La enciclopedia americana de Bill Frisell

Por Eduardo Minutella

Uno de los guitarristas de jazz más originales de las últimas décadas se presentará en el CCK el 9 de febrero. Su sonido se nutre de la más pura cultura norteamericana que transforma en música. 

Bill Frisell
Foto: Rene Jakobson

A comienzos del siglo XXI, decir que el rasgo identitario de un músico de jazz es su eclecticismo es una verdad de perogrullo. Especialmente a partir de la década de los noventas, el género se ha convertido en un vórtice omnívoro en el que las tradiciones se reciclan y los préstamos culturales se reprocesan hasta incorporarlos al lenguaje cotidiano de compositores e instrumentistas. Por su parte, pensar la producción de un músico principalmente a partir de su sonido implica una operación igual de redundante. No hay artistas de jazz relevantes que no hayan elaborado uno propio. Sin embargo, son esos conceptos, “eclecticismo” y “sonido”, los que suelen funcionar como epicentros de todas las reseñas y artículos sobre Bill Frisell, una de las figuras centrales del jazz estadounidense de las últimas décadas, que tocará en Buenos Aires el próximo jueves 9 de febrero. Y aunque en este caso ese enfoque quizás es más justificado que en cualquier otro (el sonido “Frisell” es marcadamente distintivo y su probado eclecticismo le permite moverse por todo el arco del lenguaje jazzístico con solvencia), no son esas las cuestiones a destacar en esta oportunidad, sino la forma en que el músico de Baltimore se ha convertido en una especie de embajador heterodoxo de ese género que ha venido a denominarse americana.

Luego de oscilar en la década de 1980 entre el sonido del sello ECM (del que se convirtió casi en guitarrista “oficial”) y el downtown neoyorquino capitaneado por John Zorn, Frisell se ha interesado, con gesto posmoderno, en revisar las tradiciones musicales de su país. En esa empresa no solo se adentra en géneros establecidos, como el folk, el blues y el bluegrass, sino también en una amplia gama de músicas que pueden incorporar bandas sonoras imaginarias para películas mudas (Music for the Films of Buster Keaton), reversiones de temas de viejas series de televisión (el reciente When You Wish Upon a Star), o reelaboraciones de la música de entretenimiento de las décadas de 1950 y 1960 (Guitar in the Space Age). Los resultados de esa empresa centrada en revisitar la nostalgia han sido dispares, pero a menudo también interesantes, como por ejemplo en Have a Little Faith, el disco de 1992 que dio origen a este nuevo enfoque. Allí Frisell volvía sobre el sinfonismo populista de Aaron Copland, la música para marching bands de John Phillip Sousa y las composiciones de Charles Ives, pero también sobre un blues de Muddy Waters, un standard de Sonny Rollins, la popular balada When I Fall in Love, la tradicional Billy Boy, algún clásico de Bob Dylan y hasta Live to Tell, el inexplicable hit ochentoso de Madonna. “Lo único que sé es que crecí en Estados Unidos; aquí viví, viendo TV, películas, escuchando esos sonidos. Todo eso me involucra. Norteamérica es la banda de sonido de mi vida”, ha manifestado al respecto como única justificación teórica y estética de su empresa de relectura.

Pero también hay otro Frisell post noventas,  acaso más interesante, y es el que aparece en colaboración con otros solistas de gran prestigio y trayectoria. Puede disfrutarse en su trío de 2001 con Elvin Jones y Dave Holland, en las grabaciones –también en trío– con Joe Lovano y Paul Motian, o bien colaborando con viejos maestros como Kenny Wheeler (Angel Song) o Charles Lloyd (en el grupo The Marvels), o con artistas jóvenes de gran valía como el danés Jakob Bro, acaso su heredero natural.

En su tercera visita a la Argentina, el guitarrista se presenta nuevamente acompañado por el contrabajista Tony Scherr y el baterista Kenny Wollesen, con quienes ya visitara el país a comienzos de la década pasada. La ocasión se presenta como una oportunidad inmejorable para volver a encontrarse con alguna de las posibles e infinitas encarnaciones de Bill Frisell.

La cita está dada el 9 de febrero en el Centro Cultural Kirchner a las 20 y será el primer recital del año en el centro cultural.

 

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