Ariel Urquiza: “Intenté mostrar la vida de una persona que se levanta todas las mañanas sabiendo que esa puede ser la última”

Por Marvel Aguilera. Fotos: Gisele Velázquez

En No hay risas en el cielo (ganador del premio Casa de las Américas 2016) el autor da cuenta de la fragilidad de los vínculos en aquellos escenarios donde la muerte está siempre a la orden del día.

img_4206_2.jpg
Fotos: Gisele Velázquez

En la frontera de México los caminos respiran un clima de sangre e incertidumbre. Los cárteles de Jalisco y Sinaloa se repliegan en una batalla a muerte por un territorio cada día más exiguo: adiestran niños como verdugos; masacran familias para fijar posiciones; se jactan de su fuerza extorsiva hacia las altas esferas políticas. La declaración de guerra del ex presidente Felipe Calderón en 2006 impulsó una oleada de terror indiscriminada tanto entre las propias organizaciones como con el resto de la población: cuerpos desmembrados a la vera de las rutas; decapitados, como en tiempos medievales; calcinados, hasta hacerse ceniza. La destrucción de la carne funcionó como propaganda desesperante. Esas más de 25 mil muertes acumuladas en la última década debían tener un correlato en el ámbito literario. El auge de la “narcoliteratura” significó una aproximación más profunda hacia un mundo acostumbrado a retratarse en las páginas policiales de los matutinos. El renombre adquirido con La Reina del Sur de Arturo Pérez-Reverte, la trascendencia del género de la mano de la serie de Elmer Mendoza, y el puente comercial que marcó el norteamericano Don Winslow fueron vitales. Sin embargo, hay otra dimensión en donde la violencia produce efectos más allá de sí, en la que el ejercicio del poder cambia las reglas fácticas, incluso para los victimarios.

Los relatos de No hay risas en el cielo (Corregidor) actúan sobre aquellas relaciones humanas básicas, que incluyen: lazos, sentimientos, intereses; pero cuyos desenlaces no responden meramente a ese contexto disruptivo que el ojo global tiene para con los protagonistas del narcotráfico. Y aún si fuera así, detrás de esa mirada externa de amenaza contra el orden social, hay una perspectiva que responde a una lógica propia y normalizadora desde el interior del hampa. Cada personaje vive y muere dentro de ese orden de valores. “Desde chico andaba en la calle haciendo fintas a las balas. Antes de los quince ya le había arrancado el cuero a tres o cuatro“, confiesa un servil Lucas Vaqueiro, ante su jefe, en Perro muerto, perro fiel.

Desde el Distrito Federal – pasando por Lima – hasta Lanús y Banfield, el hilo que une a cada uno de los personajes con una pertenencia mística e indelegable los arrastrará a tener que confrontar sus miedos ocultos detrás de las débiles máscaras usadas para aterrorizar: un joven que debe doblegar sus impulsos en una fiesta que no hace más que poner en ridículo la memoria de su madre; una viuda desolada que, por no haber podido torcer el destino, debe sufrir el repudio de su hijo, condenado a repetir la historia delictiva de su padre; dos sicarios que replantean su rol tanto en la organización como en la sociedad – casi a límites cartesianos – mientras aguardan a un compañero para ejecutarlo fríamente. “Aquí nadie se entera de lo que pasa hasta que llega una bala a avisarle“, advierte uno de ellos.

La concatenación que atraviesa los cuentos de Urquiza (Premio Casa de las Américas 2016) evidencia un trabajo detallado de análisis y observación previa a cualquier materialización: mímesis del lunfardo; diálogos directos y certeros, en armonía con el desarrollo de las expectativas; personajes y escenarios que reinciden en una trama envolvente, circundada por su propia autonomía. Con la guía de la célebre Liliana Heker desde sus talleres, el autor oriundo de Tres Arroyos abre un surco importante para pensar la realidad actual desde la perspicacia de una ficción ineludible.

 ***

Los cuentos están ubicados en un contexto afín al crimen organizado y hablan de los efectos que causa en las relaciones dentro de ese núcleo. ¿Qué quisiste indagar de ese mundo?

La idea nunca fue escribir un libro de narcoliteratura, que es la tendencia actual, sino abordar el mundo desde la perspectiva humana; en cuestiones presentes en todos nosotros pero que en ese ámbito pueden verse más exacerbadas. Todos tenemos una relación particular con la muerte, pero en nosotros hay una reflexión hacia ella en el día a día, a cada hora. En este caso, se trata de intentar ver la vida de un hombre que se levanta todas las mañanas sabiendo que esa puede ser la última.

Hay planteos, como en Resabios de una fiesta en la Condesa o La casa de Jack, en los que los personajes ponen en cuestionamiento el lugar que ocupan, ¿Qué está queriendo mostrar esa reflexión?

Particularmente en ¿Por qué estamos aquí? hay dos hombres que están esperando para matar al Uruguayo, y uno se empieza a preguntar si está bien esa vida que llevan. Ese cuestionamiento lo emparento con el de aquel que empieza a tener dudas acerca de la religión: hay un señor al que uno le da todo, pero cuando te empieza a pasar algo… O ya no tiene que ver con él o termina siendo culpa propia. Son dudas que puede tener cualquier persona respecto de su fe. Y, sobre eso, hay un juego constante tanto en la fidelidad como en la religión.

IMG_4195_1
Foto: Gisele Velázquez.

Dijiste anteriormente que comenzaste con los relatos cuando aún no era un tema de agenda central, ¿cuándo fue ese momento?

Fue entre el 2012  2013, en un momento donde hubo un verdadero cambio respecto al tema en el periodismo argentino; cuando se empezó a sentir que esa problemática no era algo que solo veíamos al pasar sino que se estaba instalando en el país. En ese contexto, escribía los cuentos y los llevaba al taller de Liliana Heker, y a algunos les extrañaba el tema, sobre todo los textos ambientados en Argentina. Me decían: en México sí, pero acá no pasan esas cosas, son raras. El antecedente más notorio que había hasta ese momento era el caso de la efedrina (Triple crimen de General Rodríguez), pero no mucho más. Ya a mediados de año, no quedaba casi nadie que me cuestionara. Hoy está totalmente instalado. En ese sentido, Liliana me enseñó que había ciertas historias que podían funcionar en Buenos Aires.

Los cuentos pueden leerse por separado, pero la repetición de los personajes y los escenarios donde se mueven dan cuenta de una clara conexión entre todos ellos. ¿Fue una manera de acercarte a la novela?

Comencé a escribir un cuento que pensé que iba a ser el único sobre la temática. Después, me quedaron flotando otras ideas. Allí empecé a configurarme un mundo y dudé sobre si continuar como una novela o hacer más cuentos. Decidí por estos ultimos, pero con la idea de hacer una gran trama que incluyera a cada una de las historias, con cierto nivel de interrelación. Pude haber ido detrás de la novela, pero me pareció interesante que fueran historias independientes y que se leyeran así, más allá de que estuvieran conectadas. Había una idea en que cada relato pudiera sacarse del libro y leerse por fuera del contexto general.

¿Cuándo empezó esa idea de conectar cada historia en un contexto único y particular?

Desde el segundo o tercer cuento empecé a construir un mapa en mi cabeza: algunas historias que sucederían en México, otras en Argentina; un capo principal allá (El Señor) y otro más chico acá en el país, que fue finalmente el murciélago; entre otras. Esa fue la primera mirada. A medida que fui escribiendo, todo se volvió más concreto respecto a los personajes y sus relaciones. Cada vez que terminaba un cuento pensaba en cómo ese final podía continuar con otra historia, y así arrancaba con un nuevo relato.

¿Cómo fue esa asimilación del dialecto mexicano para elaborar muchos de los relatos?

Fue algo complicado, tal vez lo más dificil. Mi conocimiento de su lengua era limitado. Había estado en México solo unos meses. Sin embargo, hace algunos años trabajé dando soporte técnico en una empresa y, a diario, tuve que hablar por teléfono con mexicanos. Eso ayudó, aunque estaba claro que la forma de hablar de un empleado de una empresa no era la misma que la de un narco. Ahí accionó la investigación, donde fueron muy importantes los documentales: en muchos de ellos aparecían narcotraficantes arrepentidos contando cómo funcionaba ese mundo.

Tenés un gran manejo de los diálogos dentro de los cuentos, incluso el jurado del Casa de las Américas destacó el “virtuosismo” con el que los trabajas, ¿qué relevancia tienen para vos dentro de cada uno de los relatos?

Los diálogos son una manera de acercarse al personaje y mostrarlo más claramente. Además, le dan un dinamismo diferente a la historia. Hay momentos en que el libro exige una prosa con un narrador que desarrolle ciertas situaciones, pero en otros momentos es necesario que salga de la voz del propio personaje ese desarrollo de la trama.

¿Por qué decidiste trabajar tus cuentos con Liliana Heker?

Me habían hablado muy bien de su taller. Al poco tiempo de ir, me di cuenta de que tiene mucha experiencia en ver por dónde va la historia, en marcar aspéctos y en trabajar desde una manera muy rigurosa. Sus conceptos fueron muy buenos aunque, siempre, la última palabra la tuviera uno. Ni bien terminaba de leer, ella ya tenía en la cabeza todo lo que había dicho y los posibles puntos débiles de la historia. Es una gran maestra.

¿Tu trabajo como traductor te ayuda a la construcción de los textos o es indiferente?

Trabajar todo el día con la palabra supongo que ayuda, es un ejercicio. Aunque, por otro lado, terminás quedando contaminado con la voz de otro, y cuando te pones a trabajar en tu propio texto se introducen voces ajenas.

¿Te sentís identificado con el laburo de César Aira?

Siento que todo el mundo se divide en amar u odiar a Aira. En mi caso me ubico en el medio. Es un gran escritor que me divierte leer, pero no consumo sus libros al ritmo de uno detrás de otro. Sí es un autor que tiene bien en claro el concepto que quiere mostrar de la literatura y entiendo que lo que él dice se condice finalmente con lo que escribe.

Escribiste la novela Ya pueden encender las luces que fue finalista del Premio Eugenio Cambaceres en 2013, pero que no fue publicada. ¿Qué historia hay detrás de ella?

Después de escribirla, más allá del concurso, quedó ahí. No la he movido. Así como No hay risas en el cielo es etiquetado como un libro sobre el narcotráfico, Ya pueden encender las luces podría ser una novela negra. La particularidad es que el protagonista es un actor, sin trabajo, que tiene mucha conexión con el mundo del teatro. Hay una mezcla allí entre la esfera del crimen y la del teatro donde se mueve constantemente el personaje.

¿Es difícil entrar en el circuito literario sin una mención como la de Casa de las Américas?

Lo es. Se necesita mucho trabajo y perseverancia. El espacio literario de Buenos Aires es chico y con el tiempo te vas dando cuenta de que todos se conocen. Es como un pueblo, donde las relaciones son muy importantes: conocer otros escritores, mostrarte, ir a lecturas y presentaciones de libros; es todo un trabajo. No se trata meramente de escribir; para poder ser publicado hay que estar presente, más cuando las editoriales no solo se interesan por lo que escribís sino por quién sos y quién te conoce. Allí, las relaciones son vitales.

Más allá de que tu sitio web hoy esté orientado hacia tu obra, en el pasado se notaba una afinidad importante con el formato del cuento, el cual generalmente proponías. ¿Qué te significa de especial el cuento respecto de los otros géneros?

Empecé a escribir hace más de 15 años, y escribía cuentos. En ese momento no me imaginaba poder escribir una novela. Por muchos años me sentí cómodo en ese género. Leía a Antón Chejóv, J. D. Salinger, John Cheever, Raymond Carver, Ernest Hemingway. Fue una época centralmente de cuentos. Hoy no es tan así, ahora estoy abierto a la novela. Cuando había abierto el blog mi idea era publicar cuentos de escritores famosos, pero todo cambio a partir del premio que recibí por el libro.

No hay risas en el cielo, por Ariel Urquiza.

Corregidor, 2016.

160 páginas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s