Julián Delgado: “Almendra eligió acercarse a su tiempo escapándose”

Por Marvel Aguilera

En Tu tiempo es hoy: una historia de Almendra (Eterna Cadencia), el relato sobre el surgimiento y la disolución de la banda pionera del rock nacional convive y dialoga con una historia de transformaciones políticas y culturales claves para entender el debate revolucionario que cubrió los años setenta.

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Foto: Vanina Becares

A mediados de 1969, las calles se amontonaban de estudiantes que, inspirados por el Mayo Francés, reclamaban eufóricos por sus libertades civiles, oprimidas por la intransigencia de Juan Carlos Onganía. En Córdoba, las clases trabajadoras asfixiadas por el congelamiento económico copaban gran parte de la capital y se enfrentaban al salvajismo de una fuerza policial desbordada. La organización guerrillera Montoneros decidía darse a conocer con el secuestro y asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu, responsable de los fusilamientos en José León Suarez trece años atrás. La cultura, licuada en el conservadurismo de El club del clan y el mensaje conformista de Ramón “Palito” Ortega, veía en la nueva corriente británica, con The Beatles a la cabeza, una oportunidad para construír un nuevo lenguaje artístico, propio. En Tu tiempo es hoy, Julián Delgado se permite abordar la efímera existencia de la banda de Luis Alberto Spinetta, Edelmiro Molinari, Emilio Del Guercio y Rodolfo García, para dar una respuesta a los procesos de transformación políticos y culturales que atravesaron al país desde los cerrados años sesenta a la radicalización ideológica que colmó buena parte de la década siguiente.

Éste es un libro sobre la singular relación que la música de Almendra construyó en su época“, dice Delgado – Historiador y Magister en Ciencias Sociales orientadas a la música – como punto de partida necesario. Y esa relación es indivisible, es pura tensión. En los seis capítulos que dividen el texto – puntilloso e inquieto – el autor excava en la génesis de las canciones de una de las agrupaciones fundacionales del rock nacional para dar luz sobre las causas y efectos de los cambios socioculturales, acontecidos en una Argentina rodeada por botas y consignas superfluas.

Desde los adoquines del Bajo Belgrano, el tránsito por las vanguardias del Di Tella, hasta la cumbre de su gloria en un Obras repleto, Almendra siempre forma parte de ese impulso social hacia un futuro que siempre está por hacerse, que se inscribe en un debate continuo. Salpicados por las vertientes de la nueva ola británica, pero también por la rebeldía interna que propulsaban Los Gatos y Ástor Piazzola, el cuarteto de rock entiende que, para poder ser, va a tener que poner en juego su propia realidad y, por momentos, de forma drástica.

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El libro aporta un análisis tanto del contexto político como cultural entre los años sesenta a setenta, ¿qué te atrajo particularmente de la historia de Almendra para desarrollar esa idea?

La historia singular de la banda se inserta en una coyuntura histórica muy específica, de grandes cambios. El punto de partida del libro paradojicamente es el final. Lo que me llamó la atención fue lo breve de la historia de Almendra y lo abrupta que fue su separación. En esa brevedad y en esa dinámica acelerada, que lleva de grabar un disco a separarse inmediatamente, se me planteó una pregunta: encontré algo en el orden de la dinámica interna de esa historia. Entonces, la idea fue plantearse, como dice el libro, una historia de la banda en relación a ese tipo de cambios repentinos y decisivos.

Dejás en claro desde un principio que el nacimiento de la banda surge en medio de un cambio de paradigma cultural: el paso del Club del Clan a una nueva forma de hacer música que implica una banda que hace sus propias canciones, en castellano, y sale a mostrarlas a los clubes. ¿Qué rol cumplió Almendra en esa transformación?

Los primeros capítulos del libro intentan pensar en Almendra como una banda que es producto de un proceso de modernización cultural de los años sesenta en Argentina y en el mundo. El caso es que Almendra desarrolla su historia singular en un momento en que ese proceso de cambios culturales encuentran un hito de transformación: la radicalización de la órbita política. En base a eso, propongo una división analítica en el libro entre lo sesentista y lo setentista, que en el caso de Argentina es literal. La idea es que hay una transformación, que no es total, es de grado, pero con un impácto significativo. La pregunta es: ¿Cuál es el significado político de esa modernización cultural? Almendra es un grupo de jovenes que hacen sus propias canciones para un público que empieza a seguirlos. ¿Qué significado tiene esto? En principio aparece como un hecho, pero a medida que pasa el tiempo, con esos cambios, empiezan a aparecer apuestas muy contundentes.  Y la banda se enfrenta a otras preguntas: ¿Qué significa ésto que estamos haciendo? ¿Está bien o hay que cambiarlo? ¿Y en qué sentido habría que reorientarlo? Almendra propone una interpetación de eso que está pasando.

¿Ese surgimiento de Almendra tan inherente a década del sesenta fue el gran problema que tuvo en las decadas subsiguientes para sostener el proyecto?

Es un problema que todos tenemos. Hay una frase del historiador Marc Bloch que dice que “todo hombre es más hijo de su época que de su propio padre”. Almendra es una banda que, a medida que avanza su desarrollo, va proponiendo una reflexión más profunda sobre su inserción en ese momento histórico: las tensiones que la atraviesan; las oportunidades que están puestas en juego en el proyecto, que no dejan de representar cuestiones más amplias.

Cuando una banda vuelve después de un tiempo suele retornar para reavivar su vieja gloria, pero en el caso de Almendra hubo una puesta nueva, otro enfoque musical. ¿Por qué crees que aún así no pudo empatizar con ese nuevo publico que le pedía volver al primer Almendra?

La interpretación que hoy podríamos hacer de una vieja banda que se reune no es la misma que se podía hacer en 1979 o 1980. En primera instancia porque estamos hablando de una banda que se reunió después de diez años, habiendo sido un grupo fundacional. La última parte del libro habla sobre el retorno de Almendra, y lo que me interesaba indagar era saber qué me decía aquel retorno sobre la historia del Almendra en los años setenta. Esa misma pregunta fue la que me hice, ¿qué pervive de esa banda que me hace volver a ella? Esa fue la perpectiva. Lo que revela el regreso es que hay ciertas tensiones que a lo largo de la historia de Almendra se habían vuelto constitutivas, y son esos interrogantes que se abren los que de alguna forma todo el tiempo piden ser respondidos; son interrogantes que no se agotan.

¿Hubo un intento malogrado de adaptarse a esos cambios que comenzaban a explotar en los años setenta?

Hay una pregunta de Giorgio Agamben que incluyo como punto de partida: ¿Qué es lo contemporaneo? ¿Qué significa estar en tu propio tiempo? ¿Hasta qué punto la contemporaneidad se identifica con representar exactamente ese momento? Uno no puede trasar definiciones lineales del tipo “Almendra trata de adaptarse a algo por fuera de la historia de ella”. Sí creo que hay que preguntarse por los cambios circulares que se fueron dando. Hay una dinámica que marca un camino de época en la Argentina y tiene que ver con la idea de la aceleración del tiempo: el futuro está a punto de llegar y hay que ir a buscarlo. Esa dinámica aparece funcionando en los eventos político institucionales del momento; en cómo se empiezan a organizar los grupos guerrilleros; o en una banda de rock, inscripta en una idea de acelerar las producciones. En el cuento El Perseguidor de Julio Cortázar, el personaje de Charlie Parker dice “ésto lo estoy tocando mañana”. Era la teoría de la época y Almendra también estaba en ese juego. Desde su propia dinámica es que habla de su tiempo, no desde la adaptación.

En el tramo medio del libro, luego de su primer disco, decís que la banda intentó boicotear su propio mito, ¿a qué te referías?

Hay algo muy particular de ese rock argentino que tiene que ver, por un lado, con las necesidades del público y, por el otro, con las nuevas influencias musicales. Todo eso, pasó en un plazo de meses. Almendra fue una banda que en enero de 1970 sacó su primer álbum y en menos de doce meses ya estaba separada. Ahí también hay un problema de desfasaje que tiene que ver con el plano en que uno lo mira. Para mucha gente Almendra era una banda nueva muchos años después, que recién la conoció en 1972 o 1973.

En el inicio de la banda, hay un fogoneo de parte del ambiente y en particular del referente cultural Ricardo Kleiman para que Almendra sea el grupo beat nacional, ¿Cuánto afectó ésto a la agrupación?

En la reconstrucción a posteriori que se ha hecho del contexto, ciertas esferas aparecen representadas como separadas, pero en la práctica no funcionaba tan así. Es evidente que el proyecto de Almendra, desde un principio, eligió correrse de la lógica más comercial que marcaba a la música en ese momento. Sin embargo, el papel que tuvieron los productores; los organizadores de eventos; los promotores radiales, dentro de la historia del nacimiento del rock argentino, y principalmente en Almendra, fue sumamente importante. La banda, en cierta medida, surgió como una puesta de Kleiman, que había visto en el proyecto de esos cuatro pibes de 18 años la posibilidad de proponer algo nuevo dentro del contexto de la cultura juvenil. Kleiman puso su ingenio en eso, quizás con ambiciones distintas de las de la banda pero no deja de tener importancia ni de contribuir a la historia de Almendra. A todo ésto, salvo el proyecto de Mandioca, la historia del rock argentino en los setenta carecía de producciones independientes: era muy caro grabar. Surge una polémica en plantearlo, ya que pareciera que al mencionar las conexiones entre el rock y las discográficas uno está poniendo en juego el sentido político del rock. A eso hay que evitarlo. La propuesta de Almendra fue netamente transformadora.

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Foto: Vanina Becares

El Di Tella forma parte de otra esfera: la cultura popular versus la cultura erudita. La historia de Almendra es reveladora porque muestra ciertos cruces y limitaciones del arte de vanguardia en la Argentina, que tienen que ver con aquella dificultad para dialogar con proyectos que vienen del campo popular, como lo era Almendra. En todo caso, lo interesante es que estos cruces que funcionban de cierta manera en el principio de la historia de la banda, con el cambio de época y el proceso de transformación empiezan a tensionarse; lo que se desarrollaba con fluidez comienza a ser interrogado, como es la relación entre los rockeros y los intelectuales. Hay un quiebre allí, y pienso que la relación no se concreta. Igualmente, el punto es que la historia de Almendra es también la pregunta por esa relación

¿En esa salida de la lógica comercial que implicó pasar del Di Tella a los clubes populares se entiende el proyecto abandonado de la Ópera El Señor de las Latas?

En algún punto es contradictorio. ¿Que decision puede denotar mayor acercamiento al mundo de la cultura erudita que hacer una ópera? Al mismo tiempo, en el arte de vanguardia, la ópera era el símbolo de lo conservador. El proyecto de la ópera fue un proyecto frustrado, esa imposibilidad de terminar la ópera dice tanto como la obra misma. La ópera fue una repuesta equivocada que dió almendra; la correcta fue su segundo LP, lo contrario a lo que representaba una ópera: una obra de arte total, donde todo esta puesto en funcion de una gran idea; contra un segundo disco que es un retrato de la dispersión total. La coherencia desde la heterogeneidad.

Más allá del intento por acercar a Luis Alberto Spinetta a la figura de John Lennon, ¿esa heterogeneidad también se transmitió al interior de la banda?

Es importante tener en cuenta que en 1969 los músicos de Almendra son solo eso, no es Spinetta ni Del Guercio, Molinari o Garcia; personajes que conocimos posteriormente. Fue su voluntad, muy clara a lo largo de toda la historia, el funcionar como grupo, sin que eso aclare las diferencias. Asi como funciona con la música de Almendra, en la banda queda claro que las diferencias se conjugan en función de canciones: por eso en el segundo disco es más claro poder distinguir qué tema fue escrita por tal o cual integrante. Hay algo que está revelándose no sólo del orden de la composición musical sino de esa integridad de Almendra tensionada, porque la existencia de la misma banda esta en tensión.

Spinetta dice en una de sus entrevista tras la separación que, aunque cada uno tuviera su proyecto individual, Almendra siempre va a estar ahi. ¿La banda estaba por encima del cambio de época?

Es otra dimensión del ser contemporaneo. ¿Hasta qué momento Almendra representa a su tiempo? ¿Hoy Almendra es contemporanea? Obviamente no en un sentido literal pero, sin embargo, la seguimos escuchando. Es una banda que funcionó muchos años antes de que yo naciera y no obstante, terminé escribiendo sobre ella. Eso me esta diciendo algo sobre mi tiempo y, en ese sentido, es contemporanea, porque sigue diciendo algo. Almendra buscó sistematicamente escapar al mito de si misma, no estancarse en un determinado lugarTutiempoeshoy_640x640. Era una característica de ellos, pero también de la época. La convocatoria de Almendra en el presente es la posibilidad de hacer una música que te diga algo sobre tu tiempo.


Tu tiempo es Hoy, por Julián Delagado.

Eterna Cadencia, 2017.

256 páginas.

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