universo. Para la Antigua Grecia la recuperación del pasado iba más allá del propio rememoro de un hecho, significaba una conexión espiritual con lo más sagrado. Sin embargo, en ese espacio infinito – ouménico- que ocupa la memoria, cada agujero negro ha pujado y pujará nuestra vuelta consciente al pasado para evitar el presente puro y arrojarnos solo fragmentos disociados de lo que fuimos, haciendo que nuestra comprensión del ahora sea inacabada, como la de un ojo en una cerradura. En Memoria de lo posible (Peces de Ciudad), Angie Pagnotta nos introduce en once relatos ágiles, directos, donde los restos del pasado y los anhelos de futuro reconstruyen las nociones del universo empírico que atraviesa a cada uno de los personajes. Recuerdos, deseos, añoranzas; toda sensación convive entre la realidad y el montaje imaginario con que la mente apacigua las caídas en desesperanza. En ese monólogo interno que guía buena parte de las historias, la revelación del punto de partida espacial proyecta una búsqueda animosa por las emociones primarias, donde el amor o el desamor, el encuentro o la distancia son las piezas infaltables para la aceptación personal.

Desde las páginas de un cuaderno que, a cuestas, guardó registro de sus pensamientos durante un tiempo, los microrrelatos de Pagnotta pincelan espacios que se van cimentando a medida que la prosa, incisiva como el flujo de una correntada, retrata detalles, sensaciones, colores y nostálgias que proyectan horizontes, reales o ficticios, pero siempre en incesante movimiento. En Cansancio una novia despierta en medio de un puerto, ensangrentada, y comienza a enhebrar los hilos que le permiten entender el desenlace olvidado. Con la lluvia golpeando sobre sus botas, en una caminata incierta, Atravesar el puente muestra cómo Julieta encuentra en Federico las huellas de un destino necesario, donde el futuro da un salto atrás en su ansiada búsqueda. A contraluz de la marea del tiempo que deshilvana las imágenes de un amor no correspondido, A la orilla del cielo busca encontrar la sanación en el encuentro imaginario de dos almas bifurcadas en el andar. En ese cruce de destinos, la memoria, que corre detrás como telaraña, hablará tanto del ejercicio de la escritura como del lector, obligado a tomar un rol activo sobre cada texto.

Editora de la reconocida Revista Kundra y colaboradora en diversos espacios culturales, Pagnotta debuta en la ficción con una obra breve pero profunda que camina, inquieta, por los bordes de lo ilusorio; una recta que, como aclara en su Carta al lector, requiere ser leída con “los ojos del naufragio“, para encallar en ese punto de encuentro y de partida que su espectro literario ofrece.

**

¿Cómo fue el proceso de elaboración de los textos de Memoria de lo posible?

Empecé a escribir una novela en 2014. Al principio todo fue entusiasmo pero en determinado momento comencé a perderme; entre esos lapsos, surgieron espacios para la creación de cuentos. Tengo varios esbozos de novelas, en algunos casos a la mitad, sin embargo, nunca me había sentado a escribir un cuento; no me quedaba tranquila con el resultado que les daba. En la convocatoria que hizo Peces de Ciudad mandé algunos relatos. Esos textos – que finalmente quedaron en el libro – son, en buena parte, fragmentos descartados de novelas; no porque considerara que no tuvieran valor sino porque vi que daban para mucho más que como partes descolgadas en una novela. Desde allí, me puse a repensar esas ideas en la forma de cuento para así poder reformarlos. Por otro lado, están los que fueron espontáneos, a partir de una imagen, como es el caso de Versiones sobre el río: simple, rápido, puntual y con un cuadro que se logra sostener. Lo que me di cuenta es que, con el hacer, cada relato se iba construyendo, porque las ideas estaban ya desde antes de escribirlos.

Si bien en los relatos pueden haber diferentes escenarios, hay algo que los une, un concepto, relacionado a la reconstrucción del pasado como forma de encarar el presente. ¿Esa conceptualización fue premeditada o espontánea?

Cuando los armé no esperaba terminarlos ni encontrar algo que los una, sin embargo sabía que si iba a hacer un libro de cuentos debía haber un hilo que logre juntarlos. En los libros de cuentos no me gustan las temáticas mezcladas, como puede ser el salto desde la naturaleza hacia un tópico del amor. La construcción de la memoria fue un concepto que no busqué inicialmente pero que se fue dando; son aquellos recuerdos que nuestra mente trastoca para que terminen siendo una anécdota a contar y que uno mismo tergiversa a través de la memoria para creer que también forman parte de los recuerdos reales. Eso pasó en varios de los cuentos, los cuales, mayormente, son breves.

Teniendo en cuenta la extensión de cada cuento y la prosa que utilizás en ellos, ¿creés que también pueden entrar dentro de la esfera poética?

Claro, porque no tienen la estructura del cuento formal. Nunca me había puesto a escribir uno, tenía sí muchos escritos pero sin esa concentración en el género. Por ese motivo, la forma la voy encontrando en lo que estoy haciendo. Y más que la forma, lo que me interesó fue lo que decía con aquello que escribía. Hay algunos cuentos que me parecieron cortos y siento que los podría haber continuado. Pero, de alguna manera, este concepto primigenio se hubiera perdido si se seguían extendiendo. Si en ese proceso me involucraba en querer forzar una extensión o en agregar más personajes se hubiera perdido la esencia de lo quería decir. No me gusta agregar donde no hace falta hacerlo.

Hay una idea que se repite que varios de los cuentos, como en Aferrado al azar o Atravesar el puente, que es la del naufragio, ¿qué representa para vos como autora?

Me encanta el naufragio, incluso para ir a pescar. El concepto de la navegación me parece aplicable casi a todo, es una fascinación. Admiro a Pablo Ramos, con él estoy trabajando mi novela, y asi como Pablo suele tomar de metáfora temas como el boxeo, en mi caso, el naufragio me permitió poder construir un ambiente donde los personajes se involucraran en alguna parte de la historia; que les permitiera poder compender lo que estaba pasando. Eso también es importante compararlo con lo que le puede pasar al lector con la historia, la reacción que implica querer meterse ahí. La idea del naufragio sirve para poder anclar en esos dos mundos, el de lo escrito y el del lector.

Estuviste muchos años en el periodismo: haciendo reseñas, crónicas, entrevistas a otros autores, ¿qué sensaciones tuviste al encontrarte del otro lado de esa frontera?

Es otra etapa. El periodismo es un oficio: no logro pensarlo como un complemento de la escritura. Sí me ha pasado que diferentes trabajos periodísticos me sirvieron para introducirme en la literatura. Por otro lado, trabajé en revistas económicas y eso no se prestaba para lo que yo buscaba, que era leer. Me sirvió, pero mi eje siempre fue la ficción. Por eso, dentro del periodismo, me gusta más la entrevista, porque podés ver qué hay detrás de lo que hizo, cómo se le ocurrió hacerlo, lo que pasó posteriormente con realizar determinado acto.

¿Esa rigurosidad que te caracteriza al momento de evaluar un texto ajeno también se trasladó a tu propia obra?

No confío en casi nada de lo que escribo. En el caso de la novela, las constantes correciones la fueron llevando a mutar, posiblemente, hacia otro tipo de texto. Con los cuentos de Memoria de lo Posible me di cuenta de que hasta ahí podía llegar; no hacía falta estar forzando y estrujando una estructura para que encajen. Eso tiene que ver con que hay una relajación distinta que en la novela, incluso se pueden evaluar individualmente o como libro en general. Hay más benevolencia.

En Relato 6 hay una frase que funciona como preambulo de los textos internos, que dice que los escritores “son llevados a la escritura por la búsqueda de algo“, pero no es tu caso. ¿Qué te impulsa entonces a escribir ficción?

Es la necesidad de tomar las cosas que no se terminan de resolver internamente para poder volcarlas en un texto. Lo que más me gusta es escribir, y es la principal forma que encuentro para comunicarme. Puedo escribir crónicas o reseñas, colaborar en diferentes espacios, pero la única forma de comunicación que tengo es la de escribir, no concibo otra. El libro forma parte de ese crecimiento, de renovarse. Me metí en muchos lugares para así llegar a los cuentos o a la novela pero creo que, en el fondo, de lo que se trata es de experimentar y atravesar la vida por medio de un texto.

WEB_Memoria de lo posible -02

Memoria de lo Posible, de Angie Panotta.

Peces de Ciudad, 2017.

52 páginas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s