La tierra tiembla en Heldenplatz

Por Esteban Galarza

Con la publicación de Heldenplatz de Thomas Bernhard, la editorial El Cuenco de Plata  recuperó una de las obras teatrales germanas más crudas que se hayan escrito en tiempos de posguerra. A casi treinta años de su estreno, el tiempo y la política mundial hicieron de la obra una de las más dolorosamente vigentes.

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Foto por Émilie Mantaray.

Thomas Bernhard supo ser un generador de consciencia molesto en Austria durante toda su vida pública. Como último escándalo antes de su muerte estrenó Heldenplatz en noviembre de 1988 en el Wiene Burgtheater. En la obra de teatro se encarga de despedazar minuciosamente todos los estamentos que sostienen a la sociedad política austríaca desde la llaga más dolorosa que tienen: su pasado nazi que se mantiene en el presente aún más vivo que en 1938. No hay poder político, religioso, cultural, musical, literario, científico, histórico que sobreviva a la mirada de Bernhard. La juventud abrazó Heldenplatz. La crítica y la sociedad de los buenos modos se escandalizó.

La obra, a pesar de su escándalo, no fue algo inédito dentro del teatro de Mitteleuropa. Escrita en 1988 con motivo del cincuentenario de la Anschluss o Anexión austríaca al Tercer Reich, se engarza en una particular tradición teatral cultivada en los países de habla alemana tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Híbrido entre el teatro del absurdo y la tragicomedia grotesca, el teatro germano tuvo, en décadas anteriores a la escritura de Heldenplatz, exponentes filosos como Andorra de Max Frisch o El regreso de la anciana dama de Friedrich Dürrenmatt.

Pero mientras las obras de Dürrenmatt y de Frisch presentan pueblos utópicos que hacen alusión directa a la carrera por el capitalismo mediante el crimen colectivo y la neutralidad como otro modo de complicidad para con los criminales, Bernhard decide ser mucho más directo. Heldenplatz ocurre en la Viena del momento, es decir, 1988.

En su testamento, Bernhard especificó que ninguna de sus obras teatrales debía representarse más, pero esa cláusula, al igual que la de Franz Kafka que pedía que su obra no publicada fuese destruida, no fue respetada del todo y se representó múltiples veces en Austria y otros lugares del mundo. Así, Heldenplatz fue representada en Buenos Aires en 2008 en el Teatro San Martín.

El nihilismo es inherente al texto. Si quedan desnudas las instituciones, el lenguaje no puede quedar impoluto. En todo el texto escrito por Bernhard no hay un solo signo de puntuación y el argumento es mínimo: la acción gira en torno al suicidio del profesor Josef Schuster y su círculo más cercano, es decir, su hermano Robert, enfermo crónico, su esposa e hijos, amigos y criadas.

Las causas del suicidio se vislumbran a lo largo de los diálogos que mantienen los personajes y la terrible naturaleza del pueblo austríaco, capaz de hundirse en brutalidades dadas por la superstición y la virulencia del pasado cada vez más presente. La sentencia de Bernhard es deshauciante: el hombre más sano de la familia, el filósofo por naturaleza, solo puede optar por el suicidio como única vía de escape de la barbarie con la que convive. Mientras tanto, y como corolario, un ruido ambiente se hace cada vez más presente en el escenario: es la multitud que se abalanza hacia Hitler el 12 de marzo de 1938. A casi 30 años del estreno de la obra, su legado continúa ardiendo como una llama solitaria, un grito silencioso en medio del devastador avance de los partidos de derecha alrededor del mundo.

Heldenplatz por Thomas Bernhard.

El Cuenco de Plata, 2016.

270 páginas.

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