Broemmel y Castagna: “Aun en el delirio más grande, las búsquedas humanas crean personajes memorables”

Por Juanjo Méndez

Escrita a cuatro manos por Christian Broemmel y C. Castagna, A Morir se nutre de la ciencia ficción y la cultura popular para engendrar una densidad literaria adictiva que la convierte en una novela original, entretenida y explosiva.

Castagna Broemmel

Una conspiración china musicalizada con cumbia villera, una distopía de cibercafés y portales dimensionales, persecuciones de alta velocidad, mujeres imposibles, Borges, Miyazaki y Blade Runner. A Morir (Factotum) es una suerte de noir sci-fi porteño que sus autores definen acertadamente como una “épica loser urbana.

La novela zigzaguea entre las reglas del género pero sobre bases estrictamente literarias y las personalidades de ambos escritores se expanden para delinear los personajes principales: Broemmel, un romántico de ley que hace de Pappo su soundtrack y de Lord Byron su manual de estilo, y Castagna, un “conspiranoico” que exprime todas las virtudes y defectos de su eterna curiosidad infantil.

Broemmel y Castagna (autores) se conocieron tras participar de la antología El Amor y Otros Cuentos (Mondadori, 2012), por lo que inicialmente solo tenían registro del otro a través de sus textos. Su primera novela juntos es una verdadera aventura literaria con sabor a buddy movie que hace brotar la inusual naturaleza lúdica de la creación escrita, resultado de una amistad surgida de su gestación.

Cuando piensan hoy en la novela terminada ¿qué les viene a la cabeza inmediatamente?

Broemmel: El clima y los personajes principales, eso siempre viene primero. Pero si pienso en algo concreto, la imagen de la tapa gana: la moto saltando sin la rueda de adelante ya es un ícono.

Castagna: Sí, creo que una vez que esa escena tomó estado visual, es difícil pensar en otra cosa. Pero lo que más fuerte queda es el disfrute del proceso de escritura, la sorpresa y la emoción de recibir un nuevo capítulo de Broemmel.

Vayamos entonces al principio: ¿cómo empezó ese proceso de escritura de a dos?

Broemmel: Nos conocimos porque habíamos publicado en una misma antología de cuentos. Teníamos estilos distintos pero hicimos buenas migas y durante un Festité (ciclo de lecturas que se realizaba los domingos en Casa Pavón) se me ocurrió proponerle “che, ¿por qué no escribimos algo juntos?”. Castagna había visto una situación con un personaje en un ciber (“el gordo” en la novela) y me dijo “yo tengo algo como para arrancar”.

Castagna: Yo escribo el primer capítulo y se lo mando. La idea era no contarnos absolutamente nada y limitarnos a escribir el próximo, así hasta el tercer o cuarto capítulo Fue medio a ciegas, cada capítulo de uno era una respuesta al del otro, hasta que después nos sentamos a delinear hacia dónde íbamos a llevar la historia. Se fue dando todo de manera muy ajustada.

Broemmel: Por suerte el aspecto lúdico del proceso nunca se perdió.A Morir (tapa)

Lo lúdico es clave en Castagna (personaje). Se deja llevar constantemente por una fascinación casi infantil por todo lo que lo rodea; mientras que Broemmel (personaje) siempre busca tener un cierto control sobre las cosas. ¿Esa tensión tiene relación con el método de escritura de cada uno?

Broemmel: Yo veo en la escritura de Castagna ese maravillarse por lo que lo rodea. Por mi parte, tiendo a armar más estructuras mentales. Una decisión que influyó directamente en la novela fue que Castagna narre desde el presente, lo que le da un realismo particular, y mi personaje narre desde el futuro.

Castagna: Lo que queda en el medio de esa diferencia temporal es, creo yo, lo que termina de darle el clima a la novela. Cuando mi personaje está narrando en un lugar, el suyo está contando lo mismo, pero más allá. Los personajes son extensiones de nuestras personalidades, aunque exageradas: somos muy distintos y a la vez muy complementarios.

Broemmel: Cuando dos escritores se juntan siempre existe el problema de cómo aunar sus voces. En nuestro caso, teníamos que luchar para que no se aúnen. Con la mitad del libro escrito, encontraba frases muy suyas en mi escritura o al revés.

Castagna: Creo que en gran parte el diálogo funcionó porque en cada capítulo no buscábamos conformar a todo el mundo, sino apuntar a un lector muy definido, que en mis caso era Broemmel. Sabía qué cosas probar y qué cosas no.

Y hacia afuera, ¿buscaron gustar a un lector definido?

Castagna: Nosotros buscamos divertirnos.

Broemmel: En otra reseña escribieron que nuestra novela aportaba entretenimiento, que es algo que está faltando en la literatura actual. En otro momento, esa crítica hubiera sido demoledora, pero hoy es un halago. Nosotros buscamos en todo momento hacer buena escritura y es una concepción errónea que uno no pueda escribir bien siendo entretenido. El escritor intelectual que tiene una idea sobre el mundo y la plasma en su literatura fumando una pipa no me va.

Aunque Borges aparece…

Castagna: Claro, Borges opera como un chiste en la novela. ¿Qué escritor argentino no está atravesado por la figura de Borges? Es casi una sombra ominosa. Nosotros decidimos jugar con eso.

Broemmel: Byron sí aparece por la búsqueda eterna, romántica, de Broemmel, en cambio Borges aparece pero no así la forma literaria de Borges. Borges es hoy casi un paisaje urbano.

Castagna: Borges es… una calle.

En la novela aparece también la revista Muy Interesante, Pappo, el barrio chino, los ciber. ¿Piensan que esta historia podría haberse escrito en el contexto de otra cuidad?

Castagna: La nuestra no deja de ser una construcción literaria. No queremos contar nuestras vidas ni describir Buenos Aires. Lo que buscamos es contar una historia desde nuestro propio disfrute. Yo imagino que la historia transcurre en Caballito porque lo tomé como referencia para escribir, pero eso nunca fue hablado entre nosotros.

Broemmel: Uno lo puede ambientar más o menos en un lugar, pero la búsqueda de los personajes es universal. Lo demás son guiños, referencias, que agrandan el mundo de la novela.

Castagna: La cumbia, el “wachiturrismo”, las drogas, son condimentos de la literatura contemporánea porteña presentes en lo que uno ha leído en los últimos cinco a siete años.

De hecho los personajes que aparecen en la escena final son colegas, escritores.

Broemmel: Claro, incluso en un momento se nos ocurrió que al final de la novela estos escritores pudiesen expandir sus personajes desde su punto de vista. Después fue complicado coordinar con cada uno…

Castagna: ¡Queda abierto para la segunda parte!

El género de la novela, si es que puede definirse, ¿fue intencional desde el principio?

Castagna: Sinceramente no habíamos pensado un género antes de ponernos a escribir, pero intuitivamente hay elementos que salen.

Broemmel: Sí, obviamente el noir y la ciencia ficción están pero siempre desde el clima de la novela. Le prestamos especial atención al clima, a los espacios. Y en eso cada uno aportó influencias distintas. No solo literarias.

Castagna: Nosotros la definimos como una épica loser urbana.

Esta épica loser transita un estado contingente, que roza lo imposible sin llegar lo absurdo. ¿Cómo se mantiene sólida la novela sin caer en el delirio?

Broemmel: Desde el principio nos propusimos focalizarnos, más allá de que la trama podía dispararse hacia casi cualquier lado, en la cuestión humana. Los dos personajes están a la deriva: uno porque la mujer que amaba lo dejó, el otro porque idealiza a otra. Aún en el delirio más grande, lo que ellos buscan es algo muy humano. Las búsquedas humanas crean personajes memorables y eso es precisamente lo que nosotros quisimos construir.

Castagna: Ellos asumen la realidad como tal y no cuestionan demasiado los delirios del mundo que los rodea. El hecho que el lector se ponga de su lado, y no se vuelva escéptico, se logra porque son los personajes los que van delante de la historia.

En el caos, cada uno a su manera, busca la felicidad en una mujer. ¿Encuentran otro eje humano clave en la novela además del amor?

Castagna: La amistad. Es que nosotros mismos nos fuimos haciendo amigos en el proceso de escritura y creo que esa confianza ciega en el otro hizo que la novela fluya… de hecho en ningún momento discutimos.

Broemmel: En realidad yo le quería poner nombre a cada capítulo y vos no.

Castagna: Bueno, confiaste en mí. Escribir una muy buena manera de hacerse amigo de alguien. Cuando nos pusimos a escribir juntos nos conocíamos hacía menos de un año…

Broemmel: Pará, ¿entonces en realidad sos amigo mío o de Broemmel?

 

A Morir, Christian Broemmel y C. Castagna.

Factotum Ediciones, 2016.

152 páginas.

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