La causa justa: el macho por la boca muere

Por María Singla

Inspirado en el relato de Osvaldo Lamborghini, el unipersonal que protagoniza Mariano Bassi pone sobre el tapete y en clave de humor varios temas caros al mito del guapo porteño: el fútbol con amigos, la palabra empeñada, la (homo)sexualidad latiendo en cada diálogo, en cada chicana, en cada amague.

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No todos pueden reconocer el sin fin de problemas que puede desencadenar el simple hecho de ser culón. Tal es el caso de Nal, que durante todo el cuento La causa justa, de Osvaldo Lamborghini, es paseado por una eterna cadena de infortunios que desenmascaran a cada paso la hipocresía de los argentinos respecto a la homosexualidad; aquella de la dictadura y el falso realzamiento de la masculinidad guerrera durante el conflicto por las islas Malvinas.

En la adaptación teatral, Mariano Bassi y Cristian Palacios lograron concentrar en un unipersonal esos cúmulos de estupidez que inflan los pechos de los argentinos de orgullo y que Lamborghini pudo ver con una claridad insólita, porque surgen en su esplendor durante las situaciones más cotidianas.

Durante un partido de solteros contra casados organizado por la empresa donde trabaja Nal, el señor Tokuro, un ingeniero japonés que no logra entender el humor argentino, la levedad del valor de la palabra en “la gran llanura del chiste”, enfrenta a sus compañeros contra sus propias contradicciones. Ni la inmediata posibilidad de caer muerto ante las sólidas manos de Tokuro, que no teme en asesinar a su mejor amigo para defender el honor de lo que se dice, hacen que los improvisados futbolistas puedan siquiera reflexionar sobre el manto de hipocresía que cubre al macho, que construye su discurso de odio a través de figuraciones claramente homosexuales.

Mariano Bassi encarna así a todos los personajes, sin salir ni un segundo de escena. Mediante un gran trabajo corporal y sobre todo vocal, el actor erige hombres muy diferentes entre sí y que, sin embargo, son parte de la fauna argentina.

Lo nacional, compuesto entonces por personas de diferentes orígenes, costumbres, personalidades y situaciones es atravesado por aquello que los amontona: la estupidez y la incapacidad de criticar lo masivo, lo que hace de lo disímil una unidad. Aquellos que lo hagan, como el señor Tokuro, se hundirán dramáticamente en el ostracismo.

Dramaturgia: Mariano Bassi y Cristian Palacios

Actuación: Mariano Bassi

Vestuario: Natalia Alayón Bustamante

Luces: Javier Vázquez

Asistencia de Dirección: Tomás Graziano

Dirección: Cristian Palacios

*Todos los jueves a las 21 en Espacio Lavallén, Solís 1121.

 

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