Literatura infantil ATP

Por Lucía Martinez

Las editoriales locales invitan a niños y adultos a participar de la lectura y una mayor interacción con el libro. Nuevas propuestas de editoriales independientes que combinan ilustración y poesía de manera original.

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 Lejos de las estadísticas que anticiparon la muerte del libro en papel, o peor aún el deceso de la lectura en las generaciones más jóvenes, la literatura infantil demostró su capacidad de reinvención para un público cada vez más tentado por el universo intangible de la tecnología.

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Pero en algo no se equivocaron los números: el último informe de la Cámara Argentina del Libro (CAL) arrojó un crecimiento del 15 por ciento de las editoriales infantiles y juveniles en los últimos 4 años. Del resultado no sólo participan las empresas más conocidas del mercado, sino también los sellos independientes con propuestas alternativas, que proponen historias aptas para todo público.

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“Algo que me encanta de los libros que publicamos es que muchos juegan con la ironía y el absurdo, con guiños para los niños y también para los adultos, pero quizás lo más importante para mí es que muestran otra salida discursiva, otra mirada, lo no tradicional”, cuenta Nicolás Ruiz de Kala Ediciones, una editorial independiente que desarrolla junto a Florencia Mariani en Cafayate, provincia de Salta.

Entre los cuentos y poesías de la editorial, Sr. Pomzi de Luciano Alonso, muestra la doble complicidad porque alude a la soledad y la imaginación de la niñez, con metáforas discursivas y lúdicas en las ilustraciones que acompaña Pedro Mancini. “Antes de ponerme en contacto con Luciano estuve meses viendo cómo iba a ser el mensaje de Facebook que le iba a escribir. Yo era Fan de Sr. Pomzi, amé desde la primera vez que leí el pequeño texto, y desde un principio sabía que quería que fuera Pedro quien lo ilustrara, pero ¿Cómo decirle esto a Luciano? yo, un total desconocido a mil quinientos kilómetros de distancia”, comenta Nicolás Ruiz, que planea junto a sus autores la continuación de la saga.

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Otras autoras, como Raquel Cané, también se suman a otro tipo de propuestas literarias para niños. Su libro Calesita (Capital intelectual) invita con la poesía y el dibujo, a la imaginación propia de la infancia, como en El libro del miedo (V&R Editoras), donde la diseñadora e ilustradora santafesina alude a temores de los más pequeños.

Lara con unos pocos libros arma una casita. Cuando termina de poner el techo, escucha un ronquido largo que viene de adentro. Las paredes de la casa tiemblan. Lara clava el ojo para espiar entre los libros, y ve que allí adentro hay alguien que está recostado en un sillón con un libro en las manos. Lara y su lobo (comunic-arte), de la escritora argentina Perla Suez e ilustraciones de Saúl Oscar Rojas, indaga en historias de criaturas fantásticas proyectadas en dibujos donde el lápiz es un protagonista inherente al texto.

La editorial Calibroscopio también se suma a la idea que propone igualar las distancias entre niños y adultos. Papá y yo, a veces  de María Wernicke constituye uno de los mejores ejemplos no sólo por los protagonistas (un padre y su hija) sino por la visión que los más chicos tienen del mundo que los rodea y que, a veces, son más acertadas que sus adultos.

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Hay textos para jugar, textos para pensar y corregir e incluso para escribir, sus autores demuestran que aún con historias simples se pueden lograr grandes resultados. Al respecto, Nicolás Ruiz concluye: “Existen muchos libros que se ofertan bajo el título de ‘Libros para niños’ y no son más que manuales para adoctrinar. Nosotros editamos literatura y su deber es abrirte la cabeza, mostrarte ese sendero que desconocías, darte más preguntas que respuestas. La buena literatura puede ser incómoda, tengas doce años, veintidós o cincuenta”.

 

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