Cuentistas argentinas que juegan con los límites de lo verosímil

Por Lucía Martínez

Los cuentos de Mariana Enriquez, Gabriela Luzzi y Samanta Schweblin son disparadores de una nueva narrativa que decide contar historias que recorren espacios y situaciones cotidianas desde una visión fantástica.

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Lo imperceptible, lo cotidiano  y lo repetitivo son elementos en los que recaen tres libros de escritoras argentinas: Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez, El resto de los seres vivos de Gabriela Luzzi y Siete casas vacías de Samanta Schweblin. Cuentos cortos con historias dotadas de terror, fantasía o ciencia ficción, que irrumpen en vidas lineales y muestran personajes oscuros con problemáticas poco exploradas por la literatura.

Cada suceso “anormal” ocurre en escenarios familiares. A medida que la lectura avanza, la posibilidad de lo antinatural en un mundo real resulta más aterrador que el ficticio.

En Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama), Enriquez convierte el barrio de Constitución en un lugar de mala muerte y rituales satánicos; al Riachuelo en una contaminada fuente reactiva que devuelve a la vida a un chico asesinado; e incluso se anima a revivir la historia del Petiso Orejudo en la Buenos Aires actual. Los once cuentos que componen el libro demuestran que es posible dar un giro inesperado y perturbador, aún cuando el final parece anunciado.

Desde el 2009, con Los peligros de fumar en la cama (Anagrama), que Enriquez no publicaba colecciones de cuentos. Su afición por la escritura la llevó a publicar desde novelas hasta biografías o crónicas, además de ejercer el periodismo.3bf4225355651b304eb4d354b55b65bc7cf09493

Gabriela Luzzi opta por el libre albedrío en El resto de los Seres vivos (Conejos), porque en los finales nada está dicho. Cada cuento mezcla realidad con fantasía de manera tal que impide distinguir una de otra y convence de que todo puede ser posible, aún cuando la idea parece descabellada.

Oriunda de Chubut, Liuzzi publicó poemas y cuentos al lado de editoriales independientes como Eloísa Cartonera. En la actualidad, es editora del sello Paisanita, que conforma el colectivo La Coop. El resto de los seres vivos se publicó en 2016 y es su primer antología compuesta por 20 cuentos cortos.

Desde 2015, Samanta Schweblin está en boca de todos: Siete casas vacías (Páginas de espuma), la consagró como una de las grandes escritoras a nivel internacional y le adjudicó una identidad inherente al cuento, a pesar de que la autora ya era reconocida por Pájaros en la boca y Distancia rescate.

gaby-luzzi-tapa-rgbEn su último libro, Schweblin traza personajes que están al borde de la locura. A través de su visión, la cotidianeidad es vista como una película de terror que invade y asfixia al lector. Cada cuento indaga en problemas que no son ajenos a la realidad y, sin embargo, parecen lejanos e inconcebibles.

A su manera, cada escritora aporta una nueva visión literaria de un mundo próximo o una idea subjetiva de la dirección en la que va el tiempo. Pero además, demuestran que no hace falta muchas hojas, para dar con un gran texto.

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