Nadando en el éter: Océano de sonido de David Toop

Por Esteban Galarza

Caja Negra saldó una deuda pendiente con uno de los géneros musicales menos sondeados: la música ambient. David Toop propone un recorrido fascinante desde sus orígenes en el siglo XIX hasta extraños viajes al Amazonas, siempre con la figura central de Brian Eno.

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Casi cayéndose del calendario, la editorial Caja Negra editó un libro inhallable en castellano hasta ahora: Océano de sonido: palabras en el éter, música ambient y mundos imaginarios, de David Toop. No es la primera vez que editan material del autor; en 2013 habían hecho lo propio con Resonancia siniestra: el oyente como médium, pero en éste caso la editorial completa un casillero que tenía pendiente, ya que la primera edición en inglés de Océano de sonido data de 1995.

Imbuido en la afirmación posmoderna de Marshall Berman que rezaba que “todo lo sólido se desvanece en el aire”, Toop le da un giro interesante al reemplazar lo volátil por “éter”. Ese elemento, además de ser gaseoso, recupera el sentido del olfato. La música como perfume es uno de los preceptos fundamentales de Eno para definir aproximativamente el Ambient, género musical inasible y muchas veces confundido y degradado a la categoría de música de fondo.

Toop en el primer capítulo y antes de adentrarse en su visión de la vastedad del Ambient, hace la salvedad de despegar al género de las melodías de Muzak. Aquella compañía estadounidense fue la que llenó de sonoridad ascensores y shoppings por todo Estados Unidos desde la década de 1950 hasta nuestros días. El Ambient no es residual como Muzak, sino que hurga paradójicamente en el silencio para incentivar los sentidos.

Toop se adentra en visiones particulares de un género vasto desde el capítulo dos en adelante. Las fuentes son muy ricas y diversas: las excentricidades del cultor del freejazz Sun Ra, las visiones eróticas de Claude Debussy a partir de escuchar gamelanes de la isla de Java, el dub jamaiquino, el chill out inglés de los 90, la filosofía sintoísta japonesa, el sello Obscure de Eno, los experimentos de David Bowie en Berlín en 1977, entre una copiosa cantidad de fuentes.

Como un gran espíritu etéreo, la figura de Eno flota en toda la obra. Tras un accidente en 1975, cuenta Toop en el libro, quedó postrado varios meses en su casa y una amiga le alcanzó un disco de música clásica del período barroco. Además, su equipo de música tenía fallas. La situación generó la visión de una música que se acoplara al ambiente, sin principio ni fin.

El autor es una de las voces más autorizadas para hablar del tema; él fue un colaborador de Obscure en los 70 y su curiosidad lo hizo leer libros y entrevistarse con distintas figuras destacadas como monjes japoneses, Trent Reznor, Kate Bush, David Sylvian o legendarios DJs de la cultura rave.

Tal vez sea ese lugar privilegiado el que hace trastabillar por momentos el texto. Hay dos capítulos en los que el objetivo central del libro parece desdibujarse en anécdotas que dejan relegado al lector: en uno cuando recuerda anécdotas de pequeñas fiestas privadas en Londres a principios de los ’90 y en las que no se sabe con seguridad cuál es el alcance de su influencia; y un capítulo en el que se disgrega en un viaje al Amazonas profundo en busca de sonidos exóticos y que queda flotando como un momento más del libro sin correlación.

Océano de sonido procura ser lo más abarcativo posible, pero al haber sido editado tanto tiempo después de la versión original hay hitos multimedia que no son mencionados. El mundo digital y musical en 1995 era muy distinto al de 2017.

El libro no menciona nombres como Boards of Canada, Mogwai o God Is An Astronaut. Y es que no pretende ser un diccionario completo de música ambient, sino el puntapié para adentrarse en un género que fue confuso en sus orígenes y que año tras año cosecha más adeptos.

Océano de sonido: palabras en el éter, música ambient y mundos imaginarios, de David Toop.

Caja Negra Editora, 2016

350 páginas.

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